Albert Rivera y, por extensión Ciudadanos, han atravesado este tramo de acontecimientos políticos prácticamente desdibujados en el paisaje político del momento. Y eso ha sido así porque el torbellino en que se ha visto envuelto el PSOE ha oscurecido el resto de las figuras que han permanecido de pie y, en silencio, en el escenario. Los miembros del Gobierno y el propio presidente Mariano Rajoy, incluidos.

Y, sin embargo, Ciudadanos es ahora mismo un actor esencial en la obra que se está desarrollando. Tan esencial, que su ausencia en el reparto de papeles habría dado al traste con toda la representación. Sin los 32 diputados de Ciudadanos apoyando la investidura de Rajoy no habría habido sesión de investidura. Con los 32 diputados sumándose a un ya hipotético acuerdo con PSOE y Podemos, estaríamos ante una de las versiones de ese «gobierno alternativo y de cambio» que estuvo predicando durante meses Pedro Sánchez sin que en ningún momento se llegara a obrar el milagro que nos anunciaba. En definitiva, Ciudadanos se ha demostrado imprescindible para la vida política e institucional de la España de hoy.

Albert Rivera ha sido tan prudente como Rajoy en lo que tiene que ver con los padecimientos socialistas. Pero ahora que la primera parte del camino -sólo la primerísima parte, nada más- ha quedado despejada, no tiene nada de extraño que haga saber su opinión, o sus deseos, en lo tocante al futuro Gobierno al que, quiéralo o no, va a tener que apoyar de vez en cuando. Y haría muy bien ese Rajoy que se ha mostrado ayer tan bien dispuesto a negociar sus proyectos y a pactar incluso los que le son más queridos, en escuchar a Albert Rivera y atender, aunque solo sea en parte, algunas de sus sugerencias. Sugerencias, que no imposiciones, como estamos comprobando ya.

No sería malo que Rajoy tuviera presentes las sugerencias de quien le va a otorgar el grueso del respaldo

Es sabido que el hoy presidente no consulta ciertas cosas, entre ellas, la composición de sus Gobiernos. Y no tiene por qué hacerlo, incluso no debe hacerlo. Pero si hablamos de descartes o de mover determinados peones y llevarlos a otras posiciones no necesariamente dentro del tablero del Gobierno, debería escuchar y atender algunas voces. Y, aunque no le vaya a preguntar, porque eso estaría totalmente fuera de lugar y sería improcedente y hasta ridículo, no sería malo que tuviera presentes algunas sugerencias lanzadas al aire por quien le está proporcionando el grueso del respaldo para que él acceda a la Presidencia.

Lo que haga el PSOE es determinante, pero para que el Partido Socialista haya adquirido tal condición ha sido necesario que Albert Rivera haya hecho de Cirineo de Mariano Rajoy durante todo este tiempo de zozobras. Una ayuda que le seguirá siendo imprescindible durante el tiempo que dure la legislatura. Por eso, además de merecer un comentario elogioso y agradecido dentro de su discurso de investidura, no estaría de más que Rajoy hiciera un gesto hacia Ciudadanos en lo que toca a la composición de su nuevo Gobierno.