Los acontecimientos de las últimas semanas han llenado de desconcierto y, lo que es peor, de tristeza, a la inmensa mayoría de los militantes y simpatizantes del PSOE. No es exagerado decir que, por primera vez desde la dictadura, el PSOE corre un riesgo serio de ruptura irreversible e incluso de desaparición. Por ello, es urgente que, a partir del domingo, el PSOE empiece a pasar página.

¿Cómo podemos conseguirlo? Desde la humildad de un simple militante de base, me voy a atrever a proponer una serie de acciones cuyo objetivo no es otro que el intento de reconstrucción del partido y evitar su crisis definitiva. Sin duda, muchas de estas medidas serán discutibles. Pero iniciar el debate nos posibilitará salir del bucle en el que nos encontramos. Algunas de estas medidas son de corto plazo, otras tienen un horizonte temporal más largo.

A corto plazo

  1. Evitar las sanciones, si se da el caso, tras la votación de investidura. Lo importante es que se cumpla la resolución del Comité Federal (CF), que es la abstención en la segunda votación. Que algunos diputados decidan no cumplirla puede ser objeto de debate y de crítica, pues las resoluciones tomadas por mayoría en principio nos vinculan a todos. Pero las sanciones no harían más que profundizar la herida y retrasar el que se pueda pasar página pronto.
  2. Como bien decía Pepe Borrell, hay que dejar de hablar de «politics» (personas, procedimientos, comités, sillas) y empezar a hablar de «policies«, es decir, medidas a corto, medio y largo plazo, que ayuden a resolver los graves problemas del país, y que están tapados por el discurso triunfalista del gobierno. Muchas de estas reformas están pendientes desde hace años: pensiones, endeudamiento, educación, energía, pobreza, productividad, sistema judicial, dualidad del mercado de trabajo, debilidad institucional, conflicto territorial, sistema financiero, innovación, igualdad de género, espíritu emprendedor… La lista es importante y hacen falta aportaciones desde el PSOE en todos y cada uno de los temas.
  3. Como bien decía Susana Díaz, hay que «desideologizar» el debate sobre la investidura. No es verdad que los que se han abstenido sean de «derechas» y los que se mantienen en el no sean «de izquierdas». Se ha tratado de una decisión táctica difícil, muy difícil, consecuencia de una endiablada aritmética parlamentaria y un horizonte de repetición de elecciones que hubiera sido muy complicado. El tiempo dirá si la decisión ha sido acertada o hubiera sido mejor ir a terceras, pero la decisión ya está tomada, de forma democrática, y no debemos montar una barrera ideológica donde no la hay.
  4. Hay que pactar una fecha para la celebración del Congreso Federal y, por consiguiente, de las primarias para elegir al Secretario General. No es razonable que ambas fechas se posterguen hasta la primavera, pero tampoco sería lógico celebrarlo antes de fin de año, dada la situación en la que está el partido. Porque ese Congreso tiene que ser la confirmación de que se ha pasado página, y no una oportunidad para el revanchismo de algunos ni para las purgas de algunos otros. Y tiene que ser participativo. Todo el partido debería organizarse para producir y debatir el programa.
  5. Hay que pactar un procedimiento para que las primarias sean transparentes y accesibles, con un número de avales razonable y con igualdad de oportunidades para todos los candidatos.

A medio y largo plazo

En cuanto a las propuestas de medio plazo, y ya pensando en ese Congreso futuro, creo que:

  1. Hay que plantearse el modelo de representación en el partido. Es verdad que el procedimiento asambleario es ineficiente. Pero tampoco puede ser que las grandes decisiones se tomen en un comité de 250 personas con un grado de representación de los afiliados más o menos débil. Una vía intermedia es que los miembros del CF sean elegidos directamente por los militantes.
    Me gusta el símil de que la Comisión Ejecutiva es el equivalente al Gobierno del partido, los militantes son el equivalente a los ciudadanos soberanos y el CF es nuestro Parlamento interno. Si es así, debería ser elegido como nuestro Parlamento, directamente por los ciudadanos, en este caso por los militantes. Y debería haber un procedimiento para que, llegado el caso, el Parlamento pueda remover al Presidente del Gobierno sin que eso se califique de golpe.
  2. Abrir el partido a los jóvenes, que claramente lo han abandonado en los últimos años. Ello requiere cambiar las formas de participación, superar el viejo concepto de la agrupación local y, probablemente, integrar a las Juventudes Socialistas dentro del partido.
  3. Abrir el partido ideológicamente. Tener un espectro ideológico amplio de militantes siempre aportaría riqueza al debate y a la acción política. El Partido Popular alberga neoconservadores de extrema derecha, demócratacristianos, liberales, socialdemócratas y algún comunista (al menos, en materia de impuestos). ¿Por qué tenemos desde el PSOE que cerrar las puertas a los centristas, a los liberales progresistas, a los libertarios de izquierdas o incluso a los neomarxistas? Una cosa es la línea común, que es la vieja socialdemocracia europea, y otra cosa es excluir, expulsar e incluso despreciar a los compañeros que se separan lo más mínimo de esa línea común.
    Un ejemplo personal: yo no quiero prescindir de la energía nuclear, mientras sea segura; soy partidario de la estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo y contrario a la imposición sobre el ahorro. Por estas tres afirmaciones seguramente se me considere un bicho raro dentro del partido. Pero me siento de izquierdas. ¿Por qué no puedo estar en el PSOE, pese a que la mayoría no comparta todas y cada una de mis ideas? ¿Es que no puedo aportar nada al necesario debate sobre estos temas? Me imagino que muchos de los que se han ido y muchos otros de los que podrían entrar, tienen un sentimiento parecido al mío. Se han sentido excluidos y poco bienvenidos en nuestra organización. Hay que recuperarles y volver a contar con ellos. Es la gran tarea que tenemos por delante, si queremos volver a ser relevantes. Debería diseñarse una amplia campaña de afiliación coincidiendo con la celebración del Congreso.
  4. En la acción política hay que distinguir entre las reformas, que hay que consensuar, y la acción política de oposición al PP, que tiene que ser dura. En 1977 hubo Pactos de la Moncloa y un amplio acuerdo constitucional, pero también hubo, en paralelo, una oposición implacable al gobierno de Suárez. Una cosa no quita la otra. Para la reforma constitucional, que es necesaria y para la que habría que aprovechar esta breve legislatura, hay que hablar con todos, incluyendo al PP, a Podemos y a los nacionalistas. Pero, antes de empezar a negociar, el PSOE se debe ir posicionando en esos temas, abriendo el debate interno.
    Quizás lo más eficiente sería consensuar un comité interno, que se dedique en exclusiva a esa tarea, canalizando y evaluando las propuestas de reformas a medio y largo plazo, y que esté al margen de la lucha política del día a día. Y para la acción política de oposición hay que hablar con Podemos y Ciudadanos. Sé que es difícil por el enconamiento entre dichos partidos, pero el PSOE es el único que puede tender puentes entre ambos. Descalificar a esas fuerzas políticas no hace más que reforzar al PP. Sabiendo las distancias ideológicas y políticas que nos separan, esos dos nuevos partidos han surgido de la voluntad de cambios y de reformas de muchos españoles. Muchos de ellos nos votaban antes a nosotros. También hay que recuperarles. Pero para ello no podemos intentar copiar a Podemos o a Ciudadanos, sino volver a ser nosotros mismos.

Hace unas semanas escribía en estas mismas páginas un artículo titulado Papá, ¿por qué somos del PSOE?. Es hora de que nos pongamos a trabajar para responder a esta pregunta entre todos. Y reconstruir el PSOE, de nuevo.


Miguel Sebastián es ex ministro de Industria, Turismo y Comercio, y profesor de Macroeconomía en la Universidad Complutense de Madrid.