Hace casi ocho años, un candidato prácticamente desconocido fue capaz de lograr su victoria en las primarias frente a la poderosa maquinaria del matrimonio Clinton e imponerse en las presidenciales a un candidato republicano relativamente potente como el senador John McCain, con la consigna Yes, we can, que caracterizaría un apoyo entusiasta a su campaña por parte de unas bases en las que destacaban jóvenes o afroamericanos y una intención de cambiar el estado de las cosas en la política de Washington.

De aquellos vientos de cambio, ocho años después apenas quedan ecos. El presidente estadounidense ha afrontado una oposición republicana contundente, y ha tenido durante parte de su mandato al legislativo mayoritariamente en contra y, tal y como pudo observarse en las presidenciales de 2012, la antigua ilusión por el cambio que despertaba se ha desvanecido.

En política interna, su logro más destacado es, sin duda, la ley que ha permitido la expansión del seguro sanitario

En política interna se suceden las manifestaciones de la población afroamericana contra la policía por las muertes de ciudadanos negros, se ha acrecentado la polarización de los partidos políticos y dentro de ellos, generando un sistema político disfuncional y se generaliza el rechazo a la globalización y el libre comercio, personificado en los conocidos proyectos del TPP y el TTIP, que el presidente Obama impulsó. ¿Qué quedará pues del legado de un presidente que, al mismo tiempo, ha generado tanta ilusión y tanta controversia?

Desde el punto de vista de la política interna el logro más destacado de su Presidencia es, sin duda, el Patient Protection and Affordable Care Act, más conocido como Obamacare, una ley que ha permitido la expansión del seguro sanitario a aquellos sectores de la población que antes no podían permitirse un seguro de salud. También cabe añadir la política y regulaciones tendentes a evitar el cambio climático, con destacados acuerdos como el firmado con China previamente a la Cumbre de París de 2015 y uno de los asuntos de los que Obama ha hecho bandera en sus principales discursos.

Igualmente, cabe destacar la vinculación de su etapa como presidente a la legalización del matrimonio homosexual, si bien este último aspecto tiene más que ver con la decisión tomada por el Tribunal Supremo en junio de 2015 que a la acción de la Administración que, no obstante, sí ha apoyado activamente la expansión de estos derechos con iniciativas como la supresión de la conocida norma, don’t ask, don’t tell, aplicada a homosexuales en el ejército y que era considerada discriminatoria porque les obligaba a no manifestar su condición.

También la salida de la crisis económica iniciada con la caída de Lehman Brothers, optando por una política económica completamente opuesta a la europea y que continuó con las líneas establecidas por su predecesor, puede considerarse un logro importante y no suficientemente reconocido.

Ha tenido que afrontar otro desastre a consecuencia de la intervención en Libia y de los errores en Siria

No menos controvertido ha sido su legado en política exterior, donde la promesa de acabar con las guerras legadas por su predecesor no parece haberse cumplido, aunque no parece justo responsabilizar a la Administración Obama en exclusiva, teniendo en cuenta el precedente de la equivocada decisión de intervenir en Irak en 2003.

Obama ha tenido que afrontar un nuevo desastre directo como consecuencia de la mal aconsejada intervención en Libia y de los errores cometidos en Siria, tanto en lo que respecta a la fijación de líneas rojas que no pensaban cumplirse y que han cuestionado el liderazgo estadounidense, como al reticente apoyo hacia unos rebeldes poco confiables, que siguen la estrategia sectaria de diversas potencias regionales, teóricamente aliadas, como es el caso de Turquía, Arabia Saudí o Qatar.

Tampoco iniciativas como la estrategia del Reset con Rusia o el conocido como “Giro hacia el Pacífico” han dado los resultados esperados, en el marco de una creciente tensión de la relación de Estados Unidos con ambas potencias, inmersas en diversos conflictos y tensiones regionales con aliados estadounidenses.

En el haber del presidente estadounidense cabe añadir, sin embargo, el acuerdo nuclear firmado con Irán, que ha evitado un nuevo y potencialmente peligroso conflicto regional, pese a las críticas de destacados aliados como Israel o Arabia Saudí y el histórico acercamiento a Cuba, pendiente aún de la supresión del embargo, que necesita de su aprobación por parte del Congreso de los Estados Unidos. También una estrategia antiterrorista que ha priorizado los ataques con drones y operaciones de fuerzas especiales y que tiene entre sus logros la muerte de Osama Bin Laden.

En el haber del presidente está el acuerdo nuclear firmado con Irán y el histórico acercamiento a Cuba

Otro aspecto interesante de su Presidencia en esta materia es la prudencia y el pragmatismo realista demostrados en numerosos ocasiones y simbolizados por la expresión, algo simple, don’t do stupid shit (no hagas estupideces), con la que ha pretendido evitar verse envuelto en nuevos conflictos armados con la excepción de la intervención en Libia, decisión de la que se arrepintió a posteriori, manteniéndose escéptico respecto de la idea del “excepcionalismo estadounidense”.

La desafortunada expresión del Leading From Behind, utilizada por un miembro anónimo de la Administración para referirse al papel estadounidense durante la intervención en Libia no simboliza adecuadamente su enfoque en materia de política exterior, debiendo recurrirse más bien a la idea de hacer Nation-Building at Home o fortalecer la nación por dentro antes que verse involucrado en aventuras exteriores. De hecho, la no doctrina de su política exterior parece haber consistido más bien en responder a cada supuesto en función de su contexto y de los intereses en juego, un enfoque no necesariamente equivocado y más acertado por los resultados producidos que el enfoque doctrinario e ideológico de su predecesor.

En definitiva, tenemos el legado necesariamente mixto, como el que afecta a cualquier líder político, de un presidente que ha pasado de ser considerado un idealista destinado a cambiar la política nacional y global, a madurar hacia un líder pragmático y prudente. Este legado depende de unas elecciones presidenciales en las que ha fiado su continuidad al apoyo a una candidata demócrata con la que discrepa en numerosos asuntos, especialmente de política internacional, pero que es considerada una opción menos negativa que una supuesta victoria de Donald Trump, quien ha prometido revertir buena parte de sus iniciativas políticas.

Gane quien gane, probablemente se eche en falta el enfoque prudente y pragmático de un presidente estadounidense que llegó con la intención de cambiar el mundo y ha acabado por adaptarse a sus realidades de manera ejemplar.


Juan Tovar Ruiz es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Burgos.