Podemos Madrid no es toda la organización que compone Podemos pero es una parte determinante de ella. Y, si a Madrid se le suma Andalucía, el resultado que nos dan las votaciones de estos días es que el partido morado ha decidido recuperar su estrategia de los primeros tiempos y ha abrazado la radicalidad como lenguaje político para los próximos años o, como mínimo, para esta legislatura.

Lo que tiene interés para los ciudadanos en general es este dato y no los detalles de las luchas internas que han tenido lugar durante la campaña entre las distintas facciones del partido de Pablo Iglesias. Salvo en un aspecto que abordaremos después, y que es el de la distancia, que seguramente será creciente, entre el número uno y el número dos de esa formación.

Podemos se va al rincón de la agitación callejera, que es donde su líder se encuentra más cómodo

El caso es que Podemos se va al rincón de la agitación callejera, que es donde su líder se encuentra más cómodo, mucho más que en el trabajo parlamentario y en el esfuerzo del rigor jurídico que le es exigible a todo aquél que pretenda presentar una proposición de ley en el Congreso de los Diputados. Y además de optar por la acción en las calles, el partido ha optado también por la radicalización de su discurso, de su actitud. Como ha explicado muy claramente Juan Carlos Monedero, que ha entrado en la campaña para apoyar con todas sus fuerzas a la candidatura de Ramón Espinar, es decir, de Pablo Iglesias, lo que va a hacer Podemos es ir a por el PSOE directamente y a saco para disputarle los apoyos electorales y finalmente derrotarlo en el terreno político, ideológico y de representación popular. Nada de amabilidades, ha advertido. Y ha ganado.

Éste es el esquema en que se van a mover los dos grandes adversarios de la izquierda española. La posición de Podemos está clarísima y es evidente que, después del chasco de las últimas elecciones generales, las del mes de junio, ha aprovechado la batalla interna del PSOE para recomponerse, redefinirse y fortalecerse. Este partido cuenta fundamentalmente con el apoyo de los jóvenes pero aspira a robarle al PSOE no sólo toda la militancia que pueda -y muchos de los críticos con la abstención en la investidura tendrán la tentación de pasarse a los morados-, sino el liderazgo de la izquierda en España mejor antes que después.

Aún se puede afirmar que la sociedad española es moderada y no le dará la primogenitura de la oposición a Iglesias

Lo que sucede es que, desde la posición que ha elegido ocupar, deja libre un espacio político inmenso desde el centro izquierda hasta esa izquierda radical en la que se ha querido asentar Podemos. Y ese espacio está huérfano a la espera de que el PSOE lo habite con armas y bagajes. Porque, aunque desde lo sucedido el martes en los Estados Unidos ya se hace difícil asegurar según qué cosas, todavía se puede afirmar que la sociedad española es, sobre todo, moderada y que no le dará la primogenitura de la oposición a Pablo Iglesias a menos que los socialistas den por perdido su futuro como partido de gobierno.

Pero, independientemente de la batalla por el liderazgo de la izquierda en nuestro país, el hecho práctico es que vamos a asistir de nuevo a grandes movilizaciones de todos los sectores públicos, un fenómeno que desapareció en cuanto Pablo Iglesias decidió que lo que quería era ser socialdemócrata y mostrar al público su cara más amable. Pero eso duró poco tiempo y ya se ha acabado. En el debate interno de estos últimos meses ha vencido el ala que apuesta por hacer crecer al partido fuera de las instituciones, lo cual significa que las calles de toda España, sobre todo de Madrid, van a albergar cientos de manifestaciones y miles de actos de protesta. Ya no se puede vaticinar que esa estrategia de agitación no vaya a tener un gran éxito electoral –Trump nos ha dejado sin palabras- pero eso es lo que va a intentar Podemos.

Es improbable que Errejón se sume sin rechistar a la estrategia de agit prop decidida por su jefe

Hay una segunda derivada de los resultados de las primarias de los podemitas en las comunidades de Madrid y de Andalucía, y es la que se apuntaba al comienzo de este artículo: la facción encabezada por Íñigo Errejón ha sido derrotada en toda la línea pero es improbable que el segundo de Iglesias se sume sin rechistar a la estrategia de agit prop decidida por su jefe.

No descartemos que la línea moderada y partidaria de hacer un papel digno y apreciado en las instituciones -y el Congreso es la más relevante de todas ellas- acabe por provocar una escisión de suficiente calado como para que esta formación se vea obligada a abordar una nueva y decisiva reflexión sobre su papel en la vida política española. El encuentro secreto -que ya no lo es- entre Errejón y la vicepresidenta del Gobierno apoya la idea de que hay una parte de Podemos que sí está dispuesta a anudar lazos, aunque sea de simple diálogo, incluso con los  partidos de la derecha a los que Iglesias insiste en despreciar. Tanto más, es un suponer, con el partido de la izquierda tradicional que es el Partido Socialista.

Algunos tenemos la sensación de que en Podemos no está todo dicho todavía.