El Rey ha presidido esta mañana la apertura solemne de la legislatura más volátil de cuantas ha vivido España en estos casi 40 años de democracia con un discurso excelente en el que no ha dejado fuera de su intervención ninguno de los grandes problemas que aquejan al país. Y uno de esos problemas, al que Felipe VI se ha referido por elevación, pero haciendo un llamamiento clarísimo a su superación, ha sido la fragilidad del acuerdo político con la que el Congreso de los Diputados se enfrenta a esta XII legislatura que está presidida por el disenso y por la incertidumbre.

La verdadera intención de la mayor parte de los partidos presentes en el Congreso es evitar que en los próximos dos años por lo menos haya elecciones porque no están en condiciones de afrontar con éxito un nuevo examen ante los ciudadanos. Y esto vale para el PSOE, para el partido de Rivera, para la antigua Convergència y probablemente también para Podemos. No para el Partido Popular, cuyas perspectivas de incremento de apoyo electoral están más que acreditadas.

El problema es que no está claro que, aunque lo deseen, puedan conseguir mantener esta legislatura abierta y lo sucedido en estos días en el Congreso acredita esas dudas. El problema principal lo padece el PSOE, que se debate en una brutal crisis interna que condiciona y determina su comportamiento como imprescindible actor político para garantizar la gestión de los asuntos públicos. Empezando por el hecho de que carece de una dirección política identificable y con poder efectivo para establecer la línea estratégica de acción para los próximos años, sean cuatro, sean dos, o sea uno. Y continuando por la constatación de que, hija de lo anterior, las cabezas visibles del partido en el Congreso no son capaces de tomar una decisión y mantenerla en el tiempo. Se inclinan en la dirección en la que sopla el viento -viento levantado por la disidencia interna y agitado por Podemos o viceversa, que para el caso es lo mismo- y eso hace casi imposible prever su posición y su voto en cualquier proyecto de ley o iniciativa parlamentaria que se plantee en la Cámara.

No sabemos hasta qué punto la presión que ejerce la mera existencia de Podemos sobre el PSOE va a impedir acuerdos sobre reformas fundamentales

Pero son muchas las cuestiones capitales que tiene que afrontar y sobre las que tiene que decidir el Legislativo en este importantísimo período de sesiones. Primero de todo los Presupuestos que el PSOE no puede literalmente aprobar. Aunque quisiera hacerlo, no podría porque su debilidad es tan extrema que, aunque lo lógico sería que negociara unas cuantas partidas presupuestarias y obtuviera las cesiones correspondientes por parte del Gobierno, no está en condiciones de soportar el coste que supondría emitir un voto favorable a la ley más importante de cualquier legislatura. La profunda desazón interna que existe en este momento en su seno podría desembocar en rebelión y en el asalto de los de Pablo Iglesias a la maltrecha fortaleza política de los socialistas. Y así se lo han hecho saber los socialistas a los populares.

Por esa razón, porque el PP sabe que no puede contar con el PSOE para sacar adelante unos Presupuestos cuya aprobación es capital para mantener el crecimiento económico del país y la creación de empleo, las conversaciones están enfocadas hacia el PNV, que muy probablemente dará su sí a la ley a cambio de acuerdos en inversiones del Estado en varios proyectos de infraestructuras en el País Vasco comprometidos hace tiempo pero no rematados hasta ahora.

Podemos decir con alivio que el Gobierno va a poder presentar en Bruselas las cuentas del Reino para 2017

De modo que podemos decir con alivio que el Gobierno va a poder presentar en Bruselas las cuentas del Reino de España para 2017. Pero son otras muchas las cuestiones pendientes de ser abordadas y que no admiten más demoras. ¿Qué va a pasar con la ley de Educación en España? El martes la oposición consiguió frenar la implantación del calendario de la Lomce. Es verdad que el Gobierno quiere buscar un pacto nacional para este importantísimo aspecto de la vida política española, pero la realidad parlamentaria es que la iniciativa sobre ésta es una muestra de cómo se puede condicionar la acción de un Gobierno en minoría. Y esto no ha hecho más que empezar.

La reforma de las pensiones no admite más demora porque está en juego la garantía del modo de vida de los jubilados del futuro. Y ahora mismo no se sabe hasta qué punto la presión que indirectamente ejerce la mera existencia de Podemos sobre las posiciones actuales del PSOE va a determinar finalmente su postura en las conversaciones sobre el tema. La financiación autonómica, otro asunto que no puede esperar mucho más, se verá aquejado del mismo síndrome. Como se va a ver afectada la legislación laboral cuyo futuro está pendiente de que la oposición no sume sus fuerzas para derogarla o para modificarla dañando la perspectivas de crecimiento del empleo, que es ya una realidad indiscutible en nuestro país.

Todas las medidas para la regeneración de la vida española penden de un hilo: de la posición que adopte el PSOE

Y no digamos el problema principal y más grave de entre los innumerables a los que se tiene que enfrentar el Gobierno y España entera en los próximos meses, que es el desafío de los independentistas catalanes. En este punto la debilidad política del PSOE está a los ojos de todos porque el partido de los socialistas de Cataluña ha apostado públicamente por la concepción de España como «nación de naciones» y no hace falta ser un experto en Derecho Político para saber que toda nación quiere, exige, ser Estado. En esas condiciones de profunda contradicción interna, que tendrá que resolver cuanto antes si es que es capaz, se enfrenta el PSOE al llamamiento del Gobierno a todas las formaciones constitucionalistas a cerrar filas y responder con una sola voz y con rotunda eficacia al reto que ya está planteado y que antes de que acabe el año se sustanciará de manera determinante.

Y suma y sigue, todas las medidas destinadas a procurar la modernización y la regeneración de la vida española penden de un hilo porque cuelgan de un modo directo de la posición que adopte un partido, el socialista, que en este momento es probable -pero tampoco es seguro- que sepa quién quiere ser pero no tiene la seguridad de que pueda conseguirlo. De ese hilo cuelga también el Gobierno, cuelga la legislatura y cuelga entera la sociedad española.