Lo primero: para mi fortuna, no estoy en posesión del secreto de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Pretendo simplemente compartir unas reflexiones en torno a la importancia de lo que estamos hablando y la importancia del Pacto de Toledo. Y que son radicalmente contrarias a lo expresado hace unas semanas por uno de “los expertos habituales”: “los políticos deben dejar este tema al lado de los técnicos y de los especialistas”. Pues no, al contrario.

Las sociedades occidentales fueron capaces de armar un Pacto entre el Estado y el Mercado en el que a cambio de Pensiones, Sanidad y Educación, el resto de las cosas funcionaban razonablemente bien. Viga maestra de este entramado de bienestar, ha sido, es y deberá seguir siendo el Sistema Público de Pensiones. Recordemos algo sobre su volumen, sus efectos y sus retos.

9.434.000 pensionistas, de los que 5.751.000 de jubilación; pensión de jubilación media de 1.045 euros; porcentaje de población en riesgo de pobreza de los mayores de 65 años, 13%, mientras que en los demás tramos de edad supera el 30%; gasto por mes en pensiones, 8.550 millones de euros, con incremento interanual del 3%. Un 21% de ese gasto corresponde a revalorizaciones, un 6% a complementos de mínimos; 108.225 millones euros de gasto anual en pensiones, de los que 76.529 millones son de jubilación; un 38’5% del gasto en Presupuestos se destina a pensiones, que representa un 10’5% del PIB.

Cuando comenzó todo esto y se estableció la edad de jubilación a los 65 años, la media de vida rondaba los 50 años, y hoy el periodo medio de percepción de la pensión ronda los 20 años; la media 2 cotizantes/pensionista hace tiempo que ha quebrado, la relación entre activos y perceptores es más o menos de 1,3, y en algunas comunidades autónomas inferior al 1.

Para mantener la actual relación en la financiación de las pensiones, en los próximos 50 años la afiliación deberá crecer en 17.000.000 de nuevos afiliados

Sobre financiación, es habitual y poco contestable afirmar que todo se solucionará con “más y mejores empleos”. Bueno, sí pero con moderación. Para mantener la relación actual en los próximos 50 años la afiliación deberá crecer en 17.000.000 de nuevos afiliados.

El futuro inminente del trabajo puede producir un cambio cuasi categorial, cuya gestión exige un esfuerzo político descomunal. A donde vamos –en realidad, donde ya estamos- es hacia una economía robotizada, digitalizada y colaborativa. Fenómenos que afectan directamente a la estabilidad presupuestaria del Sistema.

El 47% de las categorías profesionales que conocemos desaparecerán. Yo no sé si corresponderá a los robots pagar la cuota obrera o si la riqueza creada por la economía colaborativa (alaboral) será gravada. Para mantener la relación actual en los próximos 50 años la afiliación deberá crecer en 17.000.000 de nuevos afiliados.. Me parece, en todo caso, que conviene huir del tecnodeterminismo y poner punto final a lo que Tony Atkinson llama la banalidad de las élites.

Yo no sé si corresponderá a los robots pagar la cuota obrera o si la riqueza creada por la economía colaborativa (alaboral) será gravada

Para reflexionar sobre estos temas, para gestionarlos y para darles respuesta razonable, nació el Pacto de Toledo. Durante los últimos meses de 1993 –se lo aseguro porque lo viví- garantizar la viabilidad del Sistema Público de Pensiones pasó a convertirse en una verdadera obsesión que convivió con el recuerdo bastante poco placentero de la reforma/crisis de 1985.

Garantizar la solidaridad intergeneracional y territorial es tarea política de primera magnitud. No asunto de expertos por sabios y políglotas que estos sean. Termino con una cita de Pepe Griñán en la Comisión del Pacto de Toledo: “No estamos ante una tarea para los tecnócratas, no estamos ante un trabajo de laboratorio, aunque algunos se lo crean así. Sin un liderazgo político fuerte y firme, sin un apoyo público no va a ser posible ni construir, ni reformar, ni consolidar los sistemas de pensiones”.


Marcos Peña es presidente del Consejo Económico y Social (CES)