Tras el fiasco del Brexit y el huracán Trump, el mundo se enfrenta a otro examen, a otra batalla entre la vieja política tradicional y los nuevos y peligrosos vientos del extremismo de moda: el referéndum en Italia. El domingo 47 millones de italianos están llamados a las urnas para decidir si apoyan o no la reforma constitucional del primer ministro, Matteo Renzi. Una consulta con la que el florentino pretende, mostrando una arrogancia suicida al estilo de David Cameron con Escocia, que se decida también, cual plebiscito, el o el no para seguir gobernando la cuarta economía europea.

Las consecuencias de la victoria del no, según muchos analistas y buena parte de los líderes europeos, pueden ser mucho más destructivas a corto plazo que los efectos del Brexit. La banca y la bolsa tiemblan y la Unión Europea vive otra pesadilla. El bocazas de John Phillips, a la sazón embajador de Estados Unidos en Roma, invitó recientemente a los electores italianos a repensar su voto sobre las reformas constitucionales que promueve el Gobierno de Renzi.

Votar en contra sería para él un paso atrás para las inversiones extranjeras en Italia. Unas palabras que han molestado a todos los que las han visto como una inaceptable injerencia. Un discurso parecido se ha podido escuchar también en Alemania donde, como todos sabemos, Angela Merkel, apoya de forma clara y directa a Renzi, con una complacencia poco justificable.

Se palpa el nerviosismo en los despachos de las potencias aliadas y en los cuarteles generales de las mayores economías mundiales

De lo que no hay duda es de que el inminente referéndum en Italia tendrá un tremendo impacto macroeconómico en el mundo. Se palpa el nerviosismo en los despachos de las potencias aliadas de Italia y en los cuarteles generales de las mayores economías mundiales. Un nerviosismo que también afecta al FMI y a los mayores lobbies internacionales. Más si cabe si tenemos en cuenta que se trata de una cita que es vista como un examen para la estabilidad social y económica del bel paese.

Una Italia dividida en dos

A la espera de conocer el veredicto de las urnas, lo que sí está claro es que Italia está totalmente dividida. De un lado se alinean los italianos polarizados, decididos, con una virulencia no vista desde hace años. De otro, los indiferentes y los indecisos, un 18% del censo. De ahí la lucha encarnizada en las calles, en las plazas y también, cómo no, en los medios de comunicación. Una batalla digna del Club de la Comedia o de Gran Hermano. Todos contra todos y sálvese quien pueda. Esta es, a día de hoy, la realidad italiana.

Nunca en aquel país se había hablado tanto de política. O al menos en los últimos años. Desde hace meses no hay tertulia, comida o reunión informal en la que no se debata, de forma apasionada o incluso violenta, del futuro del país. Hay un ambiente que yo no he vivido nunca en mi Italia natal. Ni siquiera los mayores recuerdan una intensidad parecida desde aquellos debates que se vivieron en el país transalpino, en la época de los referéndum por el aborto y el divorcio.

En las elecciones, en Italia se pasa bastante de todo. Tanto es así que Italia tiene el nada envidiable récord de 67 Gobiernos en 70 años. Y es que hablamos de un país que ha vivido -y se ha hecho fuerte- dejando a un lado a los políticos, pasando de ellos, ninguneando el impacto en la economía de la desgraciada clase política. Todo un caso digno de estudio en las más altas escuelas de geopolítica y diplomacia internacional: llegar a ser la séptima economía del mundo con Gobiernos dignos, en algunos casos, de repúblicas bananeras.

Se habrá deducido ya que los italianos están hartos y asqueados de unos políticos egocéntricos y corruptos. Representantes de una «supuesta» regeneración a la sombra de aquella «supuesta» limpieza institucionalizada en los años 90 pero que nunca se ha consolidado del todo. Los problemas, y por esto muchos nos fuimos de allí, siguen siendo los mismos que enfangaban el país en la época del bipartidismo «perfecto» de la Democrazia Cristina y el Partido Comunista, y de los corruptos de “Craxi and Company” que “vomitaron” leyes pseudosocialistas para salvar el trasero de empresarios corruptos y llenar sus bolsillos y los de banqueros al servicio de las oligarquías del poder.

Según los sondeos, en toda Italia ganaría -por un estrecho margen eso sí- el no a la reforma de la Constitución. No puede negarse el clima desfavorable al sí, especialmente en el sur. Algo que coincide, milimétricamente, con el descontento que provoca vivir en las regiones más pobres de Italia. Aquellas en las que el PIB es apenas la mitad que el de las regiones ricas del norte. Y tampoco conviene olvidar que, en paralelo a la crisis económica, la brecha entre ricos y pobres ha crecido de forma alarmante.

Las cruciales diferencias económicas

Cuando hablamos del sur de Italia hablamos por ejemplo de aquel mezzogiorno de la mafia, de un 50% de paro juvenil, de un clientelismo vulgar y medieval que sigue avergonzando a todos y que deja sin salida posible a quien quiere trabajar y ganarse la vida de forma honrada. ¡No hay ningún derecho más básico que el de un trabajo digno! Una Italia, la de Puglia, Basilicata, Calabria, Sicilia, Cerdeña, Abruzzi, Molise y Campania, llena de terroni, término despectivo con el que a los sureños nos denominan los del norte. Unos ciudadanos, los del sur del país, que para conseguir oportunidades tienen pocas alternativas: o chupar el culo a los pudientes o politicuchos de pueblo. O eso, o emigrar donde sea. La meritocracia allí es algo inexistente. ¡Y aquí me tenéis desde hace 24 años!

No, no estoy exagerando. A pesar de la inmensa belleza de estas tierras, donde el Mediterráneo inunda todo de colores mágicos, encontrar trabajo es una auténtica pesadilla. Y les da francamente igual a los meridionales que desde hace unos días, coincidiendo con los últimos días de campaña, muchos medios de comunicación prevean escenarios dantescos como el de una Italia que entraría en una recesión fulminante si Renzi pierde su órdago. Algunos hasta vaticinan que pueda abandonar la eurozona. Unas amenazas comentadas en todas las aulas de escuelas y universidades que refuerzan las ganas de los italianos de “pasar de todo” y castigar al primer ministro, reo de no haber conseguido, para muchos, ni siquiera en parte, llevar a cabo sus promesas electorales.

Para terminar de completar el cuadro de esta posible catástrofe, algunas regiones ricas del norte Italia, gobernadas por la xenófoba Liga Norte, tampoco quieren ver a Renzi ni en pintura y votarán no.

Lo que determinará el resultado, como pasó en Estados Unidos, no será el voto de los pobres sino de los que se han empobrecido en los últimos años

Lo peor de esta foto es que, como pasó en Estados Unidos, lo que determinará el resultado del referéndum no será el voto de los pobres, de los antisistema, sino el voto de los que se han empobrecido en los últimos años. El Movimento 5 Estrellas ha ganado las alcaldías de ciudades, supuestamente ricas, como Roma y Turín, gracias a estos nuevos pobres. No es un contrasentido; es ahí donde la clase media se ha vuelto pobre… es ahí donde anida un mayor descontento y un feroz rechazo al buenísimo y a las promesas del florentino.

A nivel generacional, también podemos asistir a una importante polarización. Mientras, el, conquista votos entre los ancianos, las amas de casa, los jubilados y las personas sin titulación universitaria. Los italianos con menos de 40 años votarán en su mayoría no.

En lo que concierne a la pertenencia religiosa, una parte de los católicos más conservadores se han pronunciado en contra de la reforma. Y no en por el contenido de las modificaciones, sino por el hecho de que Renzi ha aprobado recientemente una ley que permite las uniones homosexuales. En Italia las sotanas pesan mucho todavía y hablar de matrimonio entre personas del mismo sexo es algo, de momento, fuera de cualquier posibilidad. Un milagro, hay que admitirlo, que Renzi haya conseguido que se apruebe la ley.

En definitiva, Italia se encuentra en un momento clave. Si Renzi ganara por goleada, consolidaría su liderazgo algo caudillista e intolerante. Si ganara el no por mucho, Italia entraría en una crisis de consecuencias bastante poco previsibles y Renzi debería, si mantiene sus promesas, dimitir de forma inmediata. Si el resultado es muy ajustado, no creo que dimita y podría seguir con sus reformas pausadas, pero seguras.

Este referéndum ha sido un error. Los cambios a la Constitución son necesarios, pero deberían haber sido decididos y consensuados en el Parlamento.