Según la tercera ley de Newton, a cada acción siempre se opone una reacción igual pero de sentido contrario. Esto es precisamente lo que acaba de pasar en Italia: el primer ministro Matteo Renzi lanzó un bumerán a los italianos, que ha vuelto contra él con fuerza. Los ciudadanos -con una participación del 68,4%- votaron y el resultado fue muy claro, mas allá de todas la previsiones. El no ganó frente al con una diferencia de unos 20 puntos.

Pero, ¿el no o el a qué? En el referéndum que acaba de celebrarse, el país no ha votado en realidad sobre los artículos de la reforma constitucional, sino sobre el destino de Renzi (que llegó sin pasar por las urnas) y de su gobierno: una configuración incorrecta, como incorrecto fue poner por delante la reforma de la Constitución antes que otras medidas económicas más urgentes, en un país donde el paro sigue siendo el primer problema, el PIB ronda el cero y los bancos tienen millones de créditos dudosos.

Al final todo se ha convertido en un voto de castigo al presidente del Consejo de Ministros, que esta tarde subirá al Quirinale para dimitir ante el presidente de la República. Hoy Sergio Mattarella, que ha sido siempre un hombre silencioso y discreto, tendrá su primera prueba de fuego: podría hasta rechazar las dimisiones de Renzi (aunque según algunos rumores Renzi dijo ya que su marcha es irrevocable) o quizá elegir otro político (como el ministro de Economía, Pier Carlo Padoan, otro dirigente del Partido Democrático como Dario Franceschini) o un tecnócrata al estilo de Mario Monti, para formar un nuevo gobierno. Decidirá él ahora quién toma las riendas del Ejecutivo.

Lo que está claro es que Italia no está lista para celebrar unas elecciones políticas anticipadas, y por varias razones. Hay que aprobar la Ley de Presupuestos generales y retomar las riendas de una ley electoral (la llamada Italicum), que está bajo la lupa del Tribunal Constitucional, sobre todo por el peso del premio de mayoría (un 55% de los escaños) que otorga a la lista mas votadas.

En este sentido Mattarella podría aceptar la dimisión de Renzi y buscar otra mayoría política para llevar el país hasta el final del mandato, en febrero 2018, o elegir un gobierno con el objetivo de llevar a cabo estas reformas.

Técnicamente hay otra ruta posible: Mattarella podría disolver las Cortes y convocar nueva elecciones, como quieren desde el Movimiento 5 estrellas. Pero ¿que podría pasar? En la Camera Baja existe el Italicum, mientras que en el Senado hay otra ley electoral (el Consultellum), que no tiene premio de mayoría y que supondría la fragmentación del Senado y la consecuente imposibilidad de llevar a cabo acuerdos clave.

Los ganadores del frente del ‘no’ deben ahora asumir la responsabilidad de aprobar una ley con la que elegir primer ministro»

Los ganadores del frente del no (una muchedumbre sin ninguna relación, sino la inquietud de acabar con Renzi) deben ahora asumir la responsabilidad de encontrar un camino común en el Parlamento para aprobar una ley electoral con la que poder elegir un nuevo primer ministro. Hasta entonces Italia se queda a la espera.

Algo es cierto: Beppe Grillo y su Movimiento 5 estrellas tienen toda la razón para alegrarse. Silvio Berlusconi, que en las últimas semanas se subió al carro del no, también sonríe. Pero aquella izquierda del Partido Democrático de Renzi que el domingo por la noche cantaba Bella Ciao en algunos círculos, hoy se despierta solamente con una gran resaca. El partido está divido en su interior, con una minoría a la oposición sin líder ni candidato que pueda oponerse a Matteo Renzi, quien por cierto, en su discurso final dijo que dimite como presidente, pero no explicó si deja también el cargo de secretario general del PD.

El lunes se reúne la dirección del partido para asumir los efectos del batacazo y todo apunta a que Renzi podría seguir en el cargo. El ya ex primer ministro podría dejarlo todo, hacer tres pasos atrás y prepararse por unas primarias, que probablemente el Partido Democrático celebrará antes de las nuevas elecciones. Según los sondeos, el PD tiene aun un 30% de confianza. Su primer rival es Beppe Grillo: el movimiento sube en los sondeos como la espuma.

A la derecha hay muchos lideres como Berlusconi, Matteo Salvini, de la Liga Norte o Giorgia Meloni de Fratelli d’Italia que parecen mas divididos que nunca, aunque todos han trabajado para la victoria del no. Italia está acostumbrada a vivir en la incertidumbre. En 70 años de democracia ha tenido 63 Ejecutivos. Y ahora se prepara para el 64. Todo está abierto. Pero, más que nada, la lectura de este voto aboca a una reflexión: los ciudadanos quieren volver a elegir su presidente de Gobierno.

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Silvia Ragusa es corresponsal en España de ‘Il Fatto Quotidiano’ y de ‘Il Foglio’