En esta batalla interminable por el control de las estructuras de su partido, Pablo Iglesias está enseñando la patita con más descaro que su, de momento, segundo de a bordo, Íñigo Errejón. La última aportación del líder del partido está a punto de confirmar el modo autoritario con el que se comporta y la implacable frialdad con la que ejecuta sus  designios.

Si ya empiezan a ser multitud los compañeros de travesía que han sido arrojados por la borda sin más contemplaciones, ahora le puede tocar el turno a la que hasta ahora era considerada como elemento imprescindible del equipo político de Podemos: Carolina Bescansa, que ha tenido el atrevimiento de expresar una opinión propia en un esfuerzo por acabar con la polémica interna transmitida urbi et orbi por todos los medios disponibles.

Bescansa ha tenido el atrevimiento de expresar una opinión propia en un esfuerzo por acabar con la polémica interna

Ella incluso ha presentado un borrador propio con la esperanza de encontrar un espacio común que supere esta interminable batalla que precede a su Congreso, convocado para el 12 de febrero. Nunca lo hiciera: las «fuentes oficiosas», que siempre y en cualquier organización hablan en la dirección de lo que el líder desea, ya dicen que encuentran a Bescansa «desubicada». ¿Respecto de qué o de quién tendría que ubicarse? ¿Cómo es posible y justificable que la número 3 de Podemos pase a estar fuera de su sitio, fuera de un espacio determinado, no orientada, que eso es exactamente lo que significa el término que esas fuentes han empleado sobre ella?

La cosa es que la secretaria de Análisis Político y Social del partido no figura de momento entre los firmantes del segundo documento político que los de Pablo Iglesias han elaborado, cuando sí estaba su nombre entre los de quienes presentaron públicamente el primero. La explicación, siempre oficiosa, es que, como ella ha elaborado su propio documento, no puede firmar los dos. Pero hay algo más y es que «no está claro» que Bescansa vaya a estar incluida en la lista que Pablo Iglesias presente como su equipo para ser elegido por las bases en Vistalegre II.

Iglesias debe pensárselo muy bien si no quiere aparecer con los perfiles de un caudillo de los de antes de la caída del Muro

Si esa exclusión llegara a materializarse, dejaría a Pablo Iglesias semidesnudo ante los suyos, cosa que no le conviene porque la lista de los desterrados le está pesando ya demasiado en su prestigio y en su credibilidad como líder.  De modo que debería pensárselo muy bien si no quiere aparecer definitivamente con los perfiles de un caudillo de los de antes de la caída del Muro, una especie de gran conducator al estilo de los presidentes de las repúblicas soviéticas. Porque va camino de ello.

Las propuestas que hace Iglesias en su documento político evidencian, por otra parte, su extraordinario interés por conservar en sus manos todas las riendas del partido incluidas las que han de guiar la composición, la procedencia y el terreno de actuación de la Comisión de Garantías, que es la encargada de dirimir los conflictos que se producen en el seno de la  formación.

Todos los miembros de Podemos albergan el mismo propósito: acabar con el sistema democrático vigente

Las propuestas de Errejón son más abiertas que las de Iglesias, eso es verdad. Pero conviene no engañarse: todos los dirigentes de Podemos albergan el mismo propósito y sirven al mismo objetivo: alcanzar la fuerza suficiente para acabar con el sistema democrático vigente, con lo que ellos llaman con desprecio «el régimen de 1978».

Lo que buscan todos ellos sin excepción es atacar los cimientos del sistema político y social para derribarlo y, sobre sus restos, implantar su modelo «revolucionario» que se basa y se justifica sobre la existencia de un enemigo, un ellos frente a una masa cuanto más amplia mejor que se reconocería bajo el manto de un nosotros. Esto es lo que hay que tener muy presente porque existe el riesgo de que quienes observan las evoluciones en pista de los dirigentes del partido morado se pierdan entre los meandros inacabables de las disputas procedimentales y pierdan de vista la meta que mueve a todos ellos y que es una sola y la misma.