Una cosa es que el Congreso que va a celebrar el PP en el segundo fin de semana de febrero se quiera tranquilo y sin «líos ni ruido» y otra cosa es que parezca una convocatoria para el yoga y la meditación. Porque está muy bien que los dirigentes del PP  quieran ofrecer una imagen de estabilidad y de concordia y distinguirse así frente a la Asamblea Ciudadana de Podemos, que se celebrará los mismos días en Vistalegre, donde brillarán las hojas de las navajas cachicuernas y de la que sólo se espera al recuento de los vencidos. Pero lo que no pueden hacer los populares es impedir todo tipo de debates a menos que quieran presentarse ante sus bases y ante sus votantes como un partido muerto o sideralmente alejado de las controversias que están vivas en la calle.

El asunto de la maternidad subrogada o vientres de alquiler es una realidad hoy en España y en todos los países desarrollados porque la ciencia avanza inexorablemente y no se detiene ante los prejuicios morales o religiosos de aquellos que pueden optar por acogerse, o no, a las infinitas posibilidades que la medicina ofrece hoy a las personas en lo tocante a la reproducción. Y aunque no guste a una parte de sus votantes, un partido que ocupa el Gobierno no debe hurtar a sus afiliados la posición que crea adecuada sobre este asunto.

Los populares siempre tienen miedo a enfrentarse a dilemas fronterizos con la moral y las posiciones de la Iglesia

Los populares siempre tienen miedo de enfrentarse a dilemas fronterizos con la moral y con las posiciones de la Iglesia católica, pero eso es más comprensible en un asunto como el aborto que en esta cuestión que, en definitiva, lo que hace es permitir que personas que, por distintas razones, no pueden tener hijos, los puedan traer el mundo por mediación de una mujer que se presta a gestar a un bebé que acabará entregando a otras personas que, a partir del nacimiento, serán ya para siempre sus padres y como tales cuidarán del niño, lo criarán, lo educarán y lo acompañarán en todas las fases de su vida.

Este asunto debería encontrar mucha menor oposición entre los votantes del PP  que el tema de la ley del aborto aprobada por el PSOE en 2010, sobre la que este partido presentó en 2015 una reforma urgente para derogar el artículo que permitía a las chicas de 16 y 17 años abortar sin contar con el consentimiento de sus padres o tutores legales. Pero, con esa modificación, el PP aceptó de hecho que se mantuviera en vigor la ley de plazos, aunque con ese retoque añadido. La actual ley, la del PSOE, está sin embargo pendiente de que el Tribunal Constitucional falle el recurso que presentó el PP cuando estaba en la oposición y que, siete años después, sigue a la espera de que el TC se pronuncie, cosa para la que los actuales dirigentes de este partido no parecen tener ningún interés y ninguna prisa. Es decir, que el Partido Popular no sabe cómo administrar ese debate que le costó, por cierto, la dimisión al entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. No sabe, no se atreve, estas cosas le dan miedo.

No sobrará que en ese Congreso que algunos pretenden manso como el agua estancada haya una agitación

Y, sin embargo, debe enfrentarse a ellas porque son asuntos que están en la sociedad de hoy y es obligación de los partidos fijar posición sobre ellos. El de la maternidad subrogada es un tema muy complejo y no se puede dirimir sin un debate profundo y valiente. Eso es lo que proponen los miembros del PP más liberales, quizá los más laicos, en cualquier caso los que tienen los pies más puestos sobre la realidad de la España de nuestro tiempo. Y no sobrará que en ese Congreso que algunos pretenden manso como el agua estancada haya una agitación, por mínima que sea, que permita a quienes lo observan desde fuera apreciar que ese partido está vivo y conectado con la sociedad cambiante y contradictoria sobre la que gobierna.

Es más, desde un punto de vista estrictamente político, al Partido Popular le convendría fijar, tras la obligada discusión responsable, una postura favorable a la aprobación legal de la maternidad subrogada y consensuar esa medida con Ciudadanos y con el PSOE. Y se apuntaría un tanto.