“La transversalidad no es parecerse a los viejos partidos”, proclama a gritos Pablo Iglesias en el escenario. “No es elegir entre Coca-Cola y Pepsi”.

La grada le aplaude, pero corea al unísono y sin que nadie se lo pida: “¡Unidad, unidad!”. Es una bronca esperanzada a los líderes del partido de los cerca de 8.000 simpatizantes de Podemos que han llenado el Palacio de Vistalegre.

Mientras en la pista se palpa la tensión, las gradas exigen reconciliación. Un señor del público, de pelo blanco y los 60 años ya cumplidos, levanta las dos manos entre aplauso y aplauso. La derecha con el puño cerrado, la izquierda con la uve de victoria. Es decir, con la derecha apoya a Pablo Iglesias y con la izquierda a Íñigo Errejón.

Y si tuviera un tercer brazo lo alzaría con la mano abierta, que es el gesto de la tercera vía, la de Miguel Urbán y Teresa Rodríguez. Pese a ser minoritaria, es la corriente que mayor ovación ha recibido del público al grito desgañitado de «¡En Vistalegre no hay enemigos internos!».

“Ya no sé qué hacer con las manos, esto parece piedra, papel o tijera”, ironiza una chica anticapitalista

“Ya no sé qué hacer con las manos, esto parece piedra, papel o tijera”, ironiza una chica que aplaude cuando sale Errejón al escenario. Se define como anticapitalista y ha votado por la vía que defiende Urbán, pero cuenta con que pase lo que pase Iglesias siga siendo el secretario general a partir del lunes y todos «unan fuerzas».

Iglesias, sin embargo, por más que haya pedido «fraternidad» a Errejón, sigue comprometido a dimitir si no gana su lista. Algo que en la grada nadie parece quererse creer. La militancia no termina de resignarse a que el espectáculo de división las últimas semanas fuera del todo en serio. No quieren elegir entre papá y mamá. Ni piedra, papel ni tijera.

«Pablo e Íñigo nos han traído hasta aquí, los necesitamos a los dos», dice Charo, de 55, acaba de llegar de Alicante para el congreso vestida con camiseta morada y es una de las 146.000 personas que ya han participado en las primarias del Consejo Ciudadano. ¿Y qué ha votado? «Un popurrí», reconoce. Quiere que gane Errejón, pero que lidere Iglesias. Confía que el lunes vuelva «la cordura y la unidad que hasta ahora no han sido capaces de poner», añade.

Ángel, de 81 años, no sabe inscribirse por internet y le da directamente igual quién gane la votación interna del partido. “Lo que me preocupa es mi pensión y estos chicos nos hacen mucha falta para defenderla”.

Errejonistas y pablistas reconocen por lo bajo que el lunes va a tocar sentarse a negociar

Hasta el domingo a las dos de la tarde no se sabrá el resultado de la votación que tiene divididos a los líderes del partido pero no a su militancia. Tanto errejonistas como pablistas reconocen por lo bajo que si el resultado es ajustado, como parece que será, el lunes va a tocar sentarse a negociar. No está claro, sin embargo, que Iglesias y Errejón estén dispuestos a hacerlo.

El sistema de primarias abiertas de Podemos ha forzado a los líderes del partido a representar una disputa tan encarnizada para atraer votantes que ahora la reconciliación parece imposible. En Vistalegre, sin embargo, cunde la esperanza de que sus líderes sean capaces de dejar atrás tanta división. La militancia, tan ingenua como cualquier afición, se lo está pidiendo a gritos en los minutos de descuento.

A las puertas del anfiteatro, en una de las barras de la plaza de Vistalegre, los asistentes al congreso buscan algo de beber tras varias horas agitando puños, uves y palmas. Y tenía razón Iglesias, no van a elegir entre Coca-Cola y Pepsi. Aquí sólo sirven Pepsi. Ya han decidido por ellos.