«¡Qué disgusto me acabas de dar!», lamenta una voz al teléfono, al ser informado de que la emblemática cafetería Embassy de la madrileña Castellana podría cerrar a finales de este mes. Y repite: «¡Pero qué disgusto! ¿Estás segura? Forma parte de la historia. También de la historia de la banca».

El banquero que atendía al otro lado del auricular, habitual del local como muchos otros que comparten el espacio con viudas de peluquería y pieles, se pregunta dónde irán ahora los de su especie a tomar el café; dónde se reunirá con clientes cinco estrellas, en un entorno acogedor con trato -siempre de usted- y productos exquisitos como ya apenas quedan en el distinguido barrio de Salamanca.

La retahíla quejumbrosa continúa en conversaciones con otros profesionales de las finanzas que trabajan en las inmediaciones del moribundo establecimiento. Sin el amparo de esas paredes, se preguntan dónde organizarán a partir de ahora encuentros confidenciales para fichar a expertos en la gestión patrimonial -los banqueros privados de los ricos, para entendernos-; dónde brindarán por esas operaciones que dan lustre a la cuenta de resultados, a golpe de los míticos cócteles de champán. Sorprendido, uno de ellos: «¿Que no los conoces? Champán, Campari y creo que algo de angostura. Tienes que probarlo antes de que cierren», me recomienda.

El salón que abrió la inglesa Margaret Kearney-Taylor en los años 30 para dotar a Madrid de un lugar en el que poder tomar el té como Dios manda es, además de ese enclave histórico conocido por haber albergado encuentros entre espías y diplomáticos en la Segunda Guerra Mundial y dar refugio a los judíos, un verdadero refugio para los banqueros que buscan la intimidad que no les proporciona otro de sus sitios favoritos: el hotel Villamagna.

¡Cuántos contratos se han cerrado en Embassy! El Villamagna es una casa de porteras, nos conocemos todos», dice un banquero

«¡Cuántos contratos se han cerrado en Embassy! Yo suelo ir mucho. El Villamagna es una casa de porteras en la que nos conocemos todos. En Embassy, siempre hay caras conocidas del sector -financiero, se entiende-, pero los recovecos te permiten cierta intimidad», afirma un banquero de alto rango.

Entre otros, muchos encorbatados del Deutsche Bank, cuya sede en España queda a unos pasos de Embassy, suelen desayunar y almorzar -porque los banqueros, en general, almuerzan, no comen, igual que van al servicio  y no al baño- en la histórica cafetería. «Drama en la Castellana», señala uno de ellos. «Además, han cerrado el Starbucks de Serrano, el que queda junto a El Corte Inglés. No sé dónde vamos a acabar», se queja.

También las tradicionales fiestas de Navidad que el bróker americano de Morgan Stanley celebra desde hace más de una década en Embassy -«desde las 13.00 hasta que morimos los clientes», recuerda un invitado habitual-, tendrán que buscar nuevo emplazamiento para 2018. No será lo mismo, si los dueños del local no encuentran en los próximos días una solución de emergencia para eludir la clausura.

Por proximidad, empleados del banco andorrano Andbank frecuentan el lugar con cierta asiduidad. También quienes ocupan los despachos de abogados Garrigues o Linklaters. El enclave estratégico de Embassy, rodeado de embajadas y muy cercano al Miniserio de Interior, lo convierte en punto de reunión de políticos y funcionarios que disfrutan del mismo pastel de limón -la receta no cambia- que un día se se les ofreció a Cantinflas, Paquirri, Leopoldo Calvo-Sotelo, Lola Flores o Pierce Brosnan.

El miércoles el cierre de la confitería, que además de nido de banqueros y espías es célebre por su estrecha relación con la familia real -preparó el postre (tarteleta de fresa) para la boda de la infanta Elena- se daba por supuesta, cuando transcendió la noticia de la venta del edificio a un inversor desconocido.

Ahora, sin embargo, y en medio del ruido que ha generado la noticia, Embassy ha asegurado en un comunicado a Efe que no se ha planteado cerrar al público pero sí está buscando «distintas fórmulas empresariales» que permitan hacer «viable» la empresa.

«La crisis económica que ha atravesado nuestra economía, y de forma muy directa en nuestro sector, ha contribuido a que esta empresa esté buscando cambios en el modelo de negocio que actualmente desarrolla», indica el escrito.