Murcia es ahora mismo una representación perfecta del universo de  dudas, riesgos y contradicciones en que están sumidos los tres grandes partidos constitucionalistas que hay en España.

Está, por un lado, el PP, que tiene al presidente de la Región y recién aclamado presidente del partido murciano, Pedro Antonio Sánchez, con un pie en los tribunales y pendiente de que el juez decida si abre o no juicio oral contra él. De eso depende el que continúe al frente del Gobierno murciano o que tenga que marcharse humillado y procesado. Pero tanto Sánchez como la dirección nacional de su partido han hecho una apuesta llena de riesgos que ha consistido, por parte de Sánchez, en no renunciar a su cargo cuando adquirió la condición de investigado y, por parte de la séptima planta de la calle de Génova, en  apoyar férreamente su persona y su inocencia.

Están corriendo un enorme riesgo porque han colocado su apuesta en manos del juez y no saben, literalmente, de qué lado va a caer la moneda pero saben que, si cae cruz, las perspectivas electorales del Partido Popular se desplomarían estrepitosamente en unas futuras elecciones autonómicas. Podían haber optado por proponer un sustituto al actual presidente y se habrían evitado la amenaza que ahora mismo pende sobre sus cabezas. Sobre todo, y aquí está la clave, porque saben que si llega a prosperar la fórmula que propone Ciudadanos -una moción de censura y la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas- el PP perdería, como informa aquí mismo Cristina de la Hoz, entre dos y tres diputados. Y eso, unido al hecho de que Ciudadanos no ganaría más que uno, dejaría la hipotética coalición al dramático borde de perder la mayoría absoluta. Por eso no tiene sentido que, obcecándose en no ceder la cabeza de  Sánchez despuésde haber pactado que lo harían si éste era imputado, hayan empujado a los de Albert Rivera a la posición  imposible en la que ahora se encuentran.

Lo que pasa es que Ciudadanos se mueve angustiado entre guatemala y guatepeor

Y eso es lo que pasa: que Ciudadanos se mueve angustiado entre guatemala y guatepeor porque no le ha quedado más remedio que reaccionar ante el manifiesto incumplimiento por parte del PP de lo firmado en el acuerdo que aupó a Pedro Antonio Sánchez a la presidencia de la Región de Murcia y ahora se enfrenta al cumplimiento del plazo que ellos mismos se pusieron para tomar una decisión sobre este conflicto. Plazo que se cumple el próximo lunes, cuando el juez no habrá tomado la decisión de procesar o no al presidente murciano.

Y héteme aquí que te hete a los de Ciudadanos dispuestos a romper definitivamente su pacto con el PP y acordar con PSOE y Podemos una moción de censura que, si se suman los escaños de los tres, ganarían. Pero Miguel Sánchez, el representante de Rivera en el parlamento murciano, pretende, ay, que los ganadores de esa moción  de censura no se aprovechen de esa prevista victoria y acepten convocar elecciones anticipadas. Y eso por una razón: porque el candidato obligado que hay que presentar en una moción de censura tendría que ser un socialista ya que es el único con escaños suficientes para registrar esa moción en el parlamento. Y si los socialistas no aceptan esa condición de Ciudadanos, este partido se puede encontrar con que ha propiciado con sus votos un gobierno de PSOE y Podemos, formación ésta con la que los de Albert Rivera no quieren tener absolutamente nada.

Muy bien. Pero ¿qué le pasa al candidato socialista en Murcia? Pues que Rafael Fernández Tovar es uno de los que apoyan la  opción de Pedro Sánchez para las primarias de mayo y teme, con mucha razón, que si después de ganada la moción de censura convocara elecciones, la Gestora de su partido haría todo lo que hubiera que hacer para apartarle de la cabeza de la lista electoral. Y eso no lo va a facilitar él por la cuenta que le tiene.

Sólo si el juez decide no procesar a Sánchez, esta cuerda llena de nudos se deshará de un soplo

Por lo tanto, si Ciudadanos se aviene a sentarse a la mesa de juego con el PSOE y con Podemos y les sale bien la primera parte de la jugada, Tovar está dispuesto a amarrarse al sillón y a no moverse de él hasta mayo de 2019, cuando haya que celebrar obligatoriamente las elecciones autonómicas de las comunidades de régimen general. Pero como Albert Rivera ha explicado que su partido jamás formará parte de un gobierno tripartito con PSOE y con Podemos -«que se lo quiten de la cabeza», ha dicho-, tenemos completado ese dibujo complejo y enmarañado que, visto de cerca, resulta ser un laberinto ciego. Es decir, sin salida.  Sólo si el juez decide no procesar a Pedro Antonio Sánchez, esta cuerda llena de nudos se deshará de un soplo.

En caso contrario, si Sánchez llega a sentarse en el banquillo, el PP y los del partido naranja se meten en un remolino que los puede engullir hasta asfixiarlos. Pero eso no se sabrá antes del próximo lunes, el día en que Ciudadanos se va a lanzar, eso asegura, a la piscina. Qué tensión.