De ella dijo Nick Clegg el ex líder de los liberaldemócratas que era la «reina de hielo» y con frialdad ha anunciado un adelanto electoral que ha sorprendido hasta a los más avezados. Theresa May ha anunciado la convocatoria de elecciones anticipadas el próximo 8 de junio. Es un órdago a Westminster y a todos aquellos, sectores financieros incluidos, que plantean dudas sobre su forma de encarar el Brexit.

«Westminster está dividido. El país está unido», aseguró May en su comparecencia ante los medios. Ha tenido que lidiar especialmente ante los Lores sobre su visión del Brexit duro y necesita el respaldo de las urnas para seguir adelante. May asumió el cargo de primera ministra tras la victoria del sí en el Brexit el pasado 23 de junio. El entonces premier, David Cameron, renunció, tras haber defendido la permanencia, y dejó paso a May, que ocupaba la cartera del Interior.

May argumentó, al contrario de lo que ha mantenido hasta ahora, que defiende la convocatoria de elecciones por la necesidad de «estabilidad, certidumbre y un liderazgo fuerte». Precisamente el riesgo de «inestabilidad» durante el proceso era lo que le había hecho reafirmar una y otra vez que las elecciones serían en 2020. Demasiado tiempo sin contar con la ratificación popular, sobre todo, cuando el viento sopla a favor. «Es una decisión sobre liderazgo», insistió la premier.

May se ha dado cuenta de que las negociaciones de la salida del Reino Unido de la Unión Europea requieren unidad en la clase política, y el respaldo sólido de los votantes. Las elecciones, que estarán muy focalizadas en la salida de la UE, van a ser un Brexit II y un plebiscito sobre May.

«Sabe que no puede encarar esta negociación en un ambiente dividido como el actual. Cree que así saldrá reforzada. Busca tener una legislatura entera por delante para abordar el complejo proceso, en las condiciones que ya ha planteado», explica Pol Morillas, investigador del CIDOB de Barcelona. «Quiere que los británicos den por bueno el mandato de negociación del Brexit», concluye.

Cada voto por los conservadores me hará más fuerte para negociar con la Unión Europea»

Así lo expuso en su alocución May, quien ya parecía estar en campaña: «Cada voto por los conservadores me hará más fuerte para negociar con la Unión Europea», subrayó la primera ministra, quien recordó que no hay vuelta atrás para el Brexit. Para justificarse dijo que había que dejar que la gente decida. Los dos tercios del Parlamento han de dar su apoyo el miércoles a la convocatoria electoral, pero los laboristas no van a oponerse.

Con las encuestas claramente a favor, por encima del un 40% y 21 puntos por delante de los laboristas, May ha planteado una jugada digna de toda una soberana popular, tendencia en estos tiempos. Además, el líder laborista, Jeremy Corbyn, ya dio su apoyo al Brexit y ahora será difícil que se pueda volver atrás. Está fuera de juego.

«Lo que busca es refuerzo y aprovecha que los sondeos le favorecen claramente y que los laboristas están francamente mal. Además, en el Parlamento ha de lidiar incluso con algunos conservadores elegidos como defensores del remain. Cree que saldrá reforzada», afirma Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano.

Serían los liberaldemócratas, europeístas vocacionales, quienes plantarían cara pero están lejos de momento de suponer un desafío serio. Su líder, Tim Farron, dijo que era una gran oportunidad para los anti Brexit. La líder escocesa, Nicola Sturgeon, reaccionó en Twitter al anuncio de May advirtiendo de cómo los conservadores iban a dar un giro a la derecha e imponer más recortes en nombre de un Brexit duro. Serán sus principales escollos.

Faltan 50 días para la votación. Y en estos tiempos convulsos son una eternidad. Como señala Molina, es cierto que la mera convocatoria electoral incide sobre los votantes y puede hacer que cambien algo las tendencias. «Los europeístas se pueden activar y puede encontrarse con la sorpresa de que todo quede más o menos igual que ahora», afirma Molina.

Cuando los británicos acudan a las urnas, ya sabremos quién sucede a François Hollande en el Elíseo y nadie se atreve a descartar totalmente que sea la antieuropeísta Marine Le Pen. Del Brexit al Frexit y de nuevo al Brexit. Parece una carambola diabólica.

Lo que a May le gusta es ejercer el control y ahora se ve limitada. «Nunca tuve un pensamiento grandilocuente sobre lo que era ser primer ministro. Acepté el cargo y me puse a trabajar», reconocía en una entrevista reciente en el Financial Times. May sabe que para cumplir su misión necesita que los británicos ratifiquen su Brexit, un Brexit sin contemplaciones.