El PP preveía un plácido segundo trimestre. Las negociaciones para aprobar los presupuestos estaban prácticamente cerradas con Ciudadanos, y avanzaban a buen ritmo con el PNV y el diputado canario Pedro Quevedo. Los datos de crecimiento económico marchan a mejor ritmo del previsto, tras una Semana Santa histórica, y los registros de descenso del paro vuelven a situarse como en los mejores años del boom económico previo a la recesión.

La corrupción parecía circunscrita a la trama Gürtel, pero la tormenta había amainado tras el cambio de posición del ex tesorero Luis Bárcenas.

Pero todo cambió de repente hace una semana. El día 18 de abril la Audiencia acordó, contra el criterio del fiscal, llamar a declarar a Rajoy por Gürtel; dos días después se produjo la detención del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en el marco de la Operación Lezo; el viernes a última hora, el juez Eloy Velasco, ordenó su ingreso en prisión; el lunes a primera hora de la tarde dimitió Esperanza Aguirre como portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid. Y este martes se han conocido algunas de las conversaciones que han sido grabadas en el curso de la Operación Lezo. En una de ellas, mantenida con el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, González llega a exclamar: “Aquí qué queda, ¿pegarle dos tiros al juez?” También se han hecho públicas las denuncias de Anticorrupción contra Concepción Dancausa y contra la empresa de asesoramiento fundada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Estamos en un callejón sin salida, sin elecciones a medio plazo y sin posibilidades de moción de censura, que no sólo daña al PP sino a la democracia

El tsunami ha envalentonado al PSOE y probablemente Rajoy tendrá que comparecer en el Congreso para dar explicaciones, al mismo tiempo que las negociaciones para la aprobación del presupuesto se han enfriado hasta casi el punto de congelación.

El PP se ha quedado sin estrategia y, lo que es más grave, sin capacidad de reacción. Como en los incendios provocados, los numerosos focos de escándalo hacen imposible establecer un eficaz cortafuegos. ¿Qué nuevos escándalos conoceremos? ¿Qué conversaciones nos helarán la sangre? ¿Qué nuevos datos nos mostrarán el descaro de algunos para organizar el saqueo de fondos públicos?

Desde la publicación de los papeles de Bárcenas, el PP no se encontraba en una situación similar. Las revelaciones del ex tesorero, que llegó a acumular casi 50 millones de euros en Suiza, tuvieron un efecto demoledor: el PP perdió casi 3,5 millones de votos en las elecciones municipales y autonómicas de 2015.

Pero ahora no hay elecciones a corto plazo y el PP gobierna en minoría con el apoyo de Ciudadanos. El PSOE arrastra desde octubre una profunda crisis de liderazgo que no se resolverá hasta el próximo día 21 de mayo, y que puede prolongarse y aún agravarse si el ganador de las primarias no consigue unir al partido. Podemos oculta con el ruido su propia parálisis, con Errejón marginado y sin voz, y la organización perdiendo terreno en Cataluña, Valencia y Galicia. Por su parte, Albert Rivera no ha logrado capitalizar el desencanto que reina en los votantes de centro derecha y centro izquierda.

Lo peor que tiene esta situación es que en el horizonte no se ve ninguna salida. No parece que haya condiciones para una moción de censura y el calendario electoral beneficia al gobierno. Los ciudadanos viven en vilo los últimos acontecimientos y no salen de su asombro ante la incapacidad del propio sistema para ofrecer una respuesta. El daño, por tanto, ya no afecta sólo al PP, sino a la democracia. Y todo ello, a las puertas del reto soberanista que día a día se va fraguando en Cataluña.