El arranque de Marine Le Pen, candidata al Elíseo por el Frente Nacional, ya prometía sangre. «Los franceses han de elegir entre el candidato de la globalización salvaje, de la precariedad, de la brutalidad social… y la candidata del pueblo, de la Francia que amamos, de su cultura de su civilización, de su unidad, de la nación que protege». Y añadió que ahora ya se sabe quién es «el auténtico Macron, el que ha escondido la estrategia de marketing del Partido Socialista». El fundador de En Marche! se dio perfecta cuenta de que las normas habían saltado por los aires y se dispuso a pelear como un gallo por el trono de Francia en el debate que les enfrentó anoche en la recta final de las presidenciales francesas ante la segunda vuelta del próximo domingo.

La estrategia de Marine Le Pen fue establecer un vínculo sólido entre su adversario y el presidente saliente, el socialista François Hollande. Desde el principio recordó que Macron había sido ministro de Economía dos años con Hollande, que antes fue su asesor, y que dejó una ley de liberalización de la economía conocida como Ley Macron. Machaconamente recordaba a los espectadores que quien tenían delante no representaba nada nuevo. Y a la vez evitaba explicar su programa.

Macron, sin embargo, se aferraba a cifras y argumentos para desmantelar a la líder «ultraderechista» que tenía enfrente. «¿Cómo va a financiar todo esto que propone de beneficios sociales?». «¿Sabe lo que cuesta que la jubilación sea a los 60 años? ¡Son 30.000 millones! No puede financiarse…», explicaba Macron, a quien Le Pen reprochaba el tono profesoral.

Lo de ultraderechista y las alusiones al Frente Nacional también estaban calculadas por el ex ministro, que sabe que pese a la desdiabolización al partido le queda una impronta de extrema derecha que el votante medio francés no acepta tan fácilmente.

El tono histriónico y burlesco de Le Pen logró en ocasiones exasperar a Macron, que, sin levantar la voz, sí acusó a su rival de decir «tonterías», incluso «tonterías mayúsculas». Le Pen le ridiculizaba como marioneta de Merkel: «Está claro que en Francia mandará una mujer, o Merkel o yo». O bien se reía de que tratara de esconder su paso por el gobierno de Hollande.

Está claro que en Francia mandará una mujer: o Merkel o yo», dijo Marine Le Pen

Más que dos visiones de Francia, que también, se enfrentaron dos personalidades antagónicas. La abogada hábil y marrullera que sabe cómo poner nervioso al contrario  y conoce bien sus debilidades. Y el aplicado experto que se maneja con los datos pero roza el insulto cuando le responden con vaguedades como si fueran argumentos de peso. Macron llegó a llamar «parásito» a Le Pen y ella aprovechó para repetirlo.

A Marine Le Pen se le da bien el contragolpe y sabe cómo mostrar su empatía con el débil, que siempre la verá más cercana que al ex banquero de Rothchild. «Soy la candidata de la capacidad adquisitiva y usted el candidato del todo se compra y todo se vende», señalaba sin inmutarse. Sin embargo, Macron sí que acertó al destapar cómo Le Pen patina cuando ha de concretar cómo financiar sus promesas a ese pueblo francés, víctima de la globalización.

Hubo dos momentos más sobresalientes en este choque de titanes. La líder populista intentó mostrar al candidato de En Marche! como alguien débil y condescendiente con los radicales islamistas. Insistió en que había que cerrar las fronteras para impedir que lleguen los terroristas y expulsar a todos los sospechosos de radicalismo. Macron se zafó como pudo y explicó cómo confiaba en los servicios de información para combatir el terrorismo, que sería su prioridad, si llega a la Presidencia. También dejó claro que la candidata preferida de los terroristas es Marine Le Pen, «porque fomenta la guerra civil y la división».

Sobre Europa y el euro, Le Pen siguió en su línea de presentar a la UE como el origen de los males de los franceses. Para financiar su plan económico, llegó a mencionar que le servirían el dinero que da Francia a la UE (9.000 millones de euros) y el que se emplea con los inmigrantes (15.000 millones). Ahora es más ambigua sobre el euro, aunque aludió a un referéndum en 10 meses. Pero Le Pen llegó a decir que podría funcionar el franco para los ciudadanos y el euro para las empresas. E incluso aludió a que otros países se saldrían también del euro.

Usted no propone nada, señora Le Pen. Francia no merece esto», repetía Macron

Macron no daba crédito a lo que escuchaba y repetía: «Usted no propone nada, señora Le Pen. Francia no merece esto». Le Pen entonces intentó llevarle a su terreno para que metiera la pata y ridiculizara a los votantes del Frente Nacional pero Macron supo evitarlo. «Son franceses con ira y usted se aprovecha de su enfado», sentenció. En otro momento, cuando aludieron ambos al debate que sostuvieron con los obreros de Whirlpool, una fábrica de Amiens que será deslocalizada, Macron también se puso serio: «Lo que yo nunca haría es jugar con la desesperación de la gente».

No fue un debate de ideas, sino un duelo por el trono del Eliseo. Algunos analistas ya lo calificaban como «el peor debate de la V República». Ni siquiera en las conclusiones se respetaron el turno de palabra. Le Pen dijo que su Francia no es la Francia del mercado, de Macron. «Yo creo en la solidaridad, en un país con esperanza de poder tratar en condiciones respetables con otras naciones del mundo».

Mientras Macron concluía: «No quiero explotar la ira. Francia está en una crisis profunda. Es el fracaso de la política de 20 años. Entiendo esta ira. Hay que tener coraje para enfrentarse a la verdad. Defiendo un país fuerte con un euro fuerte. Rechazo el espíritu de derrota y de odio del Frente Nacional. Defiendo el espíritu de conquista. Este país es la luz del mundo».

Tras este primer y único debate de la segunda vuelta en la carrera al Elíseo muchos franceses tendrán que tomar una decisión trascendental. El primer sondeo de la cadena BFMTV apuntaba a que el más convincente había sido Macron por un 63% frente al 34% de Le Pen. Lo cierto es que Macron ha ganado en solvencia y Le Pen ha demostrado que no libra la batalla de la razón. Francia será radicalmente distinta el 7 de mayo si se impone la visionaria Marine Le Pen o si gana el pragmático Emmanuel Macron. Y no sólo Francia.