A Carolina Bescansa sus aptitudes como analista demoscópica y electoral y su crudeza en el análisis le van a acabar creando más problemas de los que ya tenía y que la han sacado de los círculos de poder de Pablo Iglesias. Porque la señora Bescansa ha cogido el barómetro publicado por el CIS a finales de abril  y ha sacado un primer plano de la fotografía general del instituto oficial que deja al aire las vergüenzas del partido al que ella pertenece y pone inevitablemente en la picota el error de la estrategia elegida por el líder con vistas a aquel «asalto a los cielos» que se ha quedado ya en un modesto «montar un numerito de vez en cuando para que no se olviden de nosotros».

Porque los datos cantan y son inapelables: en la estimación de voto del CIS la proporción de ciudadanos que están dispuestos a seguir apoyando a Unidos-Podemos baja de manera constante pero ya entra en terreno de alarma si se examina el plazo que va de las últimas elecciones generales en junio de 2016 al momento actual.

A Podemos se le están yendo los electores en un flujo constante y con riesgo de perder más

Es decir, a Podemos se le están yendo los electores en un flujo constante que coloca ya a la formación morada en riesgo de perder todavía más votos de los que perdió entre las primeras elecciones de diciembre de 2015 y la segundas en junio y que ascendieron a 1.200.000. Una pérdida brutal para un partido que había llegado a sumar en diciembre, junto con Izquierda Unida, seis millones de votos. Y, si sumando sus fuerzas en esa coalición con el partido de Alberto Garzón, se les fueron por el sumidero más de un millón de votos, el panorama que se les ofrece después del triunfo de las tesis de Iglesias es desolador. Porque ya lo advierte Bescansa: por debajo de 70% en la tasa de lealtad, es decir, de quienes habiendo votado al partido aseguran que volverán a hacerlo, las perspectivas electorales del partido en cuestión tienden al color del ala de mosca.

La sucesión de ocurrencias y de puestas en escena sólo le está sirviendo para perder apoyos entre los suyos

Evidentemente, la sucesión de ocurrencias y de puestas en escena; de sentadillas en las alfombras del Congreso para hacerse los guays y demostrar así que «aquí van a cambiar muchas cosas» sin que cambie nada relevante salvo la falta de respeto a la Cámara de la soberanía nacional; de autobuses que hacen el tour turístico contra la corrupción que no sirve tampoco para nada en lo que a medidas anticorrupción reales y efectivas  se  refiere; de besos en la boca con el colega parlamentario para exhibir la desenfadada actitud de los representantes de la nueva política; de iniciativas la mar de rompedoras como la de pedir que la televisión pública deje de emitir los domingos la misa católica; o, por rematar, el número rebosante de frivolidad de una moción de censura que anteayer la presentamos, ayer ya no, hoy la guardamos hasta ver si Pedro Sánchez gana por fin las primarias y mañana la volvemos a presentar porque ya hemos encontrado a un  incauto que se presta a hacer el papel de candidato; todo esto no le está sirviendo a Pablo Iglesias nada más que para seguir perdiendo apoyos entre los suyos, no digamos ya  ganar la confianza de quienes han votado a otros partidos.  Mal negocio está haciendo el líder de la formación morada, pero a ver quién dentro de los que quedan en la dirección del partido le pone el cascabel a ese gato.

Para Podemos su presencia constante en los medios es el riego que mantiene a la planta viva

Si siguen recorriendo esta senda absurda en la que está resultando muy evidente que al jefe de Podemos y a sus capitanes no les interesa el trabajo parlamentario, es decir, no les interesa arrimar el  hombro para ayudar a mejorar la vida de los españoles y prefieren hacer  de saltimbanquis por las calles del país, les va a acabar pasando otra cosa que supondría para ellos la definitiva condena: que los medios de comunicación dejen poco a poco de dedicarles su atención. Porque para Podemos su presencia constante en los medios es el riego que mantiene a la planta viva y todavía vigorosa.

Los necesitan ahora para sobrevivir aún más de lo que los necesitaron en su momento para  irrumpir en la vida política española. Ése es el líquido amniótico en el que se han desarrollado y han adquirido la  fuerza que ahora tienen. Pero una pérdida constante de apoyos como la que parece  que están padeciendo les augura una pérdida similar de cuota de pantalla. Y eso, de producirse, será letal para el partido morado.

Haría bien el señor Iglesias en reflexionar sobre su original pero, a lo que se ve, muy improductiva manera de entender la acción política. Y por pedir que no quede: haría bien en comportarse con más humildad, si sabe lo que esa palabra significa, y atender con más respeto las opiniones de aquellos compañeros suyos que defendieron otra forma de participar en la vida pública española. Porque, quién sabe, a lo mejor eran ellos los que tenían razón. De alguna manera la señora Bescansa se lo está estampando ante los ojos. Él verá.