Un incidente menor puso ayer de manifiesto la inestable situación del Grupo Parlamentario Socialista tras la clara victoria de Pedro Sánchez en las primarias del pasado domingo.

El portavoz de la comisión de Interior, Antonio Trevín, uno de los más conspicuos defensores de la candidatura de Susana Díaz, se enzarzó en una discusión en público con Margarita Robles, portavoz de la comisión de Justicia y una de las personas que con mayor ardor ha defendido la candidatura de Sánchez.

Se discutía la aprobación de una ley (precursores de explosivos) que trata de limitar la compra venta de elementos que pueden ser utilizados para fabricar bombas caseras. El día no podía ser más oportuno, ya que la Policía británica piensa que el terrorista suicida de Manchester fabricó en su casa el artefacto que causó 22 muertos y 60 heridos. Todos los grupos iban a votar a favor (incluido Podemos), menos el PSOE. Robles pidió explicaciones a la portavoz que pretendía defender esa posición, Ana María Botella; ésta fue a consultar con Trevín y éste, a su vez, le gritó en público a Robles: «Es la primera vez en cinco años que alguien me pide explicaciones». Finalmente, el PSOE votó a favor.

La oposición interna a Sánchez en el Grupo Parlamentario está encabezada por Madina y el coordinador andaluz Pradas

El altercado refleja una incómoda realidad: una parte significativa del Grupo Socialista no está dispuesta a facilitarle las cosas a Pedro Sánchez. Fuentes internas del Grupo estiman que, al menos, una veintena de diputados podrían considerarse como «irreductibles».

La cabeza visible de la oposición a Sánchez en el Congreso es Eduardo Madina, que ya compitió con él en las primarias de 2014 y que en los últimos meses se había convertido en uno de los arietes de Susana Díaz. Y el otro baluarte del susanismo es Antonio Pradas, coordinador de la Interparlamentaria del PSOE andaluz y diputado por Sevilla. Pradas es el jefe de los 22 diputados andaluces que ocupan escaño en el Congreso. Ayer mismo pidió a Sánchez que desautorizara las «provocaciones» de Zaida Cantera.

Pradas es, de hecho, el diputado más próximo a Díaz. La presidenta de la Junta vuelve por sus fueros al decir una cosa y hacer la contraria. Mientras asegura que en Andalucía «ya todos estamos con Pedro», ha decidido adelantar su Congreso para evitar que Sánchez pueda crearle problemas en su feudo.

Sin embargo, no todos los diputados andaluces comparten la estrategia de resistencia. Al menos una decena de ellos serían partidarios de intentar convivir con la nueva dirección del partido tras las primarias. Ésa ha sido la posición adoptada por destacados barones socialistas como Fernández Vara o García Page. De hecho, tan sólo el líder socialista en Aragón, Javier Lambán, se ha posicionado claramente en contra de Sánchez.

Otros destacados irreductibles serían la diputada Soraya Rodríguez y el hasta ahora portavoz Antonio Hernando, quien el pasado domingo, nada más conocerse los resultados de las primarias, llamó al presidente de la gestora, Javier Fernández, para anunciarle su dimisión. Hernando, hombre de confianza de Sánchez, se pasó con armas y bagajes a sus enemigos cuando, siguiendo sus consejos, decidió renunciar a su acta de diputado. Según las fuentes, Hernando se encuentra desaparecido y ni siquiera le coge el teléfono a José Luis Ábalos, miembro de la dirección del Grupo y uno de los integrantes del núcleo duro del reelegido secretario general.

Convivir con esa situación resulta difícil. Más aún cuando el PSOE tiene que mantener una posición acorde con la nueva dirección en el pleno del próximo día 13 de junio en el que se debatirá la moción de censura presentada por Podemos.

Uno de los mayores retos que tiene Sánchez es precisamente reconvertir el grupo de 85 diputados -la mayoría de ellos alineados con la gestora hasta ahora- en un bloque sin fisuras para una legislatura difícil que prácticamente acaba de comenzar.