Había expectación por ver la intervención durante la moción de censura del portavoz (provisional) del PSOE, José Luis Ábalos. No tanto por evaluar su solvencia como parlamentario, como, sobre todo, por comprobar cuál es la posición del nuevo PSOE respecto a Podemos.

El discurso del valenciano tenía un triple objetivo:

  1. Mostrar una dureza similar a la de Pablo Iglesias con respecto a Rajoy y el PP.
  2. Tender puentes con Podemos, con objeto de hacer poroso el muro que ha construido Iglesias entre su partido y la izquierda sistémica.
  3. Marcar territorio respecto a Podemos en dos cuestiones clave: la unidad de España y la defensa de los logros de la Transición.

Con Podemos, el PSOE tiene que andar con cuidado. No puede distanciarse en exceso, porque eso le alejaría del votante de izquierdas; pero tampoco puede acercase mucho, porque con ello puede ahuyentar al votante de centro izquierda.

El texto de Ábalos ha sido elaborado con la asesoría de dos pata negra del viejo PSOE: José Enrique Serrano -director y jefe de gabinete de Rodríguez Zapatero y Felipe González, respectivamente- y de Antonio Hernando -ex portavoz socialista con Pedro Sánchez y también con la gestora-.  Esta era la primera sesión parlamentaria de altura tras la victoria en las primarias de Sánchez y, por tanto, una oportunidad para comprobar si el grupo socialista mantiene cierta cohesión. Hay que recordar que sólo 15 de los 84 diputados socialistas se opusieron, como pedía el secretario general, a la investidura de Rajoy. Pero tampoco hay que olvidar que el propio Ábalos se abstuvo, argumentando que no podía romper la disciplina de partido.

En un momento de su diálogo -más que enfrentamiento- con Iglesias, Ábalos justificó la posición del PSOE en la moción de censura: “Abstenerse no es tan malo”. Y muchos de los diputados socialistas lo interpretaron en clave interna. No habrá noche de cuchillos largos y sólo los que se resistan a aplicar las directrices de la dirección que salga del Congreso que se celebra este fin de semana pueden temer el ostracismo. El diputado sevillano Antonio Pradas -miembro del núcleo duro de Susana Díaz– fue uno de los que con mayor ardor aplaudió al portavoz desde su escaño.

El discurso de Ábalos tuvo dos asesores de excepción: José Enrique Serrano y Antonio Hernando. Todo un símbolo de la reconciliación que pretende Sánchez

En uno y otro plano, el que tiene que ver con la estrategia política de alianzas y el interno, la posición del PSOE implica riesgos. Respecto al primero, la cuestión es si el PSOE ha logrado abrir un espacio propio y con perfil suficientemente definido en esta moción-sándwich que han protagonizado Iglesias y Rajoy. Está claro que el objetivo de los mimos a Podemos tenía como fin atraer de nuevo a los votantes que el Partido Socialista perdió por su izquierda. Ahora bien, generar expectativas de una moción de censura conjunta puede resultar contraproducente, sobre todo, cuando esa posibilidad no está en la agenda de Sánchez.

Respecto al plano interno, parece razonable que el equipo del secretario general pretenda la reconciliación en el seno del grupo parlamentario. Sánchez recibió en su despacho a Hernando sólo tres días después de su victoria en las primarias y se comprometió con él a mantenerle en la dirección del grupo. La duda es si la recolocación que está teniendo lugar es sincera o si estamos, como dice un diputado sanchista, ante una “tregua trampa”.