El pasado viernes a las 8 horas de la mañana, quince horas después de la matanza, bajé la Rambla de Barcelona a pie para conocer de primera mano la magnitud de la tragedia. Un silencio lleno de tristeza lo envolvía todo. Los quioscos de prensa recogían los restos de los expositores, destrozados por el paso de la furgoneta asesina y levantaban persiana intentando volver a una normalidad imposible. El Mercado de la Boquería, que sirvió de camuflaje al asesino para huir del lugar, permanecía cerrado.

Todavía sangre en las baldosas del suelo. Todavía el recuerdo en la memoria de los testigos de la posición exacta de cada una de las víctimas. Una vecina que lo presenció todo desde su balcón me contaba “aquí en este tramo de Rambla había seis muertos. Lo peor eran los gritos de la gente”.

Hoy sabemos que tanto horror fue provocado por un joven aparentemente integrado en Ripoll, amante del fútbol y las discotecas hasta hace dos años que cambió, dejó los estudios, se puso a trabajar y a rezar junto al Imam de su ciudad. Sin antecedente violento ninguno fue capaz de subirse a la acera de la Rambla y según el relato de los supervivientes, redujo la marcha a tercera, hizo rugir el motor y aceleró hasta los 80 kilómetros por hora atropellando a cuantos más mejor. Primero terminó con la vida de dos mujeres mayores, sus primeras víctimas, luego pasó por encima de Julián, un niño de 7 años y así hasta completar su plan.

Ese día y a esa hora había Guardia Urbana en la Rambla. La furgoneta pasó a su lado, pero eso no impidió sus planes. Algunos policías locales le siguieron a la carrera y en coche patrulla, pero no le dieron alcance. Un joven inexperto de 22 años sin entrenamiento previo y en apenas tres minutos lo había conseguido. En su huida asesinó a un cooperante magnífico, Pau, para que no pudiera dar cuenta a la policía de su identificación. La víctima número 15. Era el atentado perfecto.

Los barceloneses estamos en shock y claro que tenemos miedo a pesar de gritar lo contrario. No podemos comprender por qué se permite a un ex delincuente con antecedentes por tráfico de drogas y contactos terroristas ser Imam y dar clases a los niños musulmanes de Ripoll. Y lo que es peor, nadie le estaba investigando, ni los Mossos ni el CNI que se reúne mensualmente con los Imanes de toda España. Alguien cometió un error que nos ha costado muy caro.

No podemos comprender que tras volar por los aires un chalé okupado en Alcanar los Mossos afirmaran que se trataba de un escape de gas, hasta que los TEDAX encuentran peróxido de acetona y se dan cuenta que estaban preparando “la madre de satán”, explosivo utilizado por Daesh. Pero ya era tarde para dar el aviso, a las pocas horas se precipitaron los acontecimientos.

La Guardia Civil y la Policía conoció la identificación de los terroristas por la rueda de prensa

No podemos comprender por qué a los TEDAX de la Guardia Civil y la Policía Nacional no se les dejó entrar en ese chalet destruido por orden del conseller de Governació. Estos cuerpos de seguridad nacionales han conocido la identificación de los terroristas por la rueda de prensa del Mayor de los Mossos, no fueron informados antes. El conseller de Interior que todavía no ha dimitido después de distinguir víctimas catalanas de españolas, ha sido pieza clave en esa falta de colaboración. Al igual que no podemos comprender que en la primera reunión del presidente Rajoy en la Delegación del Gobierno, horas después del atropello masivo, solo estuvieran los cuerpos de seguridad nacionales y no los Mossos d’Esquadra.

¿Cuántos más deben morir para que unos y otros dejen la política de partido y no utilicen de nuevo a las víctimas en su beneficio?

Recuerdo hace casi diez años al vicepresidente de la Generalitat Carod-Rovira construyendo “un islam a la catalana” y subvencionando Imanes salafistas por toda Catalunya a cambio, claro está, de su favor por la independencia. Por ello hoy la mitad de las mezquitas salafistas están en esa comunidad. Hace tan solo cinco años la Fundación NousCatalans, capitaneada por el republicano Ángel Colom, reunió a los líderes musulmanes para firmar un manifiesto a favor de la secesión de Catalunya al margen de la ley. El documento se llamaba “Els nous catalans també decidim” (Los nuevos catalanes también decidimos). Por aquel entonces el responsable junto a Colom de la Unión de Centros Culturales Islámicos de Catalunya era Noureddine Ziani, que fue expulsado de España en el 2013 por ser “una amenaza para la seguridad nacional” según informes del CNI.

Los ataques de supuestos soldados de Daesh seguirán siendo inevitables e imprevisibles, no los eliminaremos con maceteros y bolardos, pero los ciudadanos exigimos unidad de acción y colaboración entre cargos públicos y fuerzas de seguridad, ¿o es que piensan que a Daesh le preocupa un ápice el referéndum del 1 de octubre?

Los catalanes somos gente paciente, con más seny que rauxa, odiamos la violencia y valoramos la vida humana por encima de todo, pero ni olvidamos ni perdonamos fácilmente a los que con sus errores nos llevan a la muerte.