Han caído en su propia trampa y es su urgente necesidad de exprimir sin perder un solo minuto lo que había sido sin duda un éxito, lo que les ha hecho herirse con su propia arma.

Lo primero que hicieron los dirigentes políticos independentistas catalanes fue esforzarse por demostrar al mundo que Cataluña era autosuficiente en materia de seguridad y también, aunque con las obligadas salvedades de la necesaria cooperación internacional, incluso en materia de lucha contra el terrorismo. Por eso no admitieron que los Tedax de la Guardia Civil entraran a investigar la muy sospechosa para cualquier experto -y ahora, con lo que sabemos, también para cualquier ciudadano- explosión de la casa de Alcanar. La explicación dada en público por uno de los responsables policiales de la policía autonómica fue algo así : “Porque, ostras, ya estábamos nosotros allí, listos para actuar”. En definitiva, no necesitamos a nadie de fuera, nos bastamos solos.

Lo primero que hicieron los dirigentes independentistas fue esforzarse por demostrar al mundo que Cataluña era autosuficiente en materia de seguridad

El error cometido fue monumental y tuvo como consecuencia que el único superviviente del siniestro estuviera nada menos que 20 horas hospitalizado pero en libertad y sin ser interrogado por la Policía. Y, dado que Mohamed Houli Chemlal ha demostrado una clara colaboración y ha proporcionado informaciones valiosísimas a los investigadores, se plantea inevitable la pregunta de qué hubiera pasado, o qué se hubiera podido intentar evitar, si los Tedax de la Guardia Civil hubieran determinado inmediatamente que lo que allí se estaba preparando era un atentado de gigantescas dimisiones. Pero la única razón por la que no se les permitió entrar fue la de que ya estaban ellos preparados. No lo estaban, es evidente. Y esa constatación se ha vuelto ahora en su contra.

Lo segundo que hicieron fue felicitarse enseguida, sin pérdida de tiempo, y con una efusión impropia de las circunstancias, de la brillante operación que su Policía había llevado a cabo y anunciar inmediatamente la concesión de la medalla de oro de Honor del Parlament a los Mossos, policías locales de Barcelona y Cambrils y servicios de emergencia. Nada que objetar a ese reconocimiento pero sí a las prisas con las que se aprobó porque esas urgencias hablan del propósito de poner en valor, de nuevo, que Cataluña está preparada para caminar sola y no necesita a España para subsistir, sentimiento que ha sobrevolado durante todos estos días las consideraciones que se han hecho en torno a la tragedia del día 17. Un sentimiento, por cierto, que se basa en el hecho demostrado de que las competencias de que goza esta comunidad autónoma son amplísimas, lo cual permite a los independentistas estirar el argumento hasta el punto de justificar su independencia.

Lo segundo que hicieron fue felicitarse enseguida, sin pérdida de tiempo, y con una efusión impropia, de la brillante operación que su Policía había logrado

Pero esto desmiente entonces el otro punto del guión secesionista que dice que  Cataluña está asfixiada por el centralismo del Estado y carece de la autonomía necesaria para desarrollarse en todos los ámbitos. Las dos cosas no pueden ser, o lo uno o lo otro. Pero esta contradicción lo único que demuestra es la falsedad del argumentario independentista, la ficción sobre la que se ha construido su edificio. Ese apresurado regocijo narcisista y autosuficiente se ha convertido ahora en un eco que pone en evidencia su desmesura y les coloca en una posición cuando menos desairada.

Lo tercero que han hecho, y han hecho mal, ha sido apropiarse políticamente de la conmoción general por lo sucedido en las Ramblas. Porque, lamentablemente, todo el horror vivido en Barcelona ha estado infiltrado desde el primer instante por los objetivos de los independentistas que, salvo la concentración en la Plaza de Cataluña presidida por el Rey al día siguiente del atentado, no han dejado un solo resquicio sin introducir sus consignas, hasta el punto de que la manifestación del día 26 de agosto en Barcelona fue recogida por todos los medios de comunicación nacionales y extranjeros como una utilización del rechazo al terrorismo en beneficio de la proclamas secesionistas.

Lo tercero que han hecho, y han hecho mal, ha sido apropiarse políticamente de la conmoción general por lo sucedido en las Ramblas.

De aquel error que se ha vuelto contra sus intereses quedará para siempre el hecho irreversible de que las víctimas no tuvieron ningún hueco ni en las pancartas ni en las proclamas que se oyeron aquel día. Nadie las citó ni por escrito ni de palabra. Tan cierto es eso, y tan evidente su abuso, que ahora el presidente de la ANC anuncia una decisión insólita y tan fuera de lugar como lo estuvo su indecente utilización de la marcha del día 26: en la celebración de la Diada del próximo día 12 se hará un reconocimiento a la víctimas. Otro error garrafal que se volverá en su contra si llega a hacerse realidad porque su desafío político y jurídico está en las antípodas de un recuerdo a quienes perdieron la vida en el atentado.

Y lo cuarto que han hecho ha sido mentir. Una mentira que no podía tener más que un propósito, el de seguir conservando la inmaculada aureola en la que los dirigentes políticos se habían envuelto a sí mismo y habían envuelto a su Policía con un único propósito político: reforzar el apoyo ciudadano a sus planes secesionistas. Ha sido una mentira miope y de una extraordinaria torpeza que se basa en el desprecio que los dirigentes políticos del independentismo sienten por la mayor parte de los medios de comunicación y de sus periodistas.

Están acostumbrados a unos medios dóciles que viven de las generosísimas subvenciones que desde hace muchas décadas les llegan de la Generalitat y a que los informadores que trabajan en esos medios actúen no de control de los poderes sino de propagandistas de su doctrina. Y en esas condiciones saben que actúan en territorio amigo. Por eso tuvieron el atrevimiento de calificar de “mentira”, sin más, la noticia que ya había publicado El Periódico inmediatamente después de la explosión y que volvió a publicar con más detalles ayer después de que el consejero de Interior y el mayor de los Mossos hubieran acusado a su director de escribir “al dictado” y de haber publicado “un montaje”.

Y lo cuarto que han hecho ha sido mentir. Una mentira que se basa en el desprecio que sienten por la mayor parte de los medios y de sus periodistas

Estos dirigentes políticos, acostumbrados a informadores domesticados, no contaban con que la mayor arma, la más importante, para un periódico que publica una noticia que puede revolver las aguas, es la que tiene que poder exhibir al día siguiente de haber sido desmentido por los afectados. Y así ha ocurrido, que El Periódico ha publicado el documento y ha demostrado que los Mossos recibieron esa información en el mes de mayo. Y, naturalmente, Joaquim Forn y Josep Lluis Trapero han tenido que asumir el bochorno y el descrédito de rectificar. No tenían más remedio. Pero su credibilidad ha recibido un golpe del que difícilmente se van a recuperar. Eso también se ha vuelto en su contra y producirá más efectos con el paso del tiempo.

La cuestión es que todos estos errores de los muchos que se han cometido, todos, tienen un origen: la voracidad manipuladora del secesionismo que, de tanto pretender ganar a toda costa, de tanto estar dispuesto a imponer su pretensión por encima de cualquier cosa, se inflige golpes irreversibles para su causa. Es lo mismo que están haciendo con el espectáculo sonrojante que nos están ofreciendo mano a mano los miembros de la Generalitat y los diputados independentistas en el Parlament, con su presidenta a la cabeza. Hace falta un fe ciega para seguir depositando la confianza en semejante cuadro de actores.