Me gusta pensar que al rito del besuqueo a las azafatas florero en el podio de turno le está pasando lo mismo que al gotelé. Son cosas que siempre han estado ahí hasta que sin saber muy bien por qué, poco a poco, van pasándose de moda porque cada vez a más gente les resulta molesta su presencia. Y de pronto un día no aguantamos más y lo mismo vamos al Leroy Merlin a por una lija para alisar paredes que a preguntarles a los mandamás de la Vuelta a España si no se les ocurre nada mejor para celebrar una victoria que exhibir atractivas azafatas en minifalda.

A las azafatas florero en el podio de turno le está pasando lo mismo que al gotelé

Cada vez son más las competiciones de ciclismo, motos y automovilismo que están prescindiendo de aquella arraigada tradición de que un par de mujeres imponentes se suban al podio a posar con los ganadores, como si sus besos formaran parte del galardón. La tendencia es sustituirlas por jóvenes deportistas de categorías alevines o personalidades de la política y la cultura como nuevos encargados de hacer los honores.

Ya lo hacen así muchas competiciones internacionales y también la Vuelta al País Vasco, a Mallorca y la Volta a Catalunya. El año que viene la Vuelta a España ya ha anunciado que prescindirá de las azafatas decorativas y los dos besos de rigor. También los patrocinadores deportivos se cuidan cada vez más de evitar polémicas sexistas que puedan perjudicar los valores de su marca.

Mi admirado Javier Marías decía este fin de semana en una entrevista de El País Semanal que estaba “atónito” porque vayan a desaparecer los besos de las carreras ciclistas. Y explicaba que tiene pendiente un artículo, “que lo tendría que titular algo así como El triunfo de las monjas. Las monjas de toda la vida están triunfando ahora, bajo otro disfraz, pero con los mismos objetivos: que no haya besos, que no haya escotes, que no haya minifaldas”.

Le extraña a Marías que mientras “las feministas han luchado durante décadas por vestir como les daba la gana”, ahora carguen contra las minifaldas, los besos y los escotes. ¿Es un aumento de la intolerancia replantearse si tiene sentido a estas alturas que los premios deportivos los entregue alguien relacionado con ese deporte en vez de un par de modelos? De verdad, no lo creo. Muchas cosas que hace veinte o treinta años veíamos normales ahora chirrían.

El mundo está lleno de cosas que se van quedando viejunas y un día desaparecen

El mundo está lleno de cosas que se van quedando viejunas y un día desaparecen sin que nadie se acuerde de llorarlas. Le pasó también al cocktail de gambas en las bodas, con su salsa rosa y su lechuguita cortada en tiras. Era lo más de la cocina fetén. Y ahora es otro de los grandes olvidados, aunque siempre hay algún abuelo despistado que lo echa de menos en el menú nupcial.

Hay, incluso, a quienes le gusta el gotelé. Y tal vez vean en las paredes lisas una conspiración del pensamiento único. Pero nadie ha prohibido el gotelé, ni falta que hacía. Simplemente, nada personal, dejó de gustar. Es más, a la mayoría nos disgusta. Igual que exhibir mujeres atractivas como trofeo para celebrar una victoria deportiva.