Se supone que es mañana cuando empieza la batalla de verdad porque parece que será mañana cuando los independentistas aprueben  por el procedimiento del aquí te pillo, aquí te mato una llamada ley de referéndum que es un auténtico asalto a la razón y a los más elementales principios jurídicos sobre los que se construyen las sociedades desarrolladas y mínimamente respetuosas del Derecho.

Aunque tampoco debemos dar esto por seguro porque los dirigentes políticos secesionistas han entrado ya en una espiral de locura que puede llevarles a no abordar mañana ese engendro que tienen puesto a punto pero que todavía podría alterarse para que la CUP  pueda intentar que la rama catalana de Podemos, cuyo líder es Albano Dante Fachín, que va por libre respecto de Pablo Iglesias, consiga introducir alguna enmiendas en el articulado y así apoyar decididamente la aprobación de eso que han llamado muy generosamente “ley”.

Lo que defienden los enloquecidos dirigentes de la secesión no se sostiene ni internamente ni internacionalmente

Pero si las cosas se producen tal y como ahora están previstas, una mayoría de setenta y tantos diputados -72 si Podem no se suma y setenta y alguno más si se suman algunos de los del partido morado- va a poner en marcha por un procedimiento ya anulado por el Tribunal Constitucional una ley que no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir dentro de la  legalidad constitucional española. Esa será definitivamente la declaración de guerra, una guerra que el Estado no puede bajo ningún concepto perder porque eso supondría el hundimiento del Estado mismo y que los enloquecidos dirigentes de la secesión no están en condiciones de ganar porque lo que defienden y pretenden llevar a cabo no se sostiene ni internamente ni internacionalmente y porque es un desvarío a los ojos de cualquiera que no esté ciego o lo que esté buscando sea otra cosa para intentar salvar su pequeño lugar en la historia de España o, por lo menos, de Cataluña.

Ellos saben que van al fracaso, que lo que pretenden no se a va poder llevar a cabo con los más elementales estándares de garantías exigibles para considerar esa convocatoria algo parecido a una consulta popular. Saben también que no van a poder celebrar ese referéndum, o eso esperamos quienes defendemos que el cumplimiento de la ley es la base  de cualquier estado de derecho y pretendemos que España siga siéndolo a pesar de los asaltos de que está siendo objeto. Pero me temo que ya no es eso lo que buscan. Buscan otra cosa.

A estas alturas los secesionistas buscan la movilización en las calles, las manifestaciones, el enfrentamiento con la Policía

Es duro y muy arriesgado decirlo, pero a estas alturas y vista la sucesión de acontecimientos, parece evidente que los secesionistas buscan la movilización en las calles, las manifestaciones de protesta, el enfrentamiento con la Policía -lo que hagan los Mossos sigue siendo todavía una incógnita- y, a ser posible, con la Guardia Civil. Lo que más les gustaría es que el Gobierno se volviera loco y mandara al Ejército, pero eso ya va a ser mucho pedir.

Les bastará con enfrentamientos callejeros y les sería muy conveniente que hubiera víctimas de distinta consideración, si hay herido graves, mejor. Y me atrevo a decir que tampoco les importaría que hubiera algún muerto, o varios, porque en ese caso ya tendrían una fecha grabada con sangre en el imaginario independentista: la segunda Semana Trágica de Barcelona.

A eso se encaminan las declaraciones que ya están haciendo algunos líderes independentistas: “Si no hubiera urnas, habría gente en las calles”. Una gente que sale a protestar no tiene mayor importancia en un país democrático pero la formidable frustración política en que se va a sumir el secesionismo necesita mucho más. Necesita víctimas para poder nutrirse de la energía perdida con el fracaso, víctimas que vuelvan a insuflar a la causa perdida el empuje imprescindible para salir adelante y, con esa bandera, mejor si está bañada de sangre, presentarse a unas inmediatas elecciones y concitar el apoyo masivo de una sociedad rebosante de ira después de haber sido dramáticamente golpeada por el poder. En esas condiciones, el independentismo volvería a ganar e incluso podría obtener una holgadísima mayoría absoluta.  Y vuelta a empezar el desafío.

Entre quienes manifiestan su frustración por el fin de un sueño que les habían asegurado que era una inminente realidad, habrá gentes que busquen una tragedia

El Gobierno dice tener muy claro los pasos a dar para evitar que ese referéndum ilegal se lleve a cabo. Pero además de las medidas ejecutivas y judiciales, debería tener muy presente que el enfrentamiento definitivo, el reto final e inapelable se va a dar en las calles de Cataluña y que, entre quienes manifiestan su protesta y su frustración por el fin de un sueño que les habían asegurado que era una inminente realidad, habrá gentes que busquen una tragedia.

Independientemente de que administrar con prudencia esa amenaza y regular con pulso de orfebre las seguras provocaciones va a resultar una tarea más difícil aún que la que supone ya responder con la moderación, con ley, con los tribunales y con la política a la provocación; y dejando al margen el hecho de que un alzamiento tumultuario para impedir la aplicación de las leyes es una figura tipificada en el Código Penal, es evidente que un incidente, o varios, con heridos o incluso, ojalá no suceda, con muertos, constituiría un golpe irrecuperable contra España. Este es el reto más difícil y más dramático que el Gobierno tendrá que saber superar porque nos va en ello el futuro.