“Cualquier acción contra la Constitución de un Estado Miembro es una acción contra el marco legal de la UE“. Esta afirmación el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, vertebra la carta que me hizo llegar el jueves 7 de septiembre en respuesta a mi petición de una posición clara sobre el intento de golpe de Estado en Cataluña. En mi opinión, es lo más contundente que hasta ahora ha dicho un presidente de cualquiera de las instituciones europeas.

Las implicaciones son enormes: al saltarse la Constitución, al tratar de derogarla en Cataluña, al apropiarse de los derechos del conjunto de los españoles, los golpistas no sólo atacan a España: atacan a la Unión Europea. No hay, por tanto, lugar para equidistancias ni interpretaciones. La UE no es neutral porque no puede serlo.

En su carta, Tajani insiste en lo que tantas veces ha expresado ya la Comisión Europea: que si una región se convirtiera en independiente (incluso aunque lo hiciera por una vía democrática, lo que no es el caso en Cataluña) quedaría fuera de la Unión, porque dejarían de aplicarse los tratados. Esto es un hecho que ya conoce cualquiera, por más que lo nieguen Puigdemont y los suyos.

La cuestión es: ¿por qué la respuesta europea ha sido hasta ahora tan tibia, tan burocrática?

La cuestión es: ¿por qué la respuesta europea ha sido hasta ahora tan tibia, tan burocrática, como si se quisiera limitar su alcance? Tajani también recuerda en su carta la conocida cantinela: que las cuestiones constitucionales de un Estado miembro son asunto de dicho Estado miembro. Esto ya lo sabemos, y nadie pide a las instituciones europeas que adopten las medidas jurídicas y penales que corresponde aplicar a los poderes españoles. Lo que sí se les pide, lo que yo les he pedido constantemente, es que hagan política. Que se expresen en los términos en los que ahora lo ha hecho Tajani. Yo iría más allá: me gustaría ver a Jean-Claude Juncker o a Donald Tusk aparecer en televisión, como hizo Mario Draghi hace cinco años, y decir alto y claro: “Ni la Unión Europea ni sus Estados miembros reconocerán más estado que el español. Y créanme, será suficiente”. Algo así no podría eludirlo ni Puigdemont.

Hay que poner a los golpistas contra la realidad, hay que evitar que sigan evadiéndose. Si quieren seguir adelante con el golpe de Estado, al menos que digan a su público que la Cataluña independiente no sólo estará fuera de la Unión Europea, sino que apenas puede aspirar a que la reconozcan Nicolás Maduro y Yoko Ono. Y un estado que no es reconocido por los demás es un estado que no existe.

Lo que ocurrió el miércoles 6 de septiembre en el Parlamento de Cataluña fue un golpe de estado en el que un grupo de personas vulneró la legalidad para arrebatar al conjunto de los españoles sus derechos sobre su propio país. La ideología que subyace a este golpe de estado es el supremacismo étnico, cultural, económico y social.

Si de algo ha servido la ofensiva populista en Europa y en EEUU es para recordarnos que la Unión no es un supermercado, como ha dicho el presidente Macron. Es una comunidad de valores y un marco legal. Los secesionistas de Cataluña niegan los valores europeos con su supremacismo y vulneran el marco legal con su golpismo. Por eso son eurófobos, y por eso tienen en su contra a la Unión Europea.


Beatriz Becerra Basterrechea
Vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo
Eurodiputada ALDE Group