No podía haberle ido mejor a Mariano Rajoy en su visita a la Casa Blanca. No solo Donald Trump le ha dado la razón. En su afán de no salirse del guión, el presidente de EEUU hasta ha parafraseado uno de los grandes hits marianistas: «España es una gran nación», afirmó el norteamericano en la rueda de prensa posterior al encuentro en Washington. «Y los españoles, muy españoles y mucho español», le faltó añadir.

Y es que Trump y Rajoy han resultado ser más parecidos de lo que pensábamos. El uno es histriónico, el otro discreto. Y todo lo que el americano tiene de exagerado, el español de sobrio. Pero cuando se trata de dar explicaciones, son de lo más parecido. Todo lo resumen en el sentido común de «la gente». Dos medias naranjas dialécticas.

Trump y Rajoy han resultado ser más parecidos de lo que pensábamos

«Un disparate», dijo Rajoy de la posibilidad de que el Govern de Puigdemont declare la independencia unilateral, «una tontería», apostilló Trump.  Parecían Coco y la Rana Gustavo dando una clase de geopolítica en Barrio Sésamo. Se podría resumir en que dentro de España se está bien y fuera fatal. Dentro… Fuera…

«¿Qué consejo le daría al presidente Trump sobre Corea del Norte?», preguntó un corresponsal estadounidense al mandatario español. «Que por ese camino no se va a ninguna parte», respondió. Como si simplemente un deseo de que las cosas fueran diferentes sirviera realmente de algo.

Cuando a Trump le tocó responder qué consejo le daría a Rajoy para resolver la crisis catalana tampoco sofisticó mucho más su discurso: «Me gusta a España y quiero una España unida», afirmó. Un argumento sesudo, sin duda, que los asesores de Trump bien pueden haber copiado aquella campaña que el PP lanzó en 2012 titulada Me gusta Cataluña en la que Rajoy pronunció aquella frase tan rebosante de empatía: «Me gustan los catalanes porque hacen cosas».

Rajoy y Trump (o Trum, como prefería llamarlo el presidente español) se han entendido a la perfección. Y aunque es improbable que Mariano Rajoy le haya hablado al presidente estadounidense de la rebelión que planean los tractores independentistas, ésos que la Assemblea Pagesa ha convocado a “velar urnas” con una marcha lenta para que el 1-O se pueda votar, ni habrán tenido tiempo en la Casa Blanca de discutir sobre la conversión del estadounidense Piolín en el nuevo símbolo independentista, está claro que el español se ha sentido como en casa. No en vano, de lo que más han hablado es de la crisis en Venezuela.