Hazte extranjero va a cumplir cuatro años. Este vídeo fue el centro de la campaña de Navidad de Campofrío en 2013. Se emitió en las teles y en las redes. Se convirtió en viral y fue aceptado como un relato amable y agradable que explicaba, con ternura, cómo somos los españoles.

Ahora vuelve a estar en las redes. Me llegó cuando estábamos esperando la intervención de Puigdemont en el Parlament el pasado martes. Sigue siendo tan válido como entonces. El procés ha dividido a muchas familias, ha enrarecido las relaciones entre amigos de toda la vida, ha roto el diálogo. Como aquel que decía que se bajaba en la próxima, el anuncio avanzaba una salida individual: cada uno podía elegir de dónde ser según sus intereses, daban un diploma, se podía elegir… ¿jamaicano, alemán, franco-ruso? Derecho a decidir.

En las navidades de 2013, veníamos de vivir un año con imágenes de juicios y puertas de juzgados en Madrid, en Sevilla, en Palma de Mallorca… con ERES, Bárcenas y Noos…;  tuvimos que asumir la anulación de la doctrina Parot; aún sufríamos los coletazos de la recesión aunque ya empezamos a no tener que desayunar con la prima de riesgo… y aprendimos el significado de los escraches. Un descarrilamiento de un tren en Santiago había segado la vida de decenas de personas en el verano…y mientras veíamos a un rey que entraba y salía del quirófano con sus problemas de movilidad, una cadena independentista recorría parte de los caminos de España con banderas esteladas.

Superamos la condena de la Pantoja; aprobamos una Ley de Transparencia para la Casa Real y vivimos las mareas verdes contra aquel ministro de Educación…Vivimos la alegría con Nadal recuperando su número uno – ¡Rafa, siempre Rafa!-, Mireia arrasaba en los Mundiales de Natación, el Barça ganó la Liga y el Atlético de Madrid, la Copa del Rey; y Marc Márquez fue el piloto más joven en ganar un campeonato de MotoGP… Incluso, aceptamos que invitar a un “relaxing cup of coffee” no valía para organizar unos Juegos Olímpicos.

Pero, a pesar de todos estos hechos, la primera intención de Chus (hacerse sueca) se tambalea cuando piensa que eso le va a exigir cambiar de forma de ser, de sentir y de relacionarse con sus amigos…  Se acuerda de que se enamoró de su Eusebio escuchando a los Brincos con un sorbito de ¿cava o de vino espumoso andaluz, con una caña, una fanta, un mosto o un vermut? Y se termina la duda. No va a hacerse de otro sitio.

Los amigos que se han decidido por otros territorios, no se adaptan al nuevo marco; añoran ya, con el diploma bajo el brazo, nuestras costumbres, nuestras gentes, nuestros modos…Dejémoslo; no ha sido buena idea. Rectifiquemos. El sentido común regresa.

“Que cada uno que traiga lo que tenga”, grita Chus y celebremos el reencuentro con lo que todos aporten. “Algunos le llaman carácter; a lo que no puedes renunciar porque va contigo siempre”. Todo el mundo cabe y todo el mundo tiene sitio. No necesitamos consultas, ni imposiciones, ni mediadores entre nosotros mismos. Porque “uno puede irse pero no hacerse”. Somos lo que somos y como somos. Pertenecemos a una nación plural, abierta,  libre… con rasgos que nos unen y que nos distinguen, con leyes que nosotros mismos, entre todos, nos otorgamos.

¿Poco realista, demasiado naif?  ¿Cuántas veces se puede utilizar el mismo anuncio?