Con puntualidad otoñal, la sección de planes de pensiones de bancos, gestoras y proveedores financieros diversos empieza a engrasar su maquinaria propagandística para recordar a los partícipes de planes de pensiones, el sombrío panorama que afrontarán en unos años si no suscriben o refrescan sus aportaciones a los mismos.

Un permanente déjà vu anual al que, con escaso entusiasmo y por puro empuje de las redes comerciales, acuden cada vez un menor número de clientes particulares que – salvo honrosas excepciones- muy pocas veces se llevan una alegría en forma de rentabilidad positiva, por mucho que lleven un buen número de años invertidos en el plan de turno.

Los partícipes de planes de pensiones de nuestro país, aparecen en la foto, cautivos y resignados. Cautivos de un sistema que favorece el inmovilismo y resignados en asumir como normal el secular pobre desempeño en términos de rentabilidad de estos productos de inversión. Todo ello, coronado por una desidia inducida por el sistema para buscar alternativas eficientes. Que las hay.

Los partícipes de planes de pensiones están cautivos de un sistema que favorece el inmovilismo

Cabe preguntarse cuál ha sido la cuota de responsabilidad de los diversos actores para estar como estamos.

Es obvio que la protección de los intereses propios de los grandes grupos bancarios impide la circulación de información profesional, objetiva, sana y eficaz para los partícipes en forma de soluciones alternativas al producto propio de la casa. Producto que suele ser caro, ineficiente y de rentabilidad exigua en todos los plazos. La asimetría de información en este campo es pavorosa. Por no hablar de los conflictos de interés que tanto abundan en la conformación y políticas de gestión de estos productos.

La contribución de los clientes al statu quo actual en planes de pensiones también es relevante, pues éstos, en una suerte de síndrome de Estocolmo financiero, olvidan que la regla número uno de cualquier plan de pensiones es batir al IPC y nada exigen de sus entidades cuando incumplen este mínimo mandato de forma sistemática.

Además los partícipes desprecian sistemáticamente la rentabilidad a la hora de elegir los productos a los que teóricamente deberían prestarles más atención, pues serán los que complementarán su jubilación cuando ya no tengan otros ingresos.

Por supuesto que también aceptan la máxima comisión de gestión legal posible que soportan los planes de pensiones en España con una aquiescencia digna de estudio. El 80% de los españoles que invierte en pensiones ignora qué comisiones paga. Preocupante.

El 80% de los españoles que invierte en pensiones ignora qué comisiones paga

Solo así se explica que el plan de pensiones con más inversores en España sea uno – de cuyo nombre no quiero acordarme- de un gigante grupo bancario español y que esté entre los de peor rentabilidad de su categoría, tanto a un año como a tres años. Y sólo así se entiende que tenga ese éxito en ventas, y más con estos resultados, a pesar de tener las comisiones máximas que se puede cobrar en estos productos (1,5% de gestión y 0,25% de depositaría).

Quizá, por tanto, no sea casualidad que los siete planes de pensiones más grandes del país que registran pérdidas anualizadas a 10 años cobren en concepto de gestión comisiones superiores al 1 por ciento.

Y el asunto no es baladí, pues el impacto de elegir un producto con bajas comisiones puede traducirse en miles de euros de ahorro en una inversión de largo plazo, mayor cuanto más años se tenga el plan.

Por otra parte, si alguna bondad tiene el sistema español de planes de pensiones es la relativa sencillez para proceder al traspaso de derechos consolidados entre productos diversos. Bondad que es sistemáticamente bloqueada por el obligado cumplimiento de extensos períodos de permanencia aceptados mansamente por los partícipes a cambio de incentivos en efectivo, electrodomésticos o útiles de cocina diversos.

Ante este cuadro y con la paleta de colores de que disponemos, frente a resignación, audacia. Audacia para exigir a nuestra entidad (en ausencia de mejor alternativa con el producto propio) que nos suministre información leal sobre planes con comisiones reducidas, sin permanencias obligatorias a largo plazo, gestionados activamente y que ofrezcan una información transparente, profesional y diaria.

Audacia para en el caso que nuestra entidad de cabecera no lo haga, buscar productos de ese tipo en el ecosistema español de planes de pensiones. Un ecosistema en el que han surgido –de la mano de plataformas de inversión y empresas de asesoramiento financiero independiente- productos más baratos, gestionados activamente, transparentes, comprometidos y profesionalizados que, aunando talento, vocación y buen hacer, van a situar el sombrío panorama de los planes de pensiones en España a un nivel normalizado y acorde al de los países de nuestro entorno más avanzados en la materia. No les quepa duda. La base de partida es tan desoladora que cualquier esfuerzo comprometido dará frutos importantes.

Audacia para no escuchar cantos de sirena y aceptar regalos y prevendas a corto plazo a cambio de penosas rentabilidades y vergonzantes comisiones durante años y años de obligada y penalizada permanencia en el caso de querer traspasar nuestros derechos consolidados hacia productos más libres y eficientes.

La revolución en planes de pensiones está llegando a nuestro país en forma de iniciativas de talento independiente en una oleada imparable que se compromete a ofrecer valor añadido en un producto tan sensible para con las expectativas de mejora de la vida futura de las personas.

La revolución en planes de pensiones está llegando con iniciativas de talento independiente

La audacia del partícipe ha de superar la del sistema y así promover esta revolución. Hay que superar el pesimismo y la resignación. Más audacia en todos los actores. En los partícipes, en los gestores, en los creadores de producto y en los gobiernos de turno, que no deben afrontar este asunto de manera exclusiva desde el punto de vista de las ventajas fiscales para los partícipes. Se echa de menos I+D en pensiones. Un potente I+D en pensiones, combinando el poder de las redes sociales, la economía colaborativa y la responsabilidad social, podría dar fruto a soluciones no solamente audaces, sino rentables, sostenibles y de valor añadido.

La audacia rompe los límites, y forma parte esencial de nuestro progreso como civilización, en todas las áreas de nuestra existencia, también en Pensiones.

Corría el año 1792 cuando el ministro de Justicia de Francia, Georges Danton, llamaba a un movimiento de masas para repeler a las tropas enemigas con el famoso: “Audacia, más audacia, siempre audacia”.

Doscientos veinte años más tarde, la audaz gestión de algunos debería ser una señal de llamada para las masas de resignados inversores en planes, que, seguida audazmente por muchos otros, debería extinguir el antiguo, caduco e ineficiente régimen que existe actualmente en el marco de la previsión individual en España.

La fortuna siempre sonríe a los audaces. En pensiones, también.


Carlos de Fuenmayor es director de Kessler&Casadevall AF Barcelona