En las mañanas de feria de Málaga se camina Larios arriba en tropel. Al mediodía, también, pero con más gente. La multitud en menor o mayor grado tiende a ir rectilínea, sin variar el rumbo. Pocos sabían que si antes de llegar a la Constitución (la plaza, me refiero, que aquí no llega la matraca) te sales a mano derecha das de bruces con el Café de Chinitas, donde dijo Paquiro (el valiente diestro chiclanero, también me refiero) a su hermano: «Soy más valiente que tú, más torero y más gitano», en palabras de Federico García Lorca que cualquiera se atreve a decir ahora en alto.

Allí, en el Chinitas, estaba, estará siempre, Chiquito.

Hablamos de la hora del cafelito. Ese espacio entre el copioso desayuno de feria y la primera cerveza fresquita del 18 de agosto que vuelve a romper plaza. Chiquito de pie, en la puerta, el periódico aplastado bajo el brazo o enrollado en modo Cuesta de Santo Domingo y no dejando de atender a quien se le acercaba. Lógicamente a esa exacta hora el público no es cuantioso, con lo cual a Chiquito no le resultaba enojoso pararse a la fotito.

Hoy, que ya se ha acabado todo aunque el personaje mediático se saturó hace mucho, hay que leer el Sur de Málaga, un extraordinario periódico clásico y reformado que lleva impreso el alma de una ciudad extraordinaria. La foto de Chiquito diciéndonos adiós a toda web preside y corrobora el alcance popular de tan desternillante personaje.

Los guiris miran sin comprender por qué tantas fotos con ese abuelito vestido de domingo. Alguno lo entiende cuando le ve en el cuadro de su mesa del comedor del Chinitas. Este era ya un Chiquito impecable pero cuasi ninguneado en su retiro, lo cual no quita para la veneración de quien se acercaba a él. Nada que ver con aquel humorista del que no se paraba de hablar en la oficina a las 8 de la mañana tras haberte tronchado la noche anterior en Antena 3 cuando casi todo el mundo veía lo mismo en la tele. Otro siglo.

Este Chiquito de camisa almidonada podría parecer una atracción de feria, pero no. Allí estaba, guasa en rama, una institución. Un famoso de una pieza, con una eternidad de horas de trabajo detrás. Entonces tomaba la palabra y empezaba una función inesperada, con los gatos del Vaticano, que te iluminaba aún más la mañana de feria.

Chiquito estaba ahí, en el Chinitas, para quien le quisiera saludar. Y allí sigue.