En mi mundo ideal no existe el Día de la Mujer, no existe porque no es necesario. En mi mundo ideal hombres y mujeres caminan a la par, la brecha salarial es una entelequia. En mi mundo ideal hablar de la violencia machista, del abuso sexual por razón de género resulta añejo, lejano, algo tan impensable como la quema de brujas. Por supuesto, en mi mundo ideal las infancias no se roban, se acompañan, se descubren y se respetan. En mi mundo ideal no existe el sexo débil, el «te ayudo con los niños y en el hogar» y tampoco la tasa rosa, esa que encarece los productos que se envasan y se ofrecen como de uso preferente para las mujeres o que siendo de primera necesidad, como las compresas y los támpax, no tributan como deberían. Mi mundo ideal no se para si las mujeres se paran.

Estoy absolutamente convencida de que ese mundo es posible y que cada vez está más cerca, pero lo que ya no tengo tan claro es que el camino sea la protesta. La huelga es la forma más visible que tiene la sociedad para reclamar, es la forma que tiene la ciudadanía de demostrar su grado de disconformidad, una huelga consigue una visibilidad que no otorga ningún otro movimiento social, tanto por su repercusión mediática como por su repercusión social. Hasta aquí de acuerdo.

El camino hacia la igualdad se construye trabajando, desde abajo, desde la Educación

En pleno siglo XXI el movimiento feminista no necesita visibilidad, ya la tiene, es algo imparable, es historia viva. Indudablemente nos encontramos ante un punto de no retorno. Ahí están las 500 mil de Washington contra Trump, el #metoo, las manifestaciones contra la violencia machista, lemas como La manada somos nosotras  y Juana está en mi casa. Con el debido respeto, hoy no creo que la travesía adecuada sea la protesta. Que tenemos derecho al pataleo, por supuesto, pero estoy convencida de que ésa no es la ruta para llegar a mi mundo real.

Del mismo modo que a andar se aprende andando. El camino hacia la igualdad se construye trabajando, desde abajo, desde la Educación y remando hacia el mismo lado. Dejémonos de chorradas, de miembros y miembras, de portavoces y portavozas, que no somos periodistos, ni columnistos, ni artistos. Empecemos a trabajar y a poner cada uno nuestro grano de arena. El arma de un periodista es la palabra y desde ese privilegio que me otorga la profesión yo insto a todos los políticos a que se bajen de sus poltronas, que salgan a la calle y se dejen de mirar el ombligo.

Insto a todos los políticos a que se bajen de sus poltronas, que salgan a la calle y se dejen de mirar el ombligo

Para construir mi mundo ideal hacen falta nuevas leyes que busquen la paridad, leyes que permitan la conciliación, leyes de verdad contra la violencia machista, hace falta cambiar mil cosas a las que no se llega mediante la protesta sino con el diálogo, el trabajo y las ganas.

En el fondo, lo que de verdad resulta necesario para construir mi mundo ideal es invertir en Educación. Invertir en la sociedad del futuro. Es necesario un Pacto de Estado de Educación, pero un pacto de verdad, un pacto del siglo XXI en el que eduquemos en igualdad y en equidad (que no es lo mismo). Sólo trabajando desde la Educación acabaremos con el machismo, la violencia, el patriarcado, las desigualdades y las injusticias. En esto todos somos responsables.