Zapatero, ya con cara de Joker, pedía cohesión y ambición de ganar con esa intensidad con la que se pide lo que no se tiene, y ante un PSOE más escolar que cardenalicio. La Escuela de Buen Gobierno, que suena a hospital de monjas y a budismo de parador, ha sido un intento de dotar al PSOE de Pedro Sánchez de una doxa, una doctrina, una marca ante la actualidad y la amenaza en pinza del centro-derecha de sidecar y la izquierda de bicicleta de alambre. Con arquitectura de concilio, a esa escuela se le fueron cayendo sin embargo dirigentes, figurines y sillas de chiringuito, hasta parecer un cine de verano, sólo para novios y acomodadores.

Esta escuela que acabó en machadiana o felliniana nos ha dejado algo más que esa tristeza de los circos vacíos y pobres: la evidencia de que al PSOE de Sánchez aún se le notan más las ganas de ser que de hacer. Están buscando todavía una voz, un hueco, una piedra en la que posar a su Pedro, y eso me parece más significativo que los resquemores (esas primarias dolieron mucho) y los desprecios de barones de ultramarinos y viejas glorias gagá. Y hasta que la escasez de público, que tiene más que ver con no saber montarles salchicherías que con el control real del partido. El PSOE se busca, y tiene que montar estos casamientos consigo mismo, estas amargas fiestas de cumpleaños sin nadie, por ritualizar esas ganas de ser.

Pero Susana, aunque se sienta reina legitimista exiliada y llore sola lágrimas como giraldas, ya únicamente tiene poder en Andalucía»

Pedro Sánchez ha estado huido o náufrago, como un explorador perdido entre Cataluña, su propia herencia y el ataque de avispero de Podemos. Pero es difícil negar que Sánchez ha logrado hacerse con el partido. Y que su liderazgo será indiscutible, al menos, hasta las Generales. Sólo si se estrella, Susana Díaz, que teje las venganzas lenta y primorosamente como mantillas de viuda negra, lo volvería a intentar. Siempre, eso sí, que ella no pierda la Junta de Andalucía, algo no ya histórico sino geológico. Pero Susana, aunque se sienta reina legitimista exiliada y llore sola lágrimas como giraldas, ya únicamente tiene poder en Andalucía.

La división en el PSOE es más de cartel que de partido, un partido que está perfectamente controlado por el pedrismo. Felipe González ya no está con nadie de este PSOE ni, seguramente, de este mundo, sino entre suegra de todo, como he dicho alguna vez, y Sunset Boulevard. Rubalcaba tiene rencor de fantasma de la ópera. Javier Fernández sangra aún por esas primarias que volaron todo. Y de Susana, qué decir. La ausencia de Ximo Puig extraña más, porque muchos pensaban que había cedido definitivamente. El caso es que se tiende a pensar que cierto espíritu eternal del socialismo histórico detesta la tibieza de Sánchez, y que eso se manifiesta en esta vieja guardia con zapatilla de madre. Pero se trata más de egos que de purismo o lealtad.

Me da que a Pedro hay ganas de darle en la cresta”, me comenta un socialista bien informado

La fiesta llovida de esta escuela y el lío emocional de la prisión permanente revisable han ayudado a que sigan los palos a Sánchez, que tampoco necesita escenarios de cine para eso, la verdad. “Me da que a Pedro hay ganas de darle en la cresta”, me comenta un socialista bien informado, que casi siempre acierta cuándo van a caer los muertos o van a cantar los pájaros. Desde Ferraz me describen todo un cuadro conspiranoico o quejica: “El poder real quiere cambiar al PP por Ciudadanos (son más maleables, más dóciles que el PP), pero tienen pavor a que la división de la derecha y la superación clara de PSOE a Podemos suponga que nosotros seamos primera fuerza política. Por tanto, necesitan anularnos”. ¿Ensoñaciones? Pero alguien me explica que si en Ferraz no ha cundido el pánico es porque tendrían números muy diferentes a esas encuestas con receta especial del cocinero.

Zapatero pedía unidad (no hay unanimidad, pero, ahora, tampoco cisma) y ganas de ganar. El partido puede estar bien atado por el pedrismo, pero esas ganas de ganar cuestan cuando no se encuentra la identidad, y por eso fracasan estos campamentos scout. Un proyecto sin alma, atado a tópicos de la izquierda suave, es lo que puede hundir al PSOE, más que conspiraciones de científico loco. Sánchez, con su política líquida y su actitud resbaladiza, no atina aún con la forma ni el fondo. Y hasta cuando se monta él mismo una fiesta sorpresa le acaban asustando los payasos y los globos.