Viendo la rueda de prensa de Roberto Fernández, presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), se percibe de inmediato que si hay algo que no tiene este catedrático de Historia es un problema de autoestima.

Fernández convocó a los periodistas para informarles -supuestamente-  sobre el contenido del informe realizado por “dos observadores externos” sobre el caso del máster de Cifuentes, pero se limitó a despachar a la concurrencia con una retahíla de valoraciones sobre la Universidad, sus profesores, sus catedráticos y rectores, que no venía a cuento.

Debió pensar que estaba ante un grupo de alumnos ansiosos de escucharle y, con superioridad magistral,  dio tratamiento de “tu” a los presentes. Eso sí, políticamente correcto, añadió que el documento del que luego dio cuenta se les entregaría a “todos” y a “todas”.

Se nota que a Fernández le gusta ejercer de maestro de ceremonias, pero se olvidó de lo fundamental: estaba allí para dar el resultado de una investigación interna, solicitada por el rector de la Rey Juan Carlos, y no para demostrar que los procedimientos seguidos por la Universidad implicada y por la CRUE han sido los correctos.

El presidente de los rectores podía haberse ahorrado la molestia. Le bastaba con haber remitido a los medios de comunicación una nota diciendo que no podía dar los datos sobre las “irregularidades” de Cifuentes porque el asunto se ha remitido ya a la Fiscalía. Porque habló, sí, de “graves irregularidades”, que, sin embargo, no detalló. Ni él, ni los dos responsables del informe, los observadores Carmen Ruiz y José Ángel Contreras, entraron en la cuestión objeto de su comparecencia.

Pero Fernández quería aparecer en público, mostrar su dominio de la escena y demostrar ante los suyos que es el mejor defensor de sus intereses corporativos. En una entrevista en Radio Nacional (emitida por Las Mañanas, el 28 de marzo, miércoles santo), el presidente de la CRUE se mostró magnánimo respecto a la institución que representa. Preguntado por el periodista qué calificación daría a la Universidad española en su conjunto, respondió: “Un ocho”. “Entonces, un notable”, puntualizó el entrevistador. “Un notable alto”, remachó Fernández.

Roberto Fernández habló de “graves irregularidades” sin aportar un solo dato

El presidente de la CRUE recriminó a los partidos políticos y a los medios de comunicación que con su actitud han dañado la imagen de la Universidad. Como si el caso del máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid fuera una anécdota, un accidente impropio de ese templo del saber. Lo que hemos conocido en las últimas semanas -tal vez gracias a una venganza- no es el resultado de un comportamiento aislado, sino una praxis viciada que se ha mantenido durante años y que ha tenido como cabeza visible al responsable del Instituto de Derecho Público, el catedrático Enrique Álvarez Conde. No han sido los servicios de inspección internos de la Universidad los que han detectado esas “irregularidades”, sino precisamente la labor de los periodistas la que nos ha permitido conocer la existencia de ese coladero de titulaciones.

Fernández, que mantuvo siempre la reserva sobre los hechos investigados, sin embargo, se atrevió a recomendar la dimisión de Cifuentes, “si se demuestra que no ha hecho el máster”. “Yo, dimitiría”, sentenció.

De forma involuntaria lo que ha propiciado con su decepcionante aparición pública ha sido un alargamiento artificial de la vida política de la presidenta madrileña. No es que hoy esté en mejores condiciones que ayer para mantenerse en el cargo, pero sí ha conseguido unos días de descuento que alargan su agonía.

Ese oxígeno inesperado le ha dado la oportunidad a Cifuentes de trasladar a Rajoy su al frente de la Comunidad. “Se marchará si el presidente se lo pide”, ha filtrado su entorno que, incomprensiblemente, insiste en su inocencia.

La Universidad española cuenta con extraordinarios profesores y algunas de sus facultades están entre las mejores del mundo. Su prestigio no necesita de lustradores. Lo que requiere es transparencia y depuración de responsabilidades. Justo de lo que careció la rueda de prensa del presidente de la CRUE.