La experiencia nos enseña a no creer en las casualidades. El mismo día en que el rector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Javier Ramos, amenaza con retirarle el máster a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes decide renunciar a él.

El primero advierte en El País: «No tengan ninguna duda de que, de confirmarse el delito de falsedad documental -respecto al máster-, solicitaremos al Ministerio de Educación su retirada». La segunda, en su carta al rector, difundida en OK Diario, le anuncia : «Te comunico formalmente mi decisión de RENUNCIAR a la utilización del Título expedido por la Universidad Rey Juan Carlos, solicitando que dicha renuncia sea considerada con carácter inmediato, a los efectos oportunos».

La sucesión temporal tiene su importancia. Porque la carta del rector fue publicada por El País a las cero horas del día 17 y la de Cifuentes -que lleva fecha 17 de abril- fue publicada por OK Diario poco antes de las 8 de la mañana (de hecho, a las 8,11, la presidenta madrileña tuiteó en su cuenta oficial la información del periódico al que había filtrado la misiva).

Es decir, que la carta de La Presidenta (así es como ella encabeza las cuatro páginas que la componen) es una respuesta al artículo del rector, un contraataque mediático. Su decisión no es, por tanto, producto de una reflexión meditada, sino más bien la consecuencia de un enfado, una respuesta un tanto visceral. Antes de que me quitéis el máster, renuncio yo a él.  Incluso en el caso de que hubiera pensado antes en la renuncia, lo que precipitó su decisión fue la carta de Ramos.

La versión de la presidenta de Madrid hace recaer en la Universidad la responsabilidad de que todas las pruebas de la existencia de su máster sean falsas

Tras el rifirrafe epistolar, lo que queda aún más dañado de lo que estaba es el prestigio de la URJC. En la rueda de prensa que ha ofrecido este martes, La Presidenta dejó el valor de su máster a la altura del betún: «No quiero ese máster… No es habilitante, ni me ha reportado beneficios de ninguna clase… No me ha aportado ninguna categoría profesional». Con esas apreciaciones, ¿quién querría lucir en su currículum un máster de la URJC? Por lo menos, podría haber tenido el detalle de decir que le sirvió para aprender algunas cosas.

Pero ella, La Presidenta, lo que quería era hacerle daño al rector, al que culpó de todos sus males. Le reprocha haberle remitido -sin solicitarlo- un Acta del Trabajo Fin de Máster que era falsa; insinúa de pasada que se han hecho convalidaciones -caso de Pablo Casado– que han sido puestas en tela de juicio; y le responsabiliza de la falta de control que ha propiciado la filtración de sus datos a los medios.

¿Es buena estrategia este ataque sin paliativos al rector y a la propia URJC? No lo parece. Pese a todo, Cifuentes apareció segura de sí misma en su comparecencia pública. Afirmó que no tiene pensado dimitir: «Tengo el apoyo de mi partido y de mi presidente». Poco después, María Dolores de Cospedal salió en su defensa: «Ha escrito una carta bien fundamentada. Continúo apoyando a Cifuentes».

El crédito de Cifuentes está al mismo nivel que el de su máster:  no la creen ni los dirigentes de su partido, ni los miembros del gobierno.

Sin embargo, el crédito de La Presidenta está al mismo nivel que el de su máster. No la creen los dirigentes de su partido, ni tampoco los miembros del gobierno. Tan sólo Cospedal sale en su auxilio, pero no es porque crea su versión de los hechos, sino porque no puede dejar caer a una de sus aliadas sin dar la batalla.

La postura de Rajoy es un poco más compleja de explicar. Ve a Cifuentes como un instrumento de su estrategia electoral. No le va a pedir que se marche, pero tampoco le va a pedir que aguante. Si dimite antes de la moción de censura, el PP mantendrá el gobierno de Madrid. Pero si aguanta y, finalmente, sale adelante la moción con el apoyo de Ciudadanos, el presidente tendrá en su mano una baza para combatir a su principal enemigo: los que voten a Rivera le están dando el voto indirectamente a la izquierda.

Mientras tanto, Cifuentes no se da cuenta de su progresiva soledad, imbuida como está en su lucha a brazo partido por la supervivencia. Acumula así enemigos día tras día: Podemos, el PSOE, Ciudadanos, los medios de comunicación, y ahora el rector de la Rey Juan Carlos.

La presidenta de Madrid debería ser consciente de un hecho incontestable: la única persona de la URJC que afirma que hizo el máster ha sido expedientada por la propia Universidad.