La despenalización de la eutanasia constituye una de las decisiones más trascendentales que puede adoptar el Poder Legislativo en cualquier país democrático. En España ha llegado ya el momento de que este asunto delicadísimo sea abordado con la sensatez, la prudencia y las garantías exigibles porque la sociedad española parece estar perfectamente preparada para asumir que hay dos aspectos en el final de una vida que no tienen por qué constituir un proceso de sufrimiento infinito y dramáticamente inútil porque conducirá irreversiblemente a la muerte.

No hay rechazo social masivo ante dos aspectos diferentes de la misma realidad, que requieren un tratamiento legal y médico distintos pero que están ligados precisamente porque ambos conducen siempre a idéntico final. Me refiero a lo que se llama muerte digna y a lo que conocemos como eutanasia y que significa buena muerte.

Cuando se habla de muerte digna se está abordando el rechazo a la obstinación en la lucha contra la muerte, lo que en su día se llamó “encarnizamiento médico” en un momento en que los avances en la sanidad permiten prolongar la vida o, podríamos decir también, la agonía de un ser humano. En este punto hay un consenso general y se acepta por todos los que intervienen en el proceso de la muerte que la persona rechace ser sometida a pruebas y recursos que le prolonguen una vida que se acerca inevitablemente a su fin. Sobre este aspecto no hay grandes debates sino acuerdo esencial.

La eutanasia es harina de otro costal porque se trata de ayudar a una persona a morir aunque no se esté muriendo

Pero la eutanasia es harina de otro costal porque de lo que se trata aquí es de ayudar a una persona a morir aunque no se esté muriendo, ayudarla porque esa persona haya decidido que ya ha llegado el momento de dejar este mundo.

Aquí existe desde hace muchos años una polémica que en la sociedad se ha venido atemperando con el paso del tiempo pero que en el Congreso se ha enconado de una manera que apunta sobre todo a los intereses políticos de los grupos por alzarse con la medalla de haber sido el autor, o lo autores, de una ley que será histórica, como lo fue la Ley del Divorcio, de 1981, bajo el gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo y siendo ministro de Justicia Francisco Fernández Ordóñez, o como fue la Ley del Matrimonio Homosexual, bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y siendo ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar. Bien, pues esta ley de despenalización de la eutanasia, que probablemente será aprobada en esta legislatura, aunque con los votos del Partido Popular en contra, tiene un calado y una trascendencia mucho mayor de lo que tuvieron las dos leyes anteriores y dejará una huella indeleble en la sociedad española.

En la proposición del Parlamento catalán no se regula nada, no se especifican condiciones, no se establecen controles ni garantías

Y, sin embargo, la tramitación de los proyectos de ley que se han presentado en el Congreso para abordar un asunto tan extremadamente delicado y que exige una precisión y unas prevenciones y controles extraordinarios, se va a convertir en un auténtico disparate. Para empezar, porque este jueves se va a votar la toma en consideración de una proposición de ley presentada por el Parlamento catalán que simplemente se limita a eximir de responsabilidad penal a quien contribuya a la muerte de un enfermo con una patología incurable que le provoque un”sufrimiento físico o psíquico grave”. Y nada más. Aquí no se regula nada, no se especifican condiciones, no se establecen controles, ni garantías, ni nada de nada. Nada.

Se modifica el artículo 143 del Código Penal y santas pascuas. A esto se le llama empezar la casa por el tejado porque resulta que esa modificación del Código Penal debería ser la ultimísima medida que el Congreso adoptara y eso después de haber debatido hasta la extenuación el articulado de una Ley Orgánica que dejara perfectamente amarradas las condiciones en las que unos médicos, unos familiares, quien quiera que sea, pudieran adelantar la muerte de una persona que, por razones perfectamente tasadas y perfectamente acreditadas, en plazos suficientemente largos y médicamente contrastados, haya decido no esperar a que la muerte acuda a buscarle y opte consciente y deliberadamente por ir a su encuentro.

Pues no, señores. El Congreso, con los votos a favor del PSOE va a aprobar la toma en consideración de la proposición del Parlamento catalán. Por eso digo que eso es tanto como poner el tejado antes que las paredes, es decir, ponerlo en el aire. Pero en este caso, si ese tejado aprobado y entrara en vigor, que ojalá no se llegue a producir, significaría que la eutanasia habría quedado despenalizada en crudo, sin anestesia. Y no es por asustar, porque ya digo que es improbable que se llegue a este punto de irresponsabilidad supina, pero con esa modificación del Código Penal sin el freno y las limitaciones de una ley específica que estuviera aprobada de antemano, lo cual quiere decir antes de que se modifique el artículo 143 del Código, podría ocurrir que empezáramos a ver un incremento sospechoso de muertes de enfermos terminales o de ancianos. No se puede ni pensar.

Con esa modificación del Código Penal únicamente podríamos empezar a ver un incremento sospechoso de muertes de enfermos terminales o de ancianos

Y todo este disparate se produce por una cuestión política. Porque la realidad es que existe una llamada  Proposición de Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida que presentó el grupo parlamentario de Ciudadanos ¡en diciembre de 2016! pero que todavía está en tramitación en la Cámara. Los de Ciudadanos aseguran que este retraso se debe exclusivamente a la actitud obstruccionista por parte del grupo socialista.

Pero aún hay más:  el jueves pasado, día 3 de mayo, el PSOE presentó  una Proposición de ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Ambas proposiciones de ley, que no son en absoluto incompatibles y que permitirían un debate sosegado, responsable y constructivo sobre una cuestión de una fragilidad y un riesgo moral extraordinarios, que requiere un trato sutil y exquisito que asegure que no se deja ninguna grieta por la que se pudieran colar homicidios encubiertos o suicidios inducidos, se van a discutir después de haber aceptado la entrada de la despenalización en crudo, que es lo que se va a aprobar el jueves. Y eso no es tolerable porque, aunque queda por delante el debate y la eventual aprobación de esa proposición de modificación a pelo del Código Penal, no es descartable que esa ley entrara en vigor antes de que cualquiera de las otras dos proposiciones de ley fueran aprobadas. Y en ese escenario se podría abrir una puerta muy peligrosa.

PSOE y Ciudadanos deben abandonar inmediatamente ese pulso. Es mucho y muy delicado lo que están abordando

Pero es la consecuencia de una torpe carrera entre estos partidos por ver quién se acaba llevando la medalla de la aprobación de esta ley que tampoco es para celebrarla como si fuera una fiesta pero que evitará en el futuro muchos sufrimientos a quienes saben que van a morir pero no quieren continuar padeciendo hasta exhalar el último aliento de sus cuerpos.

PSOE y Ciudadanos deben abandonar inmediatamente ese pulso. Es mucho y muy delicado lo que están abordando. Y tienen ambos partidos una enorme responsabilidad ante los ciudadanos de la que antes o después tendrán que dar cuentas. La proposición de ley del Parlamento catalán no puede de ningún modo ser aprobada antes de que esté en vigor un marco legal consensuado que regule la eutanasia o como quieran llamar a la “buena muerte”. De esos partidos depende.