Hace ya un tiempo activé en Google una alarma con la palabra felicidad. Tengo varias alarmas, claro. A nivel profesional tengo alarmas para Empleo, Educación, RRHH, Marketing…

Sin duda la alarma que más me inunda el correo de noticias es la de felicidad.

No exagero si digo que al día me llegan más de 15 noticias sobre el tema.

Un día me llega un estudio que dice que los jóvenes son las personas más felices. Al día siguiente puede llegar otro que diga que cuando de verdad de verdad las personas son felices es cuando pasan de los 60. Hay artículos que te hablan de los diez libros que tienes que leer para ser feliz o los diez alimentos que tienes que comer para sentirte más pleno. Un mes después puedes encontrar un artículo con el mismo tema en el que no coincidan ni un solo alimento y ni un solo libro.

He visto estudios que aseguran que Facebook inhibe la felicidad de sus usuarios. Que el sexo oral es el secreto de la felicidad femenina o un estudio que afirma que el yogur helado produce felicidad.

Hay estudios que aseguran que Facebook inhibe la felicidad de sus usuarios.

Y así hasta el infinito y más allá. Según escribo estas líneas me llega una alerta de Google con el último estudio sobre el tema: las mujeres que salen con hombres feos son más felices (muestra: 113 parejas recién casadas en Florida).

Hay más de 230 marcas que el año pasado hablaron de felicidad. Y no hablo de los demás. En primera persona cualquiera puede decir que tengo parte de responsabilidad en que este concepto en estos momentos “esté de moda”.

Así que entiendo el hastío de algunas personas y el movimiento de aquellos que dicen “quiero que me dejen ser infeliz”. Probablemente porque la banalización del concepto lo ha desvirtuado.

Pero me temo que no, que la felicidad no es una moda.

Aristóteles ya explicaba hace más de dos siglos que el fin del ser humano es «ser feliz»

De hecho, he de decir que ya me gustaría ser la directora de márketing de algo que lleva “de moda” más de 2.500 años.

Hace más de dos siglos que un filósofo griego llamado Aristóteles, además de hablar de metafísica, ética, física, lógica o incluso poesía, habló de felicidad. Ya entonces explicaba que la Eudaimonia o la plenitud del ser era el objetivo prioritario de todo ser humano. “El ser humano tiene como único fin ser feliz”.

Séneca, unos años después explicaba en su De vita beata: “todos los hombres, quieren vivir felizmente. Aspiramos a ser felices y para ello intentamos descubrir qué es. Sin embargo, cada persona posee una respuesta, una definición de felicidad diferente».

Epicuro, también filósofo y también griego, no creía que la felicidad proviniera solamente del mundo espiritual, sino que también tenía que ver con dimensiones más terrenales. De hecho, fundó la Escuela de la Felicidad. Fue el gran representante de la escuela del Hedonismo, y para él, la felicidad significaba experimentar placer, tanto a nivel físico como intelectual, eso sí, evitando los excesos: “Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”.

Sócrates, que fue maestro de Platón, decía que “el secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar de menos”.

Pero no solo los griegos hablaban de felicidad. Buda Gautana, el asceta y sabio en cuyas enseñanzas se fundó el budismo decía “la felicidad no depende de lo que tienes o de quién eres. Se basa únicamente en lo que piensas. Según la calidad de mi mente, así será la calidad del mundo que percibo”.

Es curioso ver cómo efectivamente hace ya muchos muchos años la felicidad ya estaba de moda, antes de que siquiera existiéramos los directores de márketing. Pero desde luego les parecía un concepto tremendamente importante para el ser humano.

La felicidad estaba de moda antes de que existiéramos los directores de márketing

Eso sí, también ha pasado por etapas menos dulces. No hace muchos años este concepto tuvo sus detractores y durante una etapa larga la felicidad se consideraba un concepto banal, ñoño, secundario…

Freud decía “solo hay una forma de ser feliz; ser tonto o hacérselo”. Bueno, en realidad no lo dijo él, aunque se le atribuya. Pero para ilustrar lo que quiero expresar, me viene estupendamente. Y es que durante mucho tiempo es un concepto que, efectivamente, ha estado denostado.

Como cualquiera, soy consciente de que hablar de felicidad en un mundo de sufrimiento se hace difícil. Pero es que no es así. Es que confundimos muchas veces los términos. Confundimos lo que es la felicidad y confundimos, desde luego, dónde encontrarla.

Soy consciente de que hablar de felicidad en un mundo de sufrimiento se hace difícil

No ha sido hasta hace unos 30 años, probablemente de la mano de la psicología positiva, cuando se ha empezado a hablar de nuevo de estos conceptos en una dimensión inédita. La ciencia, incluso la neurociencia, han empezado a investigar este tema.

Y esto nos está ayudando a entender y analizar mucho más este concepto en nuestros días e intentar separar lo que es moda de lo que es útil para el bienestar del ser humano.

Eso hace que sea importante el seguir analizando lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de los años. Para poder destilar lo que es y lo que no es. Lo que separa uno de los conceptos más importantes de la historia del ser humano, de la palabra Felicidad en el mundo actual de la inmediatez, la moda y el titular atractivo.