Para poder entender al independentismo, y sobre todo a sus adalides, debemos tener en cuenta la traducción del lenguaje ‘indepe’ al román paladino. Para el caso que nos ocupa, “libertad de expresión” significa que cualquier ‘indepe’ puede decir lo que quiera, donde quiera, como quiera y contra quien quiera. Por el contrario, el constitucionalista que manifieste públicamente sus ideas respecto a la integridad del territorio nacional devendrá en un fascista totalitario.

Quien mejor ha ejemplificado el paroxismo de Torra en relación con la libertad de expresión y los lacitos amarillos ha sido la consejera catalana de Cultura, la inútil Laura Borràs. Y digo inútil porque en nueve meses ha sido incapaz de aprobar el Plan de Museos reclamado por el sector; incapaz de reformar la Ley del Cine y desarrollar su reglamento; e incapaz de la reforma de esta ley que la UE impuso en 2012 por discriminar a los filmes europeos que no están rodados en castellano, exponiéndose a una cuantiosa multa por desobedecer.

La autodenominada “fallera mayor del independentismo” ha defendido la permanencia de los lazos amarillos en organismos públicos manifestando que los mismos, “en origen, es una señal de duelo, posteriormente convertidos en señal de protesta y también de solidaridad y respeto por quienes no están en su casa”.

Torra seguirá de presidente sustituto, pagará la multa y será juzgado por desobediencia. Otro proceso judicial más para victimizarse»

No nos engañemos, el victimismo ‘indepe’ tomó prestada la idea del pueblo judío cuando sufrió la imposición de los hexagramas amarillos por parte de los nazis. Borràs incluso ha manifestado que los lazos “no representan a ningún partido y por tanto son un símbolo no partidista”.

Sin embargo, la propia Generalitat de Cataluña, en su recurso ante la Junta Electoral Central, sostiene que la bandera estelada es un «símbolo que representa un anhelo de libertad y una reivindicación democrática, legítima, legal y no violenta», conforme se declaró en la Resolución 497/X del Parlamento de Cataluña.

Junqueras rechazó en 2012 posar para La Vanguardia con la estelada alegando que es «una bandera de combate y cuando seamos un Estado independiente tendrá su lugar en un museo, pero la bandera de Cataluña es la bandera y será la que represente nuestro Estado soberano”. Es decir, ya en 2012 ni la bandera era pacífica.

En cuanto a los lazos, la Junta Electoral Central resolvió que “la utilización de este símbolo pretende recordar que dirigentes o candidatos pertenecientes a formaciones políticas que se presentan a las próximas elecciones se encuentran en situación de prisión preventiva. También aquí dicho símbolo puede utilizarse legítimamente por determinadas formaciones políticas pero no por las autoridades públicas que deben respetar la neutralidad política durante los procesos electorales”. Lo que, en cierta manera, concuerda con lo recientemente manifestado por la fallera Borràs.

El victimismo ‘indepe’ tomó prestada la idea del pueblo judío cuando sufrió la imposición de los hexagramas amarillos por los nazis»

Así pues, nos encontramos con otro de los mantras ‘indepes’: soy inocente porque obedezco el mandato del pueblo catalán (aunque el pueblo catalán no llegue ni a la mitad del censo electoral).

¿Qué pasara si la Junta Electoral Central impone la multa a Torra y ordena la retirada de los lazos? Más tensión en las calle, más violencia (en lenguaje ‘indepe’ se llamará defensa del territorio y libertad de expresión) y los Mossos volverán a estar otra vez entre la espada y la pared, ya que si no retiraron las urnas dudo que retiren lazos de edificios de la Generalitat. Torra seguirá de presidente sustituto, pagará la multa y será juzgado por desobediencia. Otro proceso judicial más para victimizarse.

La carrera de Al Capone acabó por los impuestos. Veremos con qué dinero se paga dicha multa…