Desde que a finales de 2017 el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena asumió investigar a los impulsores y ejecutores del denominado ‘procés’ soberanista en Cataluña gran parte de sus abogados han centrado sus esfuerzos procesales y mediáticos en tratar de convencer a los ciudadanos de que estamos ante un “juicio político” donde no se están respetando los derechos fundamentales de sus clientes.

La campaña de descrédito contra la última instancia jurisdiccional de España fue total e indisimulada. “Hagan de jueces y no de salvadores de la patria” dijo el abogado de Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sánchez, el prestigioso penalista catalán Jordi Pina, al tribunal durante el previo pronunciamiento de la vista oral. Su compañera, la letrada Marina Roig, que ejerce la defensa de Jordi Cuixart, reprochó al Supremo que “estamos ante la judicialización de un problema político”.

Aquel día fue la puesta en escena de un juicio histórico que está siendo retransmitido en directo, minuto a minuto, para todos los ciudadanos de este país. Luego llegaron las cuestiones previas y esas defensas activistas trataron de meter miedo en el cuerpo a la Sala con la idea de que ‘su partido’ se juega en Estrasburgo, es decir, en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en vez de en el antiguo Palacio de las Salesas en Madrid.

Y así arrancó la vista oral, y transcurrieron los días y ya superadas las treinta sesiones del juicio ha quedado claro que algunos de esos letrados no tratan de convencer al tribunal que preside Manuel Marchena de la inocencia de los líderes del ‘procés’ sino que hablan para aquellos telespectadores de la TV3 que ven a los acusados como mártires presos perseguidos por luchar por la independencia de su ‘país’. Esta situación es tan evidente que el propio Marchena ha dicho en más de una ocasión que el reto probatorio que tienen las defensas es “convencer a la Sala” de su tesis exculpatoria no interrogar de “cara a la galería”. “Traten de convencernos a nosotros que les irá mejor”, sostuvo el magistrado que dirige el juicio más importante de la democracia.

Marchena, a las defensas: Traten de convencernos a nosotros, les irá mejor. No interroguen de cara a la galería”

Sin embargo, no todos las defensas profesan esa fe a la propaganda independentista. También hay algún verso suelto en el estrado de los abogados. Lo es Javier Melero, el letrado que hace una defensa técnica del ex conseller de Interior Joaquim Forn (él mismo dice que es la única que sabe hacer) y que se ha ganado el respeto de la Sala. Cuando interroga todos los magistrados lo escuchan con atención y al formular alguna solicitud o protesta por un hecho ocurrido en la sala de vistas hace incluso dudar a los siete miembros que componen el tribunal del ‘procés’. Lo hizo, por ejemplo, cuando protestó porque el fiscal Javier Zaragoza estaba interrogando al ‘major’ de los Mossos Josep Lluís Trapero sobre la reunión que mantuvo con el Govern a tres días del referéndum del 1-O y Vox, que propuso esa testifical, no lo había hecho previamente. Melero provocó que la Sala tuviera que retirarse a deliberar y que hubiera debate interno sobre si el presidente del tribunal debía o no formular esa pregunta al testigo ya que se podía violentar las reglas del principio acusatorio de nuestro proceso penal y luego el fantasma de Estrasburgo está ahí.

También obligó a la Sala a deliberar cuando pidió un careo entre el coronel Diego Pérez de los Cobos y el jefe de los Mossos Ferrán López ya que lo que uno y otro dijeron sobre la actuación llevada a cabo por la policía autonómica catalana en el ‘procés’ eran tesis antagónicas.

Pero Melero no es sólo un verso suelto porque defienda a su cliente siguiendo estrictamente las reglas del juego del proceso penal -sin estridencias- sino porque además no esconde que no es independentista. Días antes de que comenzara el juicio declaró en RAC 1 que el Supremo era un tribunal prestigioso y que él no sabe “lo que es una causa política. Yo sé lo que es una prueba y la responsabilidad sobre unos hechos”, aseveró para disgusto de sus compañeros.

De ahí, que haya ocasiones en las que no pueda ocultar su malestar con las preguntas impertinentes o, simplemente disparatadas, que hacen algunos de sus colegas. Además, a veces el juicio depara sorpresas como la vivida esta pasada semana cuando un agente de Policía reveló que el letrado de ERC Andreu Van der Eyden hizo de mediador en uno de los colegios electorales durante la jornada del referéndum ilegal del 1-O. “Permítame, señor letrado, usted estuvo en el colegio Dolors Monserdá. Sabe perfectamente cómo se producían las intervenciones en los colegios”, dijo un comisario de Policía a Van der Eyden. La cara de Melero lo decía todo. No salía de su asombro.

Javier Melero es el verso suelto en el estrado de las defensas, el único abogado que sin estridencias ha obligado a deliberar a la Sala sobre dos de sus peticiones

Sin embargo, el más combativo de los letrados activistas es Jordi Pina, quien más encontronazos ha protagonizado con Marchena. El único que ha agotado su paciencia. Ocurrió cuando interrogó a un agente de la guardia civil y le dijo que si sabía que a la entrada de un colegio electoral se “arrasó” por parte de la fuerza actuante a un manifestante que estaba con las manos levantadas. “Es que voy a ser más preciso, es que lo estoy viendo”, subrayó el abogado visiblemente enfadado. El testigo decía que no se arrasó a nadie y que no sabía qué vídeo estaba viendo la defensa. Entonces Marchena le reprochó al penalista su falta de seriedad. “Lo que podemos hacer es que testifique usted en vez del testigo. Esto no es serio, señor Pina. Usted normalmente se comporta como un letrado serio pero en este momento no se ha comportado como un letrado serio”, recalcó el presidente de la Sala Segunda del Supremo.

“Tiene usted razón pero señoría…” dijo rápidamente Pina queriendo explicar su posición sin éxito… “Ya está. Como tengo razón mejor lo dejamos y hace otra pregunta. No me dé explicaciones porque a lo mejor agravan su actitud”, indicó el magistrado. Días después el letrado manifestó en TV3  que entonaba “el mea culpa por haber hecho algunos comentarios que han molestado a la Sala”. En lo sucesivo ha moderado los términos de sus interrogatorios.

Sin embargo, esta no era la primera vez que Jordi Pina jugaba con fuego en la vista oral. Con anterioridad había intentado recordar a un miembro de la Guardia Civil que estaba bajo juramento tratando de hurtar las funciones al presidente de la Sala. “A ver señor Pina, formule una pregunta que las generales de la ley ya se las ha formulado el presidente”, apostilló Manuel Marchena. También trató de omitir las lesiones de otro agente cuando lo interrogó. El testigo que conocía el parte completo de lesiones le pidió al letrado que siguiera leyendo. “Presenta hematomas en ambos brazos y piernas”, rezaba aquel documento médico. El presidente de nuevo tuvo que llamarle la atención: “Señor Pina, si leemos el documento, lo leemos íntegro. Si no, espere a espere a la prueba documental. Pero no interrogamos sobre un documento fraccionándolo”.

Pina es el único letrado que ha logrado sacar de sus casillas a Marchena. Lo que podemos hacer es que testifique usted, le dijo el presidente de la Sala

Junto a Van der Eyden y Pina, se encuentran los abogados de Cuixart Benet Salellas, Marina Roig y Alex Solá también comprometidos con el independentismo y a los que también en alguna ocasión Marchena les ha llamado la atención por sus preguntas. De hecho, Salellas, también activista, fue diputado de la CUP en el Parlament. En su primera intervención en el juicio pidió la expulsión de Vox de la causa y defendió que en el procés se estaban vulnerando derechos fundamentales del líder de Òmnium Cultural ya que sólo se le estaba juzgando por ejercerlos, lo que -dijo-  “llevaría a vaciar de los mismos al sistema democrático”.

Y frente al activismo soberanista, Vox ha optado en este juicio por adoptar un perfil bajo. Sin polemizar -algo que tanto le gusta hacer a la formación de Santiago Abascal- y tratando de proyectar una imagen de partido constitucionalista. La cita con las urnas está muy cerca.