La misma noche en que ardía Notre Dame circulaban ya por la red teorías de la conspiración que apuntaban a una silueta misteriosa que podría estar detrás del incendio; numerosos mensajes acusaban también a que los islamistas de estar detrás de la destrucción de este símbolo casi milenario de Europa y de la cristiandad. Cuando los bomberos parisinos fueron aclarando que todo apuntaba a una negligencia involuntaria, los reproches al mundo islámico no cesaron. «Los islamistas quieren destruir Europa y la civilización occidental celebrando el incendio de #NotreDame. Tomemos nota antes de que sea tarde», escribió el candidato de Vox, Santiago Abascal, que no perdió la oportunidad de mezclar churras con merinas para sacar algo de rédito electoral de la tragedia. El mensaje del candidato mostraba como prueba de su acusación unos emojis sonrientes descontextualizados, de cuentas anónimas con nombres aparentemente musulmanes, celebrando el incendio. Al día siguiente de que las llamas en el corazón de París fueran controladas, las redes sociales del entorno de Vox seguían alimentando la idea de que el poder oculta «la verdad» sobre las causas del terrible  incendio, por más que las autoridades hayan descartado que sea provocado. El Patrimonio de los europeos está en peligro. Y, según Vox, no precisamente por la falta de planes de prevención de incendios en monumentos emblemáticos. La verdad es mucho más oscura y, casualmente, acorde con sus intereses electorales.

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