Cómo no vamos a estar más indecisos que nunca los ciudadanos de a quién votar el domingo 28-A si incluso los políticos dudan hasta el último momento de en qué partido estar. Se ha transformado tanto la política española en tan poco tiempo que no todos los que integran las candidaturas parecen convencidos de estar en la que más corresponde a su ideología. La última prueba del desconcierto ha sido el abandono de Ángel Garrido, por sorpresa y por la espalda, de las listas del Partido Popular para integrarse en las de Ciudadanos. Cambia de partido «por convicciones» en busca, dice, del «centro político». Quién nos lo iba a decir en una melé de toreros, militares y tertulianos, que la incorporación más sorprendente en las listas de esta eterna campaña electoral iba a ser precisamente… ¡un político! Eso sí que es innovador: convertir en fichaje mediático un señor que lleva 30 años en política y al que no le bastó con llegar a la presidencia de la Comunidad de Madrid para que nos aprendiéramos su nombre. No fue hasta febrero, cuando protagonizó el órdago a los taxistas en huelga, que los madrileños nos percatamos de quién era este señor de pelo gris que de vez en cuando aparecía en el telediario.

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