En verano los libros y las series se saborean de otra manera. Nos gusta que nos cuenten historias en todas las estaciones, pero cuando cae la noche después de un día caluroso estamos deseando que nos transporten a otros mundos. La Maravillosa Señora Maisel (Amazon Prime) ha sido un descubrimiento de este agosto y gracias a la maestra tuitera Dori Toribio veo que el 6 de diciembre se estrena la tercera temporada.

Otra maravillosa señora, Beatriz Becerra, fue quien me recomendó las andanzas de la señora Maisel, una mujer irreverente y singular. Inconformista. Inclasificable. Trump diría nasty. «¿Por qué hemos de fingir ser estúpidas cuando no lo somos? ¿Por qué hemos de fingir estar desamparadas cuando no lo estamos? ¿Por qué hemos de fingir no tener hambre si estamos hambrientas?» Miriam Midge Maisel duda y se pone en duda.

Terminaba de ver el último capítulo sobre la vida de Midge, tan femenina como feminista, cuando Donald Trump volvía a pronunciar la palabra mágica: nasty. Es su calificativo favorito para referirse a las mujeres, aunque también lo ha usado con hombres, que se atreven a contradecirle y que le ponen en evidencia. A nasty woman es una mujer desagradable y malvada. Sería el equivalente a bad hombres. Pero una bruja siempre es peor.

La última Señora Nasty, en palabras de Donald Trump, es la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen. Su delito ha sido calificar de «absurda» la idea del presidente de Estados Unidos de comprar Groenlandia.

The Wall Street Journal reveló el viernes que Trump había mostrado su interés a varios asesores en comprar Groenlandia. La cuestión tenía aun mayor interés, dado que el presidente de EEUU tenía previsto visitar Dinamarca, país del que forma parte Groenlandia, el 2 y 3 de septiembre, tras ser invitado por la reina Margarita en junio pasado. La noticia causó extrañeza, pero la fiabilidad del medio llevaba a deducir que no era un bulo. En realidad, ya manejó la idea el presidente Harry Truman en 1946 y ofreció 100 millones de dólares en oro. Pero los tiempos han cambiado desde entonces.

Si bien la primera ministra danesa señaló que la idea le parecía absurda, Trump dio importancia a esta reacción hasta que toda la clase política danesa reaccionó estupefacta a su plantón. El tuitero-en-jefe anunció en su red social favorita que no iría a Dinamarca y agradeció a Frederiksen que ahorrara a los dos países tiempo y dinero. La primera ministra danesa quiso quitar hierro a este desplante y subrayó que las relaciones entre los dos países eran y seguirían siendo sólidas. Al verse cuestionado, Trump arremetió contra Frederiksen, a quien llamó «nasty woman» por ofender al pueblo americano al calificar como «absurda» la idea de Trump porque él encarna al pueblo.

La primera vez que Trump utilizó el calificativo nasty para referirse a una mujer fue en el último debate de la campaña presidencial con su rival demócrata, Hillary Clinton. En ese caso la ex secretaria de Estado explicó que pretendía mejorar la atención social incrementando los impuestos a los más ricos, como es su caso y sería el de Trump, si pagara lo que le corresponde. «Such a nasty woman«.

Aquella alusión hizo enloquecer a las redes sociales. Florecieron las nasty women y una empresa que empezó a vender camisetas con el lema hizo su agosto en octubre. Incluso se lanzó el Nasty Woman Movement, que reclamaba este adjetivo peyorativo como su imagen de marca para mostrar su rebeldía. El problema es que cuando la irreverencia se convierte en etiqueta deja de serlo para convertirse en mercadotecnia.

Desde entonces, Trump ha calificado como señoras nasty a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien habría declarado que le gustaría ver al presidente en la cárcel tras un impeachment, algo que no se confirmó si había dicho realmente, a aspirantes a la carrera demócrata como Kamala Harris y Elizabeth Warren, y a la duquesa de Sussex, la ex actriz estadounidense Meghan Markle.

Quien fuera protagonista de la serie Suits dijo en 2016 en una entrevista en televisión que Trump era un misógino. Y Trump respondió que no sabía que ella fuera nasty. Cuando en junio el presidente de EEUU visitó oficialmente el Reino Unido y acudió a varios actos con la reina y su familia no coincidió con la duquesa porque acababa de dar a luz a su primogénito.

Para Trump es malvada toda aquella mujer que le lleva la contraria o le cuestiona. Es una concepción simplista de la vida. Trump ve todo en blanco y negro. Y lo peor es que nos hace verlo así. A quienes piensan como él y a quienes le detestan.

Hay señoras nasty de todo tipo, pero es la señora Maisel quien, en mi opinión, encarna mejor el espíritu libre de la irreverencia. Miriam Midge Maisel es convencional y rebelde; conservadora y revolucionaria; tradicional e innovadora.

La señora Maisel se ríe de sí misma y así consigue que los demás aprendan a hacer lo mismo, no tomarse tan en serio. Es contradictoria y coherente. No encaja en las etiquetas. Utiliza la palabra para rebelarse y se hace humorista por azar. Sus deducciones son lógica en estado puro. «Si las mujeres no se dan cuenta de lo que pasa en el mundo, no se involucrarán ni tratarán de arreglarlo». De eso se trata, de tomar conciencia y actuar.