El relato que la Guardia Civil hace al juez García-Castellón de las actividades de los CDR detenidos y las conclusiones que el propio magistrado deja claras en sus autos nos describen la creación, organización y planificación de la tercera pata -hasta ahora secreta- del independentismo que siempre se ha autoproclamado pacífico y que ahora necesita, para intentar eludir la evidencia, recurrir a excusas ramplonas como que las confesiones hechas por algunos de los detenidos han sido obtenidas bajo condiciones sospechosas. No se atreven todavía a decir que han confesado bajo tortura porque el aspecto rozagante de algunos de los miembros de esos CDR «especializados», llamados Equipo de Respuesta Táctica (ERT), mientras prestan declaración ante el juez no permiten colar esa trola ni al más fanatizado de sus seguidores.

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