El primer día de confinamiento en España el profesor Luis Moreno y yo concluimos nuestro libro Europa frente a Estados Unidos y China: prevenir el declive en la era de la Inteligencia Artificial. A los pocos días nos percatamos claramente que la crisis del coronavirus confirmaba lo que en 400 páginas intentamos demostrar: el alto coste que para Europa representa su  atraso digital, y la necesidad de cambios y reformas urgentes en la educación, legislación, emprendimiento o sus débiles ecosistemas. También en la eficiencia de las administraciones para enfrentarse a retos globales y en llevar cabo una ambiciosa apuesta en Inteligencia Artificial (IA), entre otras iniciativas.  

A mediados de febrero los europeos y americanos tenían la certeza absoluta de que China y Asia eran la parte más débil y vulnerable ante esta pandemia. En menos de dos meses, bastantes países asiáticos han mostrado una diligencia y efectividad absoluta: China, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, entre otros. Mientras Europa, especialmente Italia y España, y Estados Unidos están siendo desbordados por una pandemia que además de miles vidas se va a llevar por delante millones de puestos de trabajo debido al confinamiento. Xavier Ferrás atinadamente ha indicado que la crisis del coronavirus ha generado lo que denomina “ Las tres D”: Disciplina asiática. Descoordinación europea. Darwinismo americano.

Europa, es la tecnología digital, debemos aprender de los errores

Pese a que muchos se empeñan en poner énfasis en el “entrenamiento” sanitario que para los países asiáticos significaron otras epidemias antecesores del coronavirus actual como el SARS o el MERS, en todos ellos el data, la trazabilidad y control digital de los contagios ha sido  fundamental para superar y erradicar el problema.

Incluso tras el exitoso caso mediático de Corea del Sur los españoles nos empeñamos en poner foco en detalles sanitarios, y no en la necesidad de hacer test y un estricto y eficiente control de movimientos. Como ocurre actualmente con los contagiados y extranjeros que llegan a Corea y otros países asiáticos procedentes de países con altos contagios. Sin este control, el problema se volvería a reproducir quizás con la virulencia que lo hace actualmente en Italia, España, Estados Unidos, o China en un principio.

El Gobierno español -e imagino que otros europeos- tienen a su disposición propuestas y herramientas digitales para llevar a cabo un control de los focos y haber tratado de confinar el problema en sus orígenes. Debemos reflexionar sobre nuestras leyes de privacidad y su interpretación, sobre qué trabas normativas nos impiden desarrollar herramientas como las usadas en China, Taiwán, Singapur o Corea del Sur.

El derecho a  la privacidad podría estar limitando el derecho a la libertad, el derecho al trabajo e incluso el derecho a la vida. El confinamiento conlleva “el arresto domiciliario” de la población, la destrucción de la economía y muchos empleos. Las personas asintomáticas potencialmente llevamos un “virus asesino silencioso” que mata a nuestros mayores. Anteponer el derecho a la privacidad al derecho a la vida o al de libertad de movimientos no tiene sentido, es un dislate. Hemos sobrealimentado un discurso hipócrita en torno a la “privacidad”, término que a mediados del siglo pasado no lo recogía el diccionario de María Moliner. En el libro citado al principio, precisamente, abundamos en los costes de la sobrerregulación europea como uno de los desencadenantes de la actual brecha tecnológica entre Europa y Asia.

Pensar en el futuro:  España e Italia tienen una gran oportunidad

No estamos en condiciones de extenuarnos en debates que nos lleven a ninguna parte. Hay gobiernos variopintos ideológicamente en el conjunto de Europa y no parece que ninguno de ellos haya destacado, por ahora, por su diligencia y efectividad a la hora de hacer frente al coronavirus, y lo que viene: una crisis económica y social que no tiene precedentes recientes conocidos.

Necesitamos crear confianza. Mucha confianza. Tenemos asustados a sectores claves como el turismo, los inversores, consumidores y a una población altamente envejecida. Nuestra economía antes del coronavirus ya ostentaba la tasa de desempleo juvenil más alta de Europa tras Grecia. Esta crisis plena de animal spirits keynesianos puede ser una nueva estocada en nuestro vulnerable sistema. Si la situación de España en 1977 justificó los Pactos de la Moncloa, habría que estar ciego para no darse cuenta de la urgencia de unos nuevos pactos de Estado.

H. A. Kissinger ha señalado acertadamente que los líderes están lidiando con la crisis desde una perspectiva principalmente nacional, pero los efectos corrosivos que el virus tiene en las sociedades no conocen fronteras.  Apunta que “si bien el ataque a la salud humana será temporal, la agitación política y económica que ha desencadenado podría durar generaciones. Ningún país, ni siquiera los Estados Unidos, puede, en un esfuerzo puramente nacional, superar el virus”.

Hay que generar consensos frente a una crisis financiera sin precedentes, dentro o fuera de la comprensión de la Unión Europea. Debemos aparcar cualquier tema de la agenda política que no sea el sacar adelante a una economía extraordinariamente impactada y con millones de personas afectadas, muy vulnerables.

España e Italia tienen un gran oportunidad por haber sido pioneras en el contagio masivo de su población. Pese al gran desastre en vidas humanas que ha supuesto el contagio que estamos padeciendo en nuestros países, la inmunidad de una gran parte de la población se podría convertir paradójicamente en nuestro mayor activo de cara a una pronta normalización y al futuro.

Si las estimaciones del Imperial College de Londres sobre España son ciertas (lo serán más tarde o temprano) tendríamos ya bastantes millones de personas inmunizadas. Coincidiendo con los momentos en los que lo peor de la crisis discurra en otros países confinados, España podría volver a recuperar su actividad laboral y aportar a otros países su capacidad productiva para generar los bienes y servicios que son necesarios. También recuperar cuanto antes su imagen exterior y su actividad turística. Para esto, salir del confinamiento pronto y bien es clave.

«Puedes centrarte en las barreras o bien en escalar el muro y redefinir el problema» (Tim Cook)

España tiene otro gran activo en su sociedad. Ha habido aplausos diarios y merecidos a un personal sanitario ejemplar. Entre muchas actitudes ejemplares, no es muy conocida la tecnológica. En mi entorno, nada más propiciarse las primeras señales de alarma, la gente más talentosa[1] desarrolló ideas y herramientas open source comparables a las más avanzadas de Asia y las pusieron a disposición pública. Esperaron y se pusieron a disposición del Gobierno y la sociedad, sin molestar y sin ninguna petulancia de ostentación o de poseer ninguna verdad absoluta.

El Gobierno actual debe tener presente que “good is the enemy of great”, algo que corroboró Jim Collins (Harvard Business School) tras muchos años de investigar y analizar cómo se alcanza el éxito ante los complejos retos de nuestro mundo actual. No basta con los buenos, ante situaciones altamente complejas le toca al turno a los mejores.

Cualquier Administración deberá utilizar a los mejores y sacar lo mejor de la sociedad para gestionar la enorme incertidumbre y complejidad actual y la intensidad y entidad de los cambios. Un contexto donde el orden económico mundial sufrirá transformaciones relevantes acentuando la hegemonía de China y Asia y las no muy esperanzadoras perspectivas de Europa tras unas convulsiones financieras previsiblemente mayores que las de la crisis de 2008.

La crisis del coronavirus es incompatible con los Gobiernos analógicos y la ineficiencia en general. Estamos gestando una economía mucho más digital. Sólo en un mes se ha avanzado más en la digitalización de la economía y la sociedad que el último quinquenio: teletrabajo, banca digital, educación a distancia, comercio online, administración electrónica, asistentes virtuales… Tras esta crisis la sociedad y la economía habrán cambiando. En esta nueva era digital la IA marca la diferencia entre ir en un bólido de carreras o en carreta. Ahora es necesario que las administraciones se pongan al volante del bólido.

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[1]  En mi entorno físico, Nuria Oliver, Andrés Torrubia, Aurelia Bustos, Javier García, Manuel Desantes, la comunidad Torre Juana OST, 1millionbot, AlicanTec… Las universidades y decenas más.