Confieso mi total sorpresa tras la lectura de la información que publica en estas páginas Carmen Lucas-Torres según la cual las muertes por violencia machista han descendido a menos de la mitad durante este confinamiento si se comparan con las que corresponden al mismo periodo de años anteriores. Yo estaba segura de que iba a suceder lo contrario, que el número de las mujeres asesinadas se iba a disparar en este tiempo.

Mi razonamiento era tan simple como equivocado: metidos en la misma casa el agresor y su víctima, con los hijos presentes constantemente y con la creciente tensión añadida de un enclaustramiento obligado y prolongado en el tiempo, el perfil del asesino en potencia se agravaría de manera que produciría efectos terribles y dramáticos, aún más que en circunstancias habituales.

No ha sido así sino todo lo contrario y a eso hay que buscarle una explicación. Sin ser ni muchísimo menos una experta en este ámbito, se me ocurre, como mera reflexión, que es probable que la pretensión dominadora del varón maltratador se vea mucho más satisfecha cuando tiene a su disposición de modo permanente e inevitable a su víctima. En esas condiciones puede humillarla una y otra vez sin posibilidad alguna de que ella se rebele porque está confinada junto a su verdugo. Tiene el campo libre para sus fechorías.

Existen quizá otras explicaciones para ese dato para mí sorprendente. Una de ellas es que el potencial asesino sabe que no puede escapar porque la prohibición de salir a la calle le obligaría a permanecer junto al cadáver de su víctima día tras día a menos que optara por llamar a la Guardia Civil y confesara directamente su responsabilidad en el asesinato.

Es verdad que en algunos casos el asesino opta por quitarse a continuación su propia vida y entonces esa explicación no serviría. Pero no es eso lo habitual. Lo habitual es que el asesino huya y que las fuerzas policiales inicien una investigación destinada a identificar, perseguir y detener al culpable. En una situación de confinamiento como la que padecemos hoy no es posible escapar o en último caso sería extremadamente difícil hacerlo. El asesino esperará a tener la huida asegurada.

Las agresiones se están embalsando porque las circunstancias no favorecen las intenciones homicidas pero en cuanto se levante la reclusión probablemente asistiremos a un repunte brutal

Hay otro aspecto, éste aplicable a los psicópatas de los celos, que podría estar incidiendo también en el menor número de muertes por violencia machista y es que la mujer está a todas las horas del día en casa y sus movimientos quedan por lo tanto sometidos al más exhaustivo control por parte de su maltratador. En una palabra, y espero que se me interprete correctamente lo que voy a decir, que la mujer «no le da motivos» para sus ataques de celos ni para su desconfianza en qué hace o deja de hacer la mujer cuando sale por la puerta y se dirige a su trabajo.De momento está tranquilo pero sólo de momento.

O quizá suceda que el maltratador, que en muchos casos es un borracho violento, no encuentra en este tiempo en que todos los bares están cerrados, ni la oportunidad ni el entorno habitual en el que él suele cogerse las cogorzas. Este tipo de hombres no suele emborracharse en soledad, él solo con una botella en su propia casa, sino que lo hace en un ambiente social y propicio para beber sin cuento ni medida. En estas circunstancias esa opción no está al alcance de su mano. Éste es otro tipo de maltratador que esperará a ocasión más propicia para cometer sus atrocidades.

Pero que la amenaza no ha disminuido y que estas cifras pueden tener las explicaciones que se quiera, pero de ninguna manera la de que esta lacra ha bajado en intensidad, lo demuestra otro dato muy revelador: el de que las llamadas al teléfono 016 de atención a las víctimas de violencia de género aumentaron un 47,3% en el mismo período.

Eso significa que las agresiones contra las mujeres sencillamente se están embalsando porque las circunstancias no favorecen las intenciones homicidas pero que en cuanto se levante la reclusión probablemente asistiremos a un repunte brutal de los asesinatos.

Quisiera equivocarme pero creo que va a suceder así.