El secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) lanzó ayer en su cuenta de tuiter un mensaje que hizo las delicias del achicharrado Gobierno de Pedro Sánchez: «Good to see Spain among top 10 testing countries». Y lo acompañaba de un gráfico en el que España aparecía por delante de Alemania, Noruega o Dinamarca en la clasificación por el número de test realizados por cada 1.000 habitantes.

El presidente del Gobierno se subió a la ola y publicó el tuit de Gurría en su cuenta particular: «España está entre los 10 primeros países de la @OCDE que más pruebas de COVID-19 realiza».

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, no se quiso quedar atrás y también dio la buena nueva en su cuenta de tuiter: «La @OCDE sitúa a España en el octavo puesto de los países con más test de COVId-19 realizados».

Illa no desaprovechó la rueda de prensa de las 14,30 horas para volver a insistir en ese dato, que situaba a España «por encima de Alemania, Francia y Estados Unidos».

Como supimos ayer por la tarde, Gurría había metido la pata o bien le había hecho un favor a Sánchez incluyendo en el gráfico, que recoge exclusivamente los datos de test PCR, los ofrecidos por el Gobierno español, que incluyen, además de los PCR, los test anticuerpos, también llamados test rápidos.

España quedaba así dopada en más de 310.000 test, sin que Ángel Gurría hubiera advertido de ello al público. De haber sido homogénea la presentación de los datos en el ranking, España hubiera caído al puesto 17, por debajo de la media de los países de la OCDE.

Gurría, con su error o favor a Sánchez, ha provocado el enfado de la fuente de información de su ranking, OurWorldinData, de la Universidad de Oxford. Su fundador, Max Roser, llamaba la atención, también a través de tuiter, de la confusión que provocaba la difusión de los datos tal y como lo había hecho el secretario general de la OCDE.

El editor y columnista de The Economist, Michael Reid, se pregunta hoy a través de la misma red social por qué la OCDE ha mezclado los datos que recoge la Universidad de Oxford con los que da el Gobierno español. También llama la atención sobre la contradicción en la que incurre el propio Gobierno español al enviar a la OCDE datos de PCR y test rápidos, cuando Sanidad eliminó estos últimos al reelaborar sus cifras de infectados por el virus.

En lugar de pedir disculpas Gurría le quita hierro al asunto y dice que los rankings no son «concursos de belleza» ¿Dónde queda el crédito de la OCDE?

La polvareda estaba servida y por eso tenía interés en escuchar a Gurría -a quien conozco desde hace muchos años-. Le he escuchado en la entrevista que le ha hecho Carlos Alsina y, la verdad, sus explicaciones me han dejado aún más preocupado de lo que estaba ayer.

Gurría le quita hierro al asunto y dice que lo importante es que España está mejorando y que se encuentra «en la media de la OCDE». Lo que deja su credibilidad en entredicho es cuando afirma: «Esto no es un concurso de belleza, no se trata de estar viendo rankings». Cuando fue precisamente él el que lo convirtió en un concurso de belleza al resaltar que España ya estaba en el top ten de la clasificación.

Ha reconocido que sabía que España estaba dando datos que no eran homogéneos con los de la Universidad de Oxford, y se disculpa: «Habría que haberlo reseñado a pie de página».

La OCDE basa su prestigio en la credibilidad de sus datos y lo que los medios recogemos siempre de sus informes económicos son precisamente sus rankings, precisamente porque no los consideramos como concursos de belleza, sino como el reflejo de la realidad en cifras. ¿En qué lugar deja Gurría la solvencia de la OCDE al actuar con tanta ligereza?

Tras escucharle en Onda Cero me inclino más por la teoría del favor. Gurría lleva siendo secretario general de la OCDE desde 2006 y quiere repetir. España le debe una.