La empresa pública Correos lanzó la semana pasada una campaña con motivo de la celebración del Día del Orgullo Gay, que se celebrará el próximo 28 de junio, aunque este año sin la tradicional manifestación por las restricciones sanitarias que impone el Covid-19.

Supongo que sabrán a que me refiero. Muchas de las furgonetas de la compañía (tradicionalmente pintadas de amarillo) han sido coloreadas con el arco iris, que es la bandera del movimiento LGTB. También se han pintado algunos buzones y se han distribuido abanicos con esos colores. La campaña también está siendo intensa en redes sociales.

No tengo nada en contra del movimiento gay. He estado siempre a favor, incluso cuando no era políticamente correcto. Pero eso es una cosa y otra ver bien todo lo que se haga para capitalizar políticamente la reclamación de unos derechos que tienen que ver con lo que en democracia llamamos ciudadanía: todos iguales, con las mismas obligaciones y derechos, independientemente del sexo, la religión o la ideología.

Le he pedido a mi amigo Miguel Sebastián que de su opinión en estas páginas sobre el asunto. Él está a favor. Y además es un gran polemista. Sus artículos en El Mundo enfrentados a los de Luis de Guindos marcaron época.

Si la idea del presidente de Correos se expande, veremos a las empresas públicas dedicadas a publicitar causas nobles y olvidándose de que lo primero que tiene que hacer es dar un buen servicio

Sin más dilación paso a exponer las razones por las que creo que no ha sido una buena idea poner en marcha esa campaña.

1ª Las políticas de igualdad le corresponden al Gobierno. Este Gobierno, de hecho, cuenta con un Ministerio de Igualdad, al frente del cual está Irene Montero. En la página web del departamento se puede leer cuáles son sus funciones, entre ellas «la eliminación de toda forma de discriminación por razón de sexo, origen racial o étnico, religioso o ideología, orientación sexual, identidad de género, edad, discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social».

Es a ese Ministerio y al Gobierno en su conjunto a los que les corresponde llevar a cabo esas políticas de igualdad.

2ª Si Correos se lanza a la defensa del movimiento gay, ¿qué impediría que otras empresas hicieran lo mismo con otros causas no menos dignas? Hunosa, por ejemplo, podría hacer una campaña en favor de las energías limpias, o Red Eléctrica otra a favor de la mujer, pongamos por caso.

3ª Los responsables de las empresas públicas tienen que hacer una gestión encaminada a aumentar su rentabilidad o aminorar sus pérdidas. El dinero que manejan es de todos, lo que obliga a ser todavía más cuidadoso a la hora de gastarlo.

Correos, por ejemplo, tuvo el año pasado un modesto beneficio de 14,8 millones de euros, sobre una facturación de 2.400 millones. Pero este año, por diversos motivos, entre otros la caída de los envíos por correo a consecuencia del coronavirus, sus pérdidas puede rondar los 700 millones. Y todo hace pensar que, por primera vez en su reciente historia, Correos tendrá que endeudarse.

Hubiera sido mejor ahorrarse ese dinero aunque sólo sea para que ninguno de sus 40.000 trabajadores temiera por su empleo.

No es que el coste de la campaña -ya conoceremos su cuantía a través del portal de transparencia- sea mucho o poco lo importante. Aunque por ahora no lo sabemos. Pero, en todo caso, hubiera sido mejor ahorrarse ese dinero aunque sólo sea para que ninguno de sus 40.000 trabajadores temiera por la continuidad de su empleo.

4ª Mi última objeción tiene que ver con algo que tanto el PSOE como Podemos criticaron con virulencia cuando estaban en la oposición: las puertas giratorias.

Juan Manuel Serrano, presidente de la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos es licenciado en derecho por la UNED. Su experiencia profesional se limita a haber sido el director de sistemas de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), y sobre todo, el haber sido jefe de gabinete y hombre de confianza de Pedro Sánchez.

Serrano aspiraba a ser jefe de Gabinete de Sánchez una vez que este fue investido presidente del Gobierno tras la moción de censura. Pero Sánchez eligió a Iván Redondo. La presidencia de Correos fue una especie de premio de consolación.

Es lógico, por tanto, que Serrano haga una «gestión política» de su empresa, con gestos como el que ahora comentamos, que, a buen seguro, habrá consultado con la dirección de la SEPI, de la que depende, y con Moncloa.

Recordar lo que dijeron Sánchez y Pablo Iglesias sobre las puertas giratorias y ver lo que está haciendo este Gobierno a ese respecto es toda una lección de realpolitik. Otros lo llamarían «moral de situación» y otros, senciallamente, cara dura.

Si fuera una empresa privada no tendría nada que objetar, ya que son sus accionistas los que deciden adonde se aplican sus fondos

Si Correos fuera una empresa privada yo no tendría nada que objetar. Porque en una empresa privada son sus accionistas los que deciden adonde se aplican sus fondos. En los países anglosajones algunas empresas destinan dinero a financiar partidos políticos o a causas nobles y lo hacen de forma transparente.

Pero, cuando una empresa es pública, debe responder ante los ciudadanos, que somos los que, en última instancia, la financiamos con nuestros impuestos.

Cuando apenas llevaba unos meses al frente de Correos, en diciembre de 2018, Serrano acordó una subida salarial de casi un 9% cuando la compañía sufría fuertes pérdidas. Su sueldo alcanzó la barrera de los 200.000 euros al año.

Últimamente ha sido criticado por los sindicatos por no haber dotado al personal de los equipos de protección necesarios para el reparto del correo. Con esta campaña todo se olvida.

Seguro que los publicitarios estarán encantados. Todo lo que sea que se hable de uno les parece bien.

Pero, por favor, no nos tomen por imbéciles. Lo políticamente correcto no puede ser ni el escudo para ocultar deficiencias, ni la forma de ganar puntos frente a los colectivos que el Gobierno quiere seducir. Por no hablar de la gracia que le habrá hecho al presidente que su ex jefe de Gabinete haya tenido tan brillante idea.