Durante esta semana que está a punto de concluir, entre la hoguera de la crispación política que lejos de amainar va a más, la actualidad nos ha dejado la presentación de un interesantísimo libro: Un ciudadano libre. Su autor es el exlíder y fundador de Ciudadanos, Albert Rivera, y de la lectura de sus apasionantes páginas, que les recomiendo vivamente, se extraen continuas lecciones, no solo acerca de cómo funciona la política en este país sino de puro liderazgo. Y de lo que pretendo que sea hoy el objeto de este artículo: el papel de los líderes que ya no están “al mando” pero cuyo legado sigue marcando la vida y los comportamientos de aquellos a quienes lideraron.

Rivera puede hablar con enorme solvencia de esto porque es un perfecto ejemplo de esa interesantísima figura, tan poco estudiada en mi opinión.

Nuestro protagonista de hoy, Albert Rivera, me confesaba, en los últimos días, que «la vida son instantes y etapas»… y yo también lo creo así. Lo hacía en respuesta a mis preguntas, en mi espacio Café y Parole de Telemadrid, acerca de si podría llegar a plantearse un día su vuelta. La respuesta era tajante: «No». Lo entiendo. Pero lo que el líder no puede, ni podrá evitar nunca, ya lo haya sido en el orden político, empresarial o deportivo -también los hay religiosos, aunque estos lo son de por vida- es que su legado continúe siendo un instrumento útil para vertebrar la vida y las relaciones de la organización al frente de la que permaneció, a veces durante muchos años. 

Es respetable que el liderazgo, entendido como cénit profesional y en cierto modo vital, se ejerza durante un período de tiempo acotado. No ya por el hecho de que, en no pocas ocasiones, algunos estilos, si se convierten en vitalicios, puedan devenir en tiranía -no solo en el ámbito político, también en el empresarial- sino porque el protagonista tiene derecho a pasar página y avanzar hacia el siguiente capítulo del libro de su vida, que suele ser una dedicación más plena a su familia, a sus amigos o simplemente a él mismo.

A vivir en plenitud. Pero… ¿qué ocurre con quienes quedan «huérfanos» del ejemplo diario y cotidiano de sus enseñanzas? Pues que es inevitable que, durante un tiempo al menos, sigan volviendo la vista atrás para bien y continúen poniendo en práctica aquellos modos de «hacer el camino» de la manera en la que aprendieron al lado de quien fue el primero de todos ellos. 

¿Ha de volver un líder?

Creo que ya lo he dejado claro: No. Segundas partes jamás fueron buenas, discúlpenme el tópico. Adolfo Suárez trató de hacerlo, con los catastróficos resultados que aún se recuerdan. “Me quieren, pero no me votan”, repetía el político abulense… ¡claro! Esa es la clave. Cada cosa en la vida tiene su momento, como se ha dicho. El fracaso electoral de Suárez, con aquel CDS que jamás pasó de tener una representación testimonial, no fue obstáculo para que todos los españoles le recuerden como lo que fue: como un gran líder que, durante un período muy corto pero intensísimo, condujo a España desde una dictadura, que acababa de liquidarse con la muerte del dictador, a la democracia.

Albert Rivera es un ejemplo, de talla sobresaliente, de un líder que supo marcharse a tiempo y cuyos valores seguirán impregnando hasta el tuétano a Cs

No es necesario mantenerse demasiado tiempo en la cúspide; JFK permaneció menos de tres años en la Casa Blanca, entre el 20 de enero de 1961 y el 22 de noviembre de 1963, negra fecha del calendario en la que fue asesinado. Pero su legado permanecerá vivo, para siempre, no solo en los corazones de millones de ciudadanos estadounidenses, sino de los de todo el mundo.

Lecciones de liderazgo, de política y de vida como “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país” forman parte ya de un gran acervo colectivo y son diariamente utilizadas en la gestión de los asuntos públicos. Sin ir más lejos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánche,z usó esta frase en una de sus recientes comparecencias. Fue concretamente en la del pasado 6 de abril, en la que anunció la primera prórroga del Estado de Alarma; tan solo cambió la expresión “país” por “los demás”.

¿Cuántos líderes habrán utilizado, en algún momento de sus carreras, aquel maravilloso: “he tenido un sueño”, de Martin Luther King?

El último paso al frente de un líder, en el que se “inmola” para salvar al resto

Albert Rivera es una extraordinaria personificación de cuanto voy desgranando.

Es innegable que su partido, su gran obra, sufrió un batacazo electoral histórico al pasar de 57 diputados, que hicieron soñar en aquel momento a los “naranjas” con el sorpasso al PP, a hundirse en 10. Ese fue el motivo de su salida como se sabe. En muchas ocasiones, los líderes, también demuestran que lo son por su generosidad; porque dan un paso al frente y asumen su responsabilidad -que es la de todos- en primera persona y perpetran su propia “muerte civil”, política o empresarial, para salvar al conjunto.

Enormes colosos de la empresa, como Apple o Inditex, por buscar también referentes españoles, siempre serán grandes gracias a los valores que dejaron sentados sus fundadores

Pero esto no implica que deban renunciar -utilizo el verbo “deber” porque no siempre es de su gusto- a que quienes mantienen vida la organización o el partido se sigan conduciendo conforme a los patrones que les hicieron grandes.

Son necesarios los referentes, naturalmente: ahí tienen bien reciente el ejemplo de Felipe González cuando alertó hace pocos días -no creo que tanto de forma crítica como con la sana voluntad de contribuir a que las cosas no se tuerzan- de determinados comportamientos que pueden ser gravosos para el conjunto del Estado.

Por elevarnos mucho más, Nelson Mandela será durante décadas, por no decir siglos, el gran ejemplo para los sudafricanos. Un gran país, a pesar de sus oscuridades, que gracias a Madiba pudo superar ese horrible pasado de Apartheid”.

Enormes colosos de la empresa, como Apple o Inditex, por buscar también referentes españoles, siempre serán grandes gracias a los valores que dejaron sentados sus fundadores, Steve Jobs, Amancio Ortega… aún mucho tiempo después de que estos se echaran a un lado.

Nadie muere, tampoco en su liderazgo, mientras es recordado

Visión, convicción, resiliencia, fortaleza, asertividad, capacidad de seguir contagiando entusiasmo… sobre todo cuando ya no se está, físicamente, en el puente de mando. Si un líder lo es cuando tiene la virtud de insuflar estos valores cuando está presente, podríamos decir que es doblemente líder si puede hacerlo en ausencia.

No solo eso; si nadie te recuerda es porque has sido incapaz de dejar siquiera una leve huella… y esto es lo peor que puede ocurrirle a quien la causalidad, la casualidad o cualquier otra circunstancia, ha colocado durante un período de tiempo más o menos largo al frente de la nave. ¿Cómo van a olvidar, así pasen generaciones, a Winston Churchill, el hombre gracias a quien reconquistaron su libertad tras la invasión nazi? Y ello a pesar de que, por paradójico que parezca, tras una gran gesta, la mayor de sus biografías, los líderes o se retiran o son retirados. Así le ocurrió al político británico, que tras el final de la Segunda Gran Guerra no fue refrendado en las urnas. Es el precio que han de pagar los mejores; el premio es el de pasar en letras de molde a la posteridad en todos los libros de historia.

Así le ocurrirá, sin duda, a Albert Rivera. Un ejemplo, de talla sobresaliente, de un líder que supo marcharse a tiempo y cuyos valores seguirán impregnando hasta el tuétano a Ciudadanos, el partido que él fundó, que seguirá teniendo un lugar destacado, por derecho, en la vida política española.