El Real Madrid se estrelló el sábado contra el muro de Rafael Giménez ‘Fali’, central del Cádiz y personaje de novela. Casado a los 16 años con una chica de 14, hace cuatro temporadas fichó por el Barcelona B en el mercado de invierno para auxiliar a un filial que era colista en 2ªB y no le ganaba a nadie. Él cuenta que cuando entró en el vestuario se encontró a un grupo de chavales bailando y con la música tronando en los altavoces. Su primera medida fue contundente: «Reventé el radiocasette ese que había». Ya en silencio, se aclaró la garganta y dejó una frase para la historia del fútbol: «Tengo 22 años y dos hijos, al que no corra le rajo».

No se le conocen exabruptos parecidos a Isco, al que sí se le podría atribuir con facilidad otra de las frases míticas del central cadista: «Tengo 26 años pero estoy muy jodido, parece que tengo 35». Pues eso.

La española es la competición europea más conservadora y la más atrapada en sí misma. El talento se ficha cada vez menos y se recicla cada vez más

El estado actual de La Liga lo resume perfectamente que Isco sea titular en el Real Madrid en el año 2020 y Brahim Díaz suplente en el Milán. Excluyo de la ecuación a James Rodríguez, que ahora triunfa en el Everton pero en los últimos años nunca demostró querer hacerlo en el Bernabéu.

La española es la competición europea más conservadora y la más atrapada en sí misma. El talento se ficha cada vez menos y se recicla cada vez más. Los refuerzos estrella de Sevilla y Atlético son descartes del Barcelona, el del Madrid un recuperado de la Real Sociedad y el del Barcelona es Messi malencarado y con 33 años. El Valencia no existe. Los equipos revelación, Granada y Cádiz, pescan en Segunda División o confían en viejos rockeros como Álvaro Negredo. Nuestros jóvenes se van a la Premier, a la Bundesliga o a Italia mientras la selección se va convirtiendo en un combinado de jugadores semiclandestinos para el gran público.

El personaje de la Liga hasta el momento es Nyom, del Getafe, como embajador imperial del otrofútbol. A falta de fútbol. La Liga española también es la más aburrida. Real Madrid y Barcelona han marcado 14 goles en nueve partidos. Entre los dos, suman uno más que el Liverpool o el Chelsea, por separado, en cinco jornadas. Los mismos que el Everton, o que el Atalanta en la Serie A. Tres menos que el Bayern de Múnich en sólo cuatro fechas.

Tampoco es cierto que esto se deba a un aumento de la competitividad o del nivel medio de los equipos. Los grandes de la Premier tropiezan cada jornada, el Bayern ya ha perdido un partido y la Juventus empató este fin de semana contra el Crotone. Generalmente son tropiezos tras partidos eléctricos, emocionantes o directamente memorables, como el 7-2 que le vacunó el Aston Villa al Liverpool hace dos semanas.

Las derrotas de Madrid y Barcelona este fin de semana fueron otra cosa. Dos equipos inanes, impotentes e intrascendentes. Notablemente aburridos de sí mismos. No se trata de ser injustos con Cádiz y Getafe, que plantearon sus partidos de maravilla y merecen crédito por sus éxitos. El humilde siempre retó con táctica y huevos al poderoso, pero nunca se encontró con tanta mediocridad enfrente. Zidane y Koeman hicieron, básicamente, lo mismo que en otros encuentros que han ganado y ganarán por inercia.

Real Madrid y Barcelona están ante un momento crítico. Hace tiempo decidieron que no pueden competir económicamente con los grandes clubes estado, como el Manchester City o el PSG, pero están dejando de hacerlo también con los demás. Otra temporada de ridículo en Europa sería demoledora para el atractivo de la competición como escaparate de futbolistas, mientras en la clase media se agolpan los cero a cero y el sopor generalizado.

En un mundo paralelo, este fin de semana arrancó la Segunda División B con público en las gradas, un hat-trick del mitológico Dioni Villalba y un Deportivo de La Coruña-Salamanca. Miseria sin pretensiones, épica del fútbol de ascenso. Creo que España se argentiniza un poco.