Enhorabuena, señor Casado. Hablar claro, fijar posición, ser contundente con aquello en lo que uno cree son atributos escasamente frecuentes en la política. Si, además, se hace con brillantez oratoria exenta de descalificaciones e insultos y se transmiten con pasión las convicciones, el discurso se convierte en una rara avis parlamentaria como a la que asistimos la pasada semana y que muchos califican como un terremoto político del que el Partido Popular sale consolidado (al igual que su presidente) como verdadero líder de la oposición. Un auténtico tiro por la culata del líder de Vox, que pretendía asaltar esa posición y que a resultas de la claridad y contundencia de Pablo Casado queda noqueado, perplejo y maniatado en la esquina más derecha del ring en que hemos convertido la política.

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