Opinión

Venezuela sin Trump

Trump Twitter guerras

El presidente de EEUU, Donald Trump, en un acto en el jardín de la Casa Blanca. EFE

Como decíamos ayer las predicciones que daban como seguro ganador a Joe Biden si bien estaban agigantadas fueron correctas pero el desenlace no ha sido otro que el Caos. Como si el 2020 no fuera ya complicado, lo que hacía falta era la superpotencia estadounidense presentando esa latinoamericanización de su política, que incluso hace pensar que ese gigante frustrado y a apunto de estallar por la pandemia puede tener como detonante la política.

El tema dará que hablar, pues no se trata de quién ganó o perdió, sino de cómo lo hizo en un país donde dos mitades exactas, tanto en votantes como en estados, se encuentra frustrada y polarizada en extremo. Ya será este un asunto de análisis aparte. Pero los que pueden estar tristes porque Trump perdió o abriendo champañas en Venezuela pueden llevarse una auténtica sorpresa con lo que les puede pasar si Biden es confirmado y si priva el sentido común en los republicanos.

Porque lo más probable es que los regímenes de Cuba y Venezuela terminen en el peor de los mundos. Pero primero repasemos. Trump guste o no fue un fenómeno electoral pues atrajo a las urnas a tantos votantes que el último precedente fue en 1908 y obtuvo tantos votos que superó al mismísimo Obama en su mejor momento, pero quizás allí en la masiva participación se encuentra también la clave de su derrota.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que esta elección fue de Trump contra Trump, perdiendo este último no sólo porque la pandemia le restó su brillo económico, los disturbios exacerbaron a un grupo que votaba poco, el boicot y blackout fue verdaderamente masivo y para colmo de males se enfermó, sino porque Trump no supo dejar de ser Trump en una campaña que necesitaba otra cosa de cara a todo lo que le sucedía en el presente de los estadounidenses.

Nadie podrá decir que Biden brilló precisamente como hombre espectáculo y afirmar que convocó a sus votantes y que lo llevaron en hombros a la Casa Blanca, eso sería mentirnos, pues todo pareció un plebiscito contra Trump mas que una elección, e incluso la campaña del candidato democrático versó sobre más sobre el candidato republicano que sobre Estados Unidos.

Trump no supo dejar de ser Trump en una campaña que necesitaba otra cosa de cara a todo lo que le sucedía en el presente de los estadounidenses

Pero sobre todo lo afectó severamente su propio temperamento, nunca un presidente tuvo tantas posibilidades de pasar a la historia por sus méritos en economía o en política antibelicista, ya que pasará a la historia como el hombre que retiró a casi todas las tropas norteamericanas en el mundo, es el primer presidente que no apretó el gatillo ni una vez o inició un conflicto, ni nada se supo en estos cuatro años de los famosos terroristas del pasado que hoy son más un problema de Europa que de Estados Unidos, tanto como nunca en la historia un presidente mordió a tantos y a sí mismo tantas veces, que terminó llegando a las elecciones con una impopularidad tan grande que lucía contra todo pronóstico que repitiera.

Sin embargo también hay maneras de ganar y los demócratas no llegan a la presidencia de manera sólida pues lo lograron al mejor estilo latino: «votamos porque estamos furiosos con el otro y con la pandemia no porque te apoyamos» y una buena parte de su electorado, especialmente en las ciudades, votó por su hoy y no por su mañana para ver si les dan más, mientras buena parte del electorado republicano lo que espera precisamente es lo contrario, que no les quiten más en plena pandemia.

Fácil lo que se dice fácil no la tienen los demócratas mientras los republicanos quedaron más fuertes que nunca y si certifican a Biden, será de coger palco. Por una parte confirmará al presidente más viejo en una inauguración y a uno que culminará con 81 años, lo que posiblemente significa que solo tendrá un periodo al mando, por lo que su carrera de sucesión comienza desde hoy. Y por otra parte lo certifican en un ambiente polarizado y en ebullición, contra un adversario que no se marchará precisamente a sus cuarteles de invierno, sino que quedará haciendo política como solo él sabe hacerla, comprando una lira e incendiando todo en las redes.

El ganador se lleva al país cerrado en pandemia y su promesa de campaña fue precisamente cerrarlo más y esperar a ver, toda una olla de presión que en teoría necesitaría al bipartidismo en su mejor forma, para enfrentar quizás hasta un posible estallido social del que no dejan de murmurar los expertos. Como dije, lo que le faltaba al 2020, era el espectáculo de un presidente Trump, el hombre más poderoso del mundo, diciendo que unos funcionarios de conteo de votos le robaron. Vaya manera de salir de la presidencia con tamaña irresponsabilidad.

Ganó Biden como estaba previsto y como también dijimos ayer, aguas abajo ya López Obrador está al mando, en Bolivia ganó el Movimiento al Socialismo y en Chile, como en Venezuela muchos años atrás, a la mitad de su gente le importó un bledo cambiar el contrato social establecido en la Constitución y apenas un veinte por ciento de la población estaba en contra de cambiar unas reglas del juego que no deberían cambiar a la ligera y mucho menos cuando una pandemia ha impactado de forma tan determinante la vida de estas generaciones.

Se trata pues de un nuevo cambio en un universo americano que siempre pasa de un extremo al otro

Pero ¿quien ha dicho que las constituciones son para garantizar a nuestros tataranietos y a sus hijos el futuro, cuando pueden ampliar las gratuidades en el presente? Ya será asunto de ellos «lo que importa es el aquí y el ahora» parece haber dicho el 70% de los chilenos. Se trata pues de un nuevo cambio en un universo americano que siempre pasa de un extremo al otro, pero aunque los sectores radicales no les guste, esta «nueva» reedición de la izquierda es todo menos el Foro de Sao Paulo y puede ser también el peor de los mundos para regímenes como el cubano y el venezolano.

Por lo tanto aunque se piense lo contrario, estos regímenes no las tienen todas consigo y de hecho lo que está pasando en Estados Unidos y Latinoamérica, es sin dudas entre todos los males lo peor que les podía ocurrir. Lo que nos lleva a Venezuela partiendo lógicamente de Florida donde los demócratas perdieron de forma importante, Trump movilizó en su favor trescientos cincuenta mil votos más, nada menos que en los condados demócratas de Palm-Beach, Miami-Dade y en Broward que son el epicentro de los cubanos, colombianos y venezolanos.

En otras palabras, esa fue exactamente la diferencia con la que ganó Trump y en especial los demócratas tienen que verse la cara y revisar sus políticas de cara a Cuba, Venezuela y Colombia si quieren retomar el control de ese estado, porque aunque sean cerca de 75 mil votantes venezolanos los registrados, ejercen mucha influencia junto con los 240 mil votantes colombianos y al menos la mitad del millón de cubanos que vienen huyendo del socialismo en sus países de origen. Veamos entonces lo que puede suceder en Venezuela desde una perspectiva objetiva.

Lógicamente la oposición venezolana amanece sumamente consternada por un cambio con el que no contaban, una indefinición que con suerte se superará entre finales de enero y febrero del año que viene, pues en esos primeros cien días se sabrá cuál será la estrategia hacia América Latina con el nombramiento de los embajadores y la continuidad o no de los presupuestos internacionales y la forma en la que se apoyará o no a la actual oposición venezolana, sobre todo de cara al 5 de enero.

El abatimiento opositor es y será aún mayor por la sensación de respiro que les darán los demócratas a estos regímenes con la nueva postura de apertura y al suavizar las sanciones económicas a Cuba y a Venezuela así como ese decaimiento opositor aumentará, no solo porque estos harán su acostumbrada propaganda, sino cuando vean que el Departamento de Estado alineará sus posturas a las de Europa y en especial con España, que a su vez es más que evidente que ha cambiado en los últimos meses de estrategia aunque nombren como «encargado de negocios» a un embajador de la talla de Fernández Trigo. Es decir como el cuento de la mona y la seda, aunque vistan al embajador español como encargado, embajador se queda.

¿Le conviene a Putin seguir jugando a armar desproporcionadamente a Venezuela cuando le pueden hacer lo mismo en sus puertas?

Dicho esto, ahora vamos con las buenas noticias. Lo primero será el impacto en los «socios» del régimen venezolano, comenzando con el inevitable pase de factura de los demócratas a Rusia, culpada de haberle arrebatado el triunfo a Clinton y señalada por Biden como «la mayor amenaza» para los Estados Unidos. Mientras que el Kremlin lo acusó de ser «antiruso». ¿Cómo será ese pase de factura? Lo predecible, mayor presión, mayores alianzas con Europa y por ello mayores posibilidades de negociación con Rusia. ¿Le conviene a Putin seguir jugando a armar desproporcionadamente a Venezuela cuando le pueden hacer lo mismo en sus puertas?. Los tiempos de su alianza secreta y camaradería con Trump llegaron a su fin y serán tiempos de pragmatismo absoluto.

Las aguas se prevé que llegarán a su cauce también con China, que transita un período muy duro y le conviene mucho que Biden cambie la fórmula que ha impactado en su economía duramente, aunque el recelo sea mayor la política y no la economía mercantil, volverá a imperar la política en las relaciones entre los países y con ello al liderazgo chino le conviene no hacer lo propio como competidor «político» en el patio trasero.

Si alguien está celebrando hoy, esos son los iraníes al serles informada la intención de negociar de nuevo el pacto nuclear, retirarles las sanciones que han impactado duramente su economía y abrir su economía. Si algo no les conviene en los próximos doce meses es alterar el precario equilibrio de esas negociaciones y arriesgarse a perderlo todo cuatro años más.

Por lo tanto y aunque no lo parezca, Biden es un duro golpe para el régimen pues tiene un impacto general en el triunvirato de su soporte exterior, no solo porque eliminan el canal secreto entre el chavismo, Rusia y Trump, sino porque chinos e iraníes necesitan desesperadamente de las buenas relaciones con los demócratas y entrarán en una fase ultra pragmática, ya no como socios en lo político, sino como socios en lo mercantil es decir ya la gasolina iraní no será para apoyar a un colega en problemas por las sanciones, sino en igualdad de condiciones sin sanciones.

En Cuba está el epicentro del problema y las razones por las que Biden no son buenas noticias para este país y el régimen venezolano. Cuba llega a Biden como decimos los venezolanos «sobre ladrillos», como un coche desguazado y sin neumáticos. Basta leer sus anuarios para darse cuenta de la situación ya en 2019 y ahora con la pandemia. Biden seguramente reactivará la política de Obama, volverán los embajadores e irá progresivamente eliminando el embargo por la vía de decretos presidenciales, los barcos volverán a zarpar y los turistas estadounidenses llegarán nuevamente a la Isla a partir de mediados del año que viene, junto con los miles de millones de aportes provenientes de Florida.

Si bien el embargo no se eliminará legalmente, porque el Senado se renueva en 2022 y con este senadores como Rubio que saben que la política en Florida funcionó, en la práctica Biden lo dejará como letra muerta y he aquí el problema, Cuba ha utilizado el embargo como excusa de cara al mundo y a su gente, pero la verdad es que necesita mucho más que eso para sobrevivir y entrará en un problema que hasta ahora desconoce, será una nación en igualdad de condiciones con sus pares latinoamericanos.

Con esto quiero decir es que ya no serán los históricos Castro, aplastados por un enemigo común que levantaban suspiros en Europa y América, sino una nación libre de trabas, con unos funcionarios tan grises como jóvenes que no supieron lo que era la Guerra Fría compitiendo en igualdad de condiciones con sus pares centroamericanos y del Caribe. Cuba conocerá por primera vez lo que es ser igual a los demás y descubrirá que ya no son más que competidores por el mercado.

Cuba y Venezuela enfrentarán una verdad despiadada. Que le eliminen las sanciones no significa que tendrán acceso a los mercados financieros y solo podrán atraer inversiones extranjeras como lo hizo China, si abren su economía y su mano de obra ultra barata permite la instalación de grandes industrias para entrar al mercado global y en el caso cubano, al estadounidense.

Descubrirá que ya no vale un apretón de manos con Castro para obtener un cómodo préstamo que termine en risas tras años de no pagarlo, sino que lo harán con los mismos banqueros que el gobierno hondureño o salvadoreño y sobre todo descubrirá que a sus antiguos aliados no les cae bien que no compitan, que los mejores «habanos» ya no se hacen en Cuba, ni tampoco los mejores rones. Tras unos años de ser iguales a los demás, no les quedará otra que reinventarse.

Tanto Venezuela como Cuba dejarán de ser especiales porque los perseguía el Sheriff y ya no levantarán los ánimos de ayuda entre las naciones también perseguidas

Y he aquí precisamente la mala noticia para regímenes como el venezolano, una Venezuela sin sanciones económicas, sin «bloqueo» y sin persecución se convierte en un régimen sin excusas para pagar la deuda, para buscar recursos y para no ser culpado de su presente, pero sobre todo como excusa a la violencia interior. Tanto Venezuela como Cuba dejarán de ser especiales porque los perseguía el Sheriff y ya no levantarán los ánimos de ayuda entre las naciones también perseguidas y que necesitaban estar unidas para enfrentarlo. En otras palabras Cuba y Venezuela solo son importantes por el tamaño de quien los adversa.

Puertas adentro enfrentan el problema de que Trump judicializó la política y Biden se encuentra con unas sanciones individuales muy difíciles de tratar, podría usar la eliminación de sanciones políticas pero estas son pocas, por lo que a ese respecto solo los tribunales pueden decidir las otras y les tocará realinearse y bajar la presión para eliminar las sanciones por violación de derechos humanos. Eso estará por verse, porque sin un cambio de actitud, el régimen estará sin lugar a dudas, en el peor de los mundos, sin excusas y atrapado por la comunidad internacional.

¿Qué ocurrirá con la oposición Venezolana?. Sin duda tendrá que redefinir sus planes y adaptarse a los nuevos cambios en América y lo verá pronto también en la actitud europea. A partir del 5 de enero enfrentarán su segunda gran batalla a nivel mundial que será su reconocimiento como fuerza política legítima, es decir la oposición va a seguir siendo reconocida, pero lo que está en juego es la legitimidad constitucional de su fuerza ante una comunidad internacional que no puede arriesgarse a salirse del derecho internacional.

En otras palabras, es cierto que buena parte de la comunidad internacional no reconocerá las próximas elecciones de la Asamblea Nacional, pero es muy probable que no reconozca tampoco la legitimidad en ninguno de los grupos políticos actuales y que recurren al pragmatismo que se ha practicado toda la vida donde se apuesta y relaciona con quien ostenta el poder y siguiendo el «camino español» que no es otro que renombrar a los embajadores, ante esta realidad a la oposición venezolana sólo le queda una opción en la mesa y es convencer al mundo que son una fuerza real. Para ello deben hacer y ejercer la política.

Si la oposición ha aprendido algo del juego con los Estados Unidos, más allá de esperar por sus lineamientos para actuar, podría tener un mejor aliado en Biden, muy contrario a los que muchos piensan. Pero deben trabajar mucho en cambiar y debe emerger también una nueva manera de hacer política. Amanecerá y veremos.

Comentar ()