La televisión pública se preguntaba este fin de semana si sería «bueno para el fútbol español» que la Real Sociedad gane la Liga. Las encuestas de Estudio Estadio, un programa con casi medio siglo de historia que fue hogar de Matías Prats o Juan Manuel Gozalo, entre otros, hace ya mucho que son un desafío al contribuyente. Hubo un momento en que alguna mente preclara decidió que la manera de dar visibilidad a un programa con una audiencia media del 0,5% era hacer el show en Twitter y generar algo de ruido.

Tras por lo menos tres años, el ensayo ya se puede dar por fallido. La audiencia sigue siendo la misma. Pero ahí sigue nuestro dinero: financiando encuestas ingeniosas y manteniendo formatos que, con todos los derechos sobre el producto del que hablan, son incapaces de competir con programas que analizan la moviola con fotogramas pixelados. El consuelo es que el tema no está entre las diez cosas más indignantes que suceden en Televisión Española a diario.

El verdadero drama sería que esta Liga la compitieran versiones tan raquíticas de Real Madrid y Barcelona como las que ya nos hemos acostumbrado a ver

En fin. Nadie se cuestionó en su momento si sería bueno para el fútbol inglés que el Leicester ganase la Premier League, un campeonato que es más competitivo, millonario y atractivo cada año que pasa. También más clandestino en España, supongo que por suerte para nuestra propia Liga. No hace tanto que el buque insignia del fútbol en TVE eran los goles de Fernando Torres con el Liverpool, contados fantásticamente en La2 por Petón y José Manuel Díaz, quien por cierto salió de la cosa pública espantado, escandalizado y tarifando. Tras su adiós el producto se fue dejando morir, como tantos otros que hoy se consumen en plataformas online tan loables como desconocidas por buena parte de la sociedad.

Actualmente, por darle la vuelta a la situación, la Liga no sería un producto estrella en el Reino Unido ni puesto de tapa con las pintas, si es que siguen existiendo las pintas. Pero eso no es problema de la Real Sociedad, cuyo arranque parece la única candidatura seria a chistarle el título al Atlético de Madrid. Y es muy de agradecer. El verdadero drama sería que esta Liga la compitieran versiones tan raquíticas de Real Madrid y Barcelona como las que ya nos hemos acostumbrado a ver cada fin de semana.

El equipo de Zidane tiene un problema importante de erotismo. Hay pocas cosas excitantes en los partidos del Real Madrid más allá de las provocadas por la propia angustia del resultado. Sergio Ramos de delantero centro, una segada de Casemiro en la frontal del área, un robo en la presión de Fede Valverde o algún pasodoble de Benzema. Y pare usted de contar.

Como el sábado no estaba disponible ninguno, el Madrid se enfrentó al mismo tiempo al Villarreal y a su terrible falta de carisma y autoconfianza. Hazard y Odegaard son jugadores de viento a favor, pero cuando entra de costado son carne de abanico. Los únicos estímulos que podían apreciarse ahí eran los del exterior de Modric y los de Mariano, con su cosa impulsiva, salvaje y novedosa. Cada vez que juega, hace tanto tiempo de la anterior que es lo más parecido que tiene el equipo a un fichaje o a un nuevo amor. Genera runrún en el aficionado, que ya es mucho. Tengo un amigo que sólo me habla cuando publica algo Nerea, de OT 2017, y cuando marca un gol Mariano Nazario. Eso no lo conseguiría cualquiera.

Mariano convive con la efimeridad igual que Rodrygo, al que parece que castigan cada vez que marca un gol. Pero también hay que ser justos con Zidane: los mimbres de la cesta son los que son. Este fin de semana, por primera vez en muchas décadas, Real Madrid y Barcelona no eran los favoritos en sus partidos de Liga para las casas de apuestas. Cómo estará la cosa, y cómo estará Messi, aunque ese tema prefiero aparcarlo de momento. El otro día le deslicé una ligera crítica a la selección española y a las 24 horas le metió seis goles a Alemania como seis reyes de oros.

Así que Leo bien, fantástico, mejor que nunca.