Ni Dios, ni Santo. Solo un hombre. Solo un futbolista extraordinario, único, inimitable. Uno de los números uno, junto a Pelé, Cruyff, Messi, Di Stefano y otros ‘Dioses’ del Olimpo de la esfera mágica del fútbol. Diego Maradona fue el mayor artista del balón de todos los tiempos. El mundo entero llora -y seguirá haciéndolo por mucho tiempo- la pérdida del astro argentino. Los medios de comunicación, tanto prensa como radio y televisiones, desde todos los puntos del orbe, nos recuerdan durante estos días la vida y ‘milagros’, pero también el descenso a los infiernos, de quien ya ha pasado a formar parte del Olimpo de los mitos. Mito porque Maradona superó los límites del talento y de los éxitos. Viniendo del fango y de la pobreza más extrema proyectó esperanza y sueños a generaciones enteras de apasionados del deporte, pero también a todos los que, a nivel universal, buscan esa luz, esa mecha, esa esperanza que solo pocos elegidos pueden dar. 

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